www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

AL PASO

Intelectuales y política: el caso Macron

martes 17 de julio de 2018, 20:02h

Asisto a un coloquio organizado por Aspen, de la mano de Javier Solana y José María de Areilza, sobre la vocación política, a cargo de jóvenes líderes de diferentes partidos, que tratan de calibrar el atractivo en la sociedad de nuestro tiempo de la dedicación política. Casi imperceptiblemente se cuestiona la relación entre el intelectual y la política. Mientras se razona sobre el particular, mostrando la conveniencia del conocimiento para una actuación pública provechosa, pues mal se puede operar sobre la realidad sin conocerla en su dimensión verdadera; y se señala la necesidad de un plus del político sobre el científico, se hable de la intuición para encontrar la oportunidad o del coraje para vencer la resistencia de la realidad instalada a la transformación, pienso en diferentes ejemplos en los que la tensión entre ambas dedicaciones ha quedado manifiesta.

Lo primero que viene a la cabeza es el nombre de Hannah Arendt que veía en la política el estadio superior de la acción humana, traspasando momentos anteriores en los que el hombre pugna por sobrevivir o se queda en la mera socialidad. Vivir la política es participar, intervenir en la discusión pública, en la que se tiene oportunidad para el brillo y el reconocimiento y, a la vez, de contribuir al progreso de la ciudad determinado lo que ha de hacerse. La participación se produce de ordinario a través de las instituciones, esto es, el gerere, pero sobre todo tiene lugar en la actuación constituyente, o agere, que es una oportunidad en principio exclusiva de la generación fundadora, pero abierta a las demás, a las que vengan luego, en cuanto participen de su espíritu, ligándose a la tradición y cultura de la revolución.

Manuel Azaña es quien ilustra de modo más claro las oportunidades del intelectual en la política. No hay, creo, ningún duda sobre el propósito de Azaña de reformar España y hacerlo según un plan reflexivo de regeneración y patriotismo. La actuación del programa de Azaña se entiende como una movilización democrática que operaba a través de la capacidad de convicción de la palabra. La política es una obra de creación, pues propone un plan de actuación transformadora inmediata, capaz de concitar el entusiasmo colectivo, suscitado por la fuerza imparable de la palabra. El agente transformador que está llamado a remover el atraso y la incultura española es el Estado, que puede pensarse como mecanismo de superación de las rémoras sociales, como dinamizador, o diríamos utilizando las palabras de Manuel Aragón hablando precisamente de Azaña, agente de la “modernización”. Azaña plantea un liberalismo “perfeccionista” o interventor (Ruiz Soroa), que atribuye al Estado en relación con la sociedad no una actitud de prudencia y consideración, sino un compromiso de intervención tanto en los aspectos que podríamos llamar estructurales de la comunidad, como en los morales o propiamente espirituales de los ciudadanos.

Pero en Manuel Azaña el intelectual no solo es convocado a diseñar el plan reconstructor sino a efectuar la movilización democrática que lo respalda y lo impone, como ha subrayado impecablemente Santos Juliá. La oratoria es el arte de bien decir o explicar, en cuanto uso público de la razón; pero sobre todo es la capacidad de emocionar o movilizar. Esto lo consigue Azaña induciendo el patriotismo, la emoción de sentirse español, al enlazar la transformación social y política deseada con la vinculación cordial y espiritual, esto es, con el devenir histórico de la patria, cuyas corrientes profundas y verdaderas solo puede mostrar un intelectual.

Cierto que el encaje del intelectual y el político no puede ser perfecto. Hay una propensión al esprit de système, a la conclusión totalizadora o la abstracción que puede ser fatal para la política y a la que tiende tal vez el intelectual. Kedourie hablaba de la política ideológica para referirse a esta inclinación constructora, sin límites, de los profetas armados o de los pensadores de salón. Este autor prefería la idea constitucional de la política que trata de acordar lo que conviene a la comunidad teniendo en cuenta los intereses razonables de todos, partiendo de los datos que ofrece la realidad o el modo de ser de la sociedad.

Steiner ha aludido a cierta ineptitud del intelectual para la vida política. Al menos para asumir la inevitabilidad del momento de la decisión, en el que hay que aceptar el riesgo de la equivocación, o el peligro del abismo. Steiner lamenta, a preguntas de la periodista que conversa con él, no haber sido un creador, sino solo, dice, un estudioso o transmisor de cultura y no se ha sentido con fuerzas para afrontar, como ha de hacer eventualmente el político, una decisión imprevisible e irreversible. No ha experimentado la ebriedad de lo absoluto: se ha parado ante la invitación al salto y no se ha atrevido a vivir la plenitud, a arriesgarlo todo.

Veo que esta problemática es la que subyace en el comentario que hace Henri Astier sobre tres libros acerca de la posición filosófica de Macron, en el último número, en parte dedicado a Francia, de la revista Times Literary Supplement. Primera afirmación de interés: los franceses se toman la filosofía en serio. Y así, “ la relación entre las políticas de Enmanuel Macron y su formación filosófica es una cuestión de profundo interés público”. Alguna vez he anotado en este Cuaderno la profunda impresión que me hizo el leer a Jean Daniel (en Los Míos) que el presidente Miterrand tenía tiempo de discutir con él sobre Lamartine o Gide. También me parece valerosa la imagen de Macron discutiendo en términos deferentes pero activos con Habermas sobre el futuro político de Europa, justo antes de su presentación a las elecciones presidenciales.

En la reseña de Astier en el TLS de este 13 de Julio se señala el papel de mentor e inspirador de Macron del filósofo Paul Ricoeur. Es interesante el testimonio sobre la solidez de la relación ( Macron ayudó a Ricoeur a escribir su ultimo libro importante (Memoria, Historia, Olvido, 2004) y la asignación de un papel hasta cierto punto heterodoxo que tal trato habría ejercido sobre Macron. Paul Recoeur pudo traspasar a Macron su rechazo de las utopías políticas y la conveniencia de aceptar soluciones imperfectas, tratándose como era el caso de un autor hasta cierto punto contracorriente, pues el hermeneuta husserliano nunca abrazó las modas intelectuales de posguerra, tales como el existencialismo, el marxismo, el estructuralismo u otros cenáculos de sistema, como suele ocurrir en Francia. Quizás por eso, dice Astier, Macron no ingresó en la tribu socialista. No deja de llamar la atención que los discursos de Macron estén sazonados con referencias más o menos explícitas a teóricos liberales tales como John Rawls, Ronald Dworkin, Michael Walzer y Amartya Sen. Resulta curioso en cualquier caso su atrevimiento de presumir de familiaridad con la obra de Joseph Schumpeter.

Por mucho que se acepte que hay algo de pose en el intelectualismo de Macron, me parecen agudas dos observaciones de Astier. La primera, se refiere a la cobertura ideológica de Macron, denotando que se ha producido un cambio en la cultura política francesa innegable. Aunque algunos lo presenten como la muerte del intelectual francés, lo cierto es que se han disipado las utopías radicales, de modo que Macron sería la correspondencia política al viraje espiritual francés hacia el centro. Pero, y esta sería una precisión última, hay que ver si este centro político resiste ya el asalto contra los valores de la Ilustración, que Macron sin duda asume, provenientes de los conservadores de “la sangre y la tierra” franceses.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (6)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.