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Kroos rescata a Alemania de la pesadilla sueca | 2-1

Kroos rescata a Alemania de la pesadilla sueca | 2-1
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La impotencia germana, que tuvo que remontar, fue solventada por el jugador del Real Madrid. Por Diego García

Alemania competía sin red. Con la presión por las nubes y para sorpresa de todos. Era sólo la segunda jornada del Mundial de Rusia y navegaba con posibilidades reales de quedar eliminada y, por tanto, de sufrir un cataclismo histórico -nunca el balompié germano fue sacado de una cita mundialista a las primeras de cambio-. Jugaba contra Suecia, un equipo que ganó en su debut ante Corea y que si salía vencedora de este envite se colocaría, junto a México, con seis puntos. Una cifra inalcanzable para los pupilos de Joachim Löw. El punto valdría a los escandinavos y a su ilustre oponente, pero la ganadora de Brasil 2014 no podía permitirse otro desempeño pobre.

Por ello, el seleccionador implementó cuatro cambios en su once titular. La lesión de Hummels provocó que la pareja central de Boateng fuera ocupada por Antonio Rüdiger; el crecimiento en la forma de Hector le hizo sustituir en el carril izquierdo a Plattenhardt; y Özil y Khedira se cayeron del planteamiento inicial por méritos propios. Señalados por la crítica, serían suplentes en favor de Sebastian Rudy y Marco Reus. Ante los aztecas sufrieron por falta de equilibrio medular, al no contar con un destructor como ancla del dibujo y esta vez los alemanes forzaron una convulsión promocionada por el hambre de los sobrevenidos titulares.

El seleccionador que eliminó a Italia en la repesca de este campeonato, Andersson Janne, sólo ideó un cambio: entró Lindelof por Pontus Jansson -uno de los tres peones intoxicados este jueves-. Y el trascendental enfrentamiento no demoró en desnudar su esencial choque de estilos: Alemania dispondría del cuero y la iniciativa mientras que Suecia replegaría y abrazaría la verticalidad y el balón parado. Catenaccio amarillo para desesperar a la obligada paciencia del candidato al triunfo final. En cinco minutos Draxler y Hector ya habían engatillado dos zurdazos que rebotó la amalgama de obreros -el tiro del jugador del PSG fue achicado bajo palos-.

Salieron los teutones con un diapasón superior al que ejecutaron ante México. Tanto en la construcción en estático como en la movilidad sin pelota, los urgidos activaron un vendaval en el que Müller, Draxler, Reus, Werner, Kroos (liberado del marcaje especial dictado por Osorio), Hector y Kimmich volaban para trazar diagonales y combinaciones fulgurantes que tambaleaban a la capacidad de resistencia sueca. Eso sí, los escandinavos eran conocedores de la obligación de capear este pronosticable incendio en el prólogo para ir ganando oxígeno con el paso del minutaje. Tratarían de salir del encierro pasado el décimo minuto, racheando el adelantamieto de líneas y Neuer salvó a los suyos en el decontexualizado mano a mano ante Berg -propiciado por un error de Rüdiger en la salida de juego-.

Dicho aviso apocó el monopolio decretado por Löw. Si los candidatos a la gloria tardaban más de lo exigido en soltar el cuero lo perderían y se abocaban al precipicio del contragolpe ajeno. El refresco de ese riesgo restó vehemencia al movimiento punzante global alemán Boateng taparía un derechazo de Berg, en la salida de una falta lateral -minuto 18- y Rudi respondió con un intento desviado y desde larga distancia en ese intervalo de dudas. Y pasado el minuto 20 el esquema de Janne anestesió las sensaciones. La concatenación de centros laterales estaba siendo bien neutralizada por las torres amarillas.

El desplome del ritmo impuesto por la red de ayudas suecas rimaría con el golpe sufrido por Rudi que le partió la nariz. La primera posesión larga de los presuntos segundones acontecería en el minuto 29, con resultado de córner repelido por la retaguardia de una Alemania deconcertada. Se atravesó la media hora y el escenario se nublaba para un seleccionador germano que no quiso cambiar a su maltrecha boya: Rudi fue atendido y durante cinco minutos su equipo jugó con uno menos, perdiendo cualquier ápice de momentum. Finalmente incluyó a Gundogan, redundando en la apuesta por el talento y el vacío del equilibrio.

Y en el 33 se confirmaron las sospechas. Toni Kroos cometió un error grosero que regaló a Suecia un relámpago traducido en asistencia por Claesson y en gol por Toivonen. El delantero controló entre el madridista y Rüdiger, y dibujó una deliciosa vaselina que superó a Neuer. La soga se apretaba en torno al cuello del gigante, que gozaba del 70% de la posesión sin crear peligro y, lo que es peor, concediendo llegadas. Su mentalidad iba a ser examinada como nunca en este lustro. Se habían asomado al abismo.

Las imprecisiones posteriores al golpe encajado, con síntomas de bloqueo, revelaron que la tarea no iba a resultar sencilla, pues se enfrentaban a una de las defensas más físicas y coordinadas del Viejo Continente. De repente se descubrieron con la emergencia de empatar antes del descanso. Y un chut de Gündogan que fue desviado complicaría a un Olsen soberbio -minuto 40-. El portero salvaría esa y la siguiente, a remate de Müller. Sin embargo, la estrategia sueca de permitir los centros laterales les conduciría a ganar el intermedio con ventaja en el marcador. Y Claesson y Berg dispusieron del 0-2 (en la enésima contra y en una acción de pizarra). Hector y Neuer aparecieron, in extremis, para bajar el telón del abrasivo primer acto.

La relación de tiros entre palos era de 1-3 favorable a los amarillos y el criticado Löw no esperó e inyectó los centímetros de Mario Gómez para ganar esa batalla aérea en la que se habían obcecado sin éxito (el transparente Draxler se quedó en el camarín). La contrarreloj de 45 minutos arrancó con una inercia calcada: tempo pausado, balon alemán y atrincheramiento escandinavo. Y amontonamiento de envíos laterales y parabólicos. Pero ocurrió que en el 48 Marco Reus cazó el 1-1 tras el desborde y centro raso de Werner. Un rodillazo certero del jugador del Borussia Dortmund multiplicó la convicción en el asedio prolongado de sus compañeros.

Ahora era Suecia la que debía remarcar su competitividad. La espita se abrió y los remates se acumularon. Müller cabeceó cerca del poste una falta lanzada por Kroos -minuto 51-, Hector cruzaría un zurdazo que atrapó Olsen -minuto 57, en otro pase rasante de Werner-, Reus no remató de milagro el punzón bajo propuslado por Kimmich -minuto 61-, Kroos estrelló en Lindelof su lanzamiento desde la frontal -minuto 64- y Mario Gómez mandó a las nubes, sin marca, un balón que cayó en el área pequeña -minuto 67-. El escuadrón que se aferraba al empate sufría un bajón de resuello que les cercenó la argucia del contragolpe, quedando a expensas del desatino rival.

Kroos, Hector, Kimmich y Boateng jugaban en tres cuartos de cancha, como distribuidores plácidos de la asociación perpetua que erosionaba a los suecos con Werner como puñal toda vez que se pegó a la cal zurda. A falta de un cuarto de hora para la conclusión los dos conjuntos se entregaron a la agonía, cada uno dentro de su pentagrama. Janne colocó en escena a Durmaz por el vaciado Calesson: su función sería ayudar a taponar el avance por el perfil del delantero del Leipzig y, en ataque, lanzarse como referencia de las soñadas transiciones. Forsberg, en el 76, inauguró la producción ofensiva de su equipo en la reanudación con una volea desde el pico del área que despertó a Neuer.

La recta postrera evidenció el cansancio generalizado. Toivonen -excelente como desahogo y en su tanto- dejaría su escaño a otro delantero, el babazorro Guidetti. Suecia no profundizaba en el repliegue, por tanto. Y Werner angularía demasiado su oportunidad, a centro de Müller -minuto 81-. Pero Boateng se dejó ir y se granjeó la roja (segunda amarilla) en una acción ciertamente controlada-. Pateó a Berg -suplido por Thelin, otro punta- en el 83 y generó una falta lateral que Neuer salvó tras resbalarse. El devenir daba otro volantazo y los escandinavos adelantaban líneas, ambiciosos. Brandt sería de la partida, como revulsivo (Alemania acabó con dos defensas), y Gómez volvería a perdonar (centro de Kroos y parada de reflejos de Olsen, en el minuto 89). Finalmente, el recién entrado desencadenó un zurdazo al poste -minuto 92- y el coloso salió a flote con un cañonazo de Kroos. El mediocentro se reivindicó como estrella anotando en la última jugada y desenterrando a su selección, herida pero con su ancestral tenacidaz por bandera. Los amarillos no llegaron a la orilla y pueden quedar fuera tras este imborrable fogonazo de clase.

- Ficha técnica:

2. Alemania: Manuel Neuer; Joshua Kimmich, Jerome Boateng, Antonio Rüdiger, Jonas Hector (m.87, Julian Brand); Sebastian Rudy (m.31, Ilkay Guendogan), Toni Kroos; Thomas Müller, Julian Draxler (m.46, Mario Gómez), Marco Reus; y Timo Werner.

Seleccionador: Joachim Löw.

1. Suecia: Robin Olsen; Mikael Lustig, Víctor Lindelof, Andreas Granqvist, Ludwin Augustinson; Sebastian Larsson, Albin Ekdal, Viktor Claesson (m.74, Jimmy Durmaz), Emil Forsberg; Marcus Berg (m.90, Isaac Thelin) y Ola Toivonen (m.78. John Guidetti).

Seleccionador: Janne Andersson.

Goles: 0-1, m.32: Toivonen. 1-1, m.48: Reus. 2-1, m.96: Kross.

Árbitro: Szymon Marciniak (POL) expulsó por doble amonestación a Boateng (m.82). Y mostró cartulina amarilla a Ekdal.

Incidencias: partido de la segunda jornada del Grupo F jugado en el estadio olímpico Fisht, en Sochi ante 44.287 aficionados.