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TIRO CON ARCO

Miseria del ciber puritanismo

Dani Villagrasa Beltrán
martes 12 de junio de 2018, 19:21h
Internet como una gran ciudad, con sus negocios, sus cafés, sus bibliotecas y su miseria, donde la gente se para a charlar sobre la actualidad y crea redes que se tejen y se destejen con la rapidez con que se suceden las generaciones de los insectos. Escribo bajo la influencia de la genial antología de artículos clásicos del periodismo en alemán que publicó Acantilado, ‘La eternidad de un día’, leyendo o, más bien, acompañando a Alexander Döblin en un paseo por las calles adyacentes a la Alexander Platz del Berlín de entreguerras. “Andábame días pasados por esas calles a buscar materiales para mis artículos”, leíamos ayer en Larra -Decíamos ayer…: ese ayer-. Salir a pasear también, desde el estado de ánimo del hikikomori, esos anacoretas posmodernos, por la gigantesca ciudad global que es Internet. El camino sin preocupación suele conducir a sitios interesantes.

Está convencido Juan Manuel de Prada -el otro día se lo contaba a Pablo Iglesias, en una entrevista para el programa 'Otra vuelta de tuerka'- de que en España ha calado el puritanismo propio de las sociedades protestantes. Una falta te condena para siempre. Pienso en ello, y pienso en una pareja que ha vivido un proceso terrorífico de “descenso a los infiernos”, según lo describía Alfredo Pascual en un memorable artículo para El Confidencial. Hijos de los barrios obreros de Barcelona, una pareja de treintañeros -no diré los nombres, hoy que estoy desatado con el name dropping, porque bastante han tenido ya- se vieron convertidos en carne de viralidad en la red tras un vídeo en el que explicaban las bondades de las hipotecas a tipo fijo, muy pasados de rosca. Lo hacían en calidad de analistas financieros para un medio digital. Todo el mundo entendió que estaban drogados. Les despidieron de sus respectivos trabajos. A partir de ahí, se dejaron guiar por los tópicos que repiten los gurús del emprendimiento empresarial: en chino, la palabra crisis también significa oportunidad; hay que salir de la zona de confort; sin dolor no hay ganancia, etc. Abrieron la ‘ventana de oportunidad’ que les había dado su recién estrenado estrellato digital -toda España hablaba de ellos- y emprendieron un hasta ahora magro negocio: intentar monetizar su decadencia con vídeos en los que se humillaban a cambio de -poco- dinero. Los expertos en reputación digital están de acuerdo: son irrecuperables. De cobrar nóminas abultadas han pasado a pensar en dormir en los cajeros. El puritanismo señala y no hay perdón.

Si la Familia Manson representó la cara oscura del hippismo, ellos se han convertido en el negro reverso del sueño del emprendedor digital. Ojalá remonten.
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