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TRIBUNA

Nacionalismos chauvinistas

lunes 02 de julio de 2018, 20:15h

El chauvinismo es una creencia o actitud según la cual lo mejor es aquello del país o de la región que provenimos con exaltación de las propias virtudes frente al resto del mundo. Si a ello añadimos la definición de nacionalismo, como doctrina y movimiento políticos que reivindican el derecho de una nacionalidad a la reafirmación de su propia personalidad mediante la autodeterminación política, tenemos un combinado que nos recuerdan ciertos hechos históricos que llevaron al peligroso trance del enfrentamiento entre distintas regiones, naciones y estados que han conducido a los mayores desastres para la humanidad.

De ello me han venido a la memoria ciertas actitudes chovinistas de algunos políticos nacionalistas, leyendo los comentarios de Jean Jacques Chevallier del libro de Hitler Mein Kampf, en su obra “los grandes textos políticos. Desde Maquiavelo a nuestros días”, que no he podido menos de comparar con los principios que propugnaba el dictador alemán. Así dice dicho autor, refiriéndose a los fundamentos de Hitler para el futuro de Alemania, los siguientes argumentos:

La unidad germánica reposa en la comunidad de sangre: la raza aria. La grandeza de la raza aria será garantizada por la espada victoriosa de un pueblo que pone el mundo entero al servicio de una civilización superior. Hay una especie superior de la humanidad: la raza aria. Ella es la depositaria del desarrollo de la civilización humana. Así que el papel del más fuerte es dominar al más débil y no fundirse con él, pues cuando el ario ha mezclado su sangre con la de pueblos inferiores, el resultado de este mestizaje ha sido la ruina del pueblo civilizador. La cuestión de la pureza de la sangre y la raza es la clave de la civilización humana.

El mestizaje debe quedar abolido, pues la adulteración continua de la raza llega a crear monstruos que ocupan el término medio entre el hombre y el mono. El Estado racista debe velar porque su sangre permanezca pura. Así se obtendrá el bien supremo: una raza surgida, según todas las reglas del eugenismo, de la fecundidad consciente y sistemáticamente favorecida, de los elementos más robustos del pueblo. Se obtendrá al fin una raza humana pura con pedigrí, lo mismo que se hace con las especies “caninas, equinas y felinas”.

Los medios para conseguir la raza superior aria y el nuevo Estado racista son: La propaganda dirigida a las masas para exaltar a la multitud, no tanto en su cerebro como en sus sentimientos de sangre (el espíritu del pueblo) y la educación de los individuos, en especial de los jóvenes, en tales fines de conseguir la pura raza: Los jóvenes alemanes serán un día los arquitectos de un nuevo Estado racista. Nos dirigimos, ante todo, al poderoso ejército de nuestra juventud alemana, pues lo que el Reich necesitará son combatientes, no intelectuales. La idea madre que debe implantarse en los cerebros jóvenes es la de la raza. En esta educación, todo será organizado sistemáticamente para que el joven sea, al abandonar la escuela, “un alemán integral”, convencido de su superioridad absoluta sobre los demás, con un común orgullo inquebrantable e invencible para siempre. Al joven disciplinado se le entregará un diploma de ciudadano ejemplar del Reich, que será el documento más importante para toda su existencia y constituirá un lazo que una a todos los miembros de la comunidad, donde no prevalecerá la mayoría sino el jefe superior que destaque en ella. Lo importante no es la democracia sino el Jefe que dirige al pueblo (el Führer).

Todo ello acompañado de los símbolos que reflejaban el espíritu del pueblo (ein volk) mediante la cruz gamada y los estandartes del nacionalismo germano, cuyas ideas venían reflejadas en el libro Mein Kampf de Hitler, que se convirtió en el libro de cabecera de todos los hogares, como regalo oficial a los matrimonios en el día de su boda y como la nueva biblia nacionalista de todo ciudadano alemán.

En resumen, la obra de Hitler contenía sus ideas de pangermanismo, racismo y antisemitismo que luego se llevaron a la práctica, una vez que llegó a ser el Canciller imperial de Alemania, con los resultados criminales de todos conocidos.

No quiero ser pesimista con respecto al futuro de los nacionalismos que se están incubando en España desde ciertas autonomías; pero, de los anteriores párrafos, cambien la palabra germano, ario o alemán, por las de tales regiones o autonomías, que no importa mencionar porque todo el mundo lo sabe y lo ve cada día en los medios de comunicación, y déjense luego llevar por la imaginación de las directivas del correspondiente líder, jefe, o presidente de las mismas (en lugar del Führer), así como de los libros escritos o comentarios emitidos por tales dirigentes políticos nacionalistas e independentistas, relativos al ensalzamiento de la raza autóctona de tales autonomías -para ellos, nacionalidades- (en lugar del Mein kampf), así como la retahíla de símbolos nacionalistas (en lugar de la cruz gamada) y demás programas de la educación nacionalista autonómica en la enseñanza de los jóvenes para embaucar su cerebro en los más altos sentimientos chovinistas de autodeterminación.

En la Alemania nazi, los comercios de los judíos fueron violentados y pintarrajeados con la estrella de David para su marginación del resto de ciudadanos nacionales, a fin de no caer en el mestizaje de la raza pura; los que tuvieron suerte pudieron salir y trasladar sus negocios a otro Estado. En algunas autonomías de España, donde prevalece el criterio absolutista de los nacionalistas, muchas empresas ya han trasladado su sede a otra región por falta de seguridad, pues ya empiezan igualmente a pintarrajear con sus símbolos totalitarios y apedrear las fachadas de los comercios de quienes no siguen los criterios de los extremistas nacionalistas. Háganse ahora la pregunta sobre las posibles diferencias o afinidades de lo ocurrido en la Alemania de Hitler y lo que está ocurriendo en tales autonomías con predisposición nacionalista e independentista. ¿Es que no aprenderemos nunca de las lecciones de la Historia? Termino con una frase del referido autor Chevallier: “el determinismo salvaje de la raza es la flor suprema envenenada del nacionalismo”.

Juan Cardona Torres, Doctor en Derecho

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