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TRIBUNA

Política y cultura

sábado 21 de julio de 2018, 19:21h

Escudriñando en los anaqueles de mi bilioteca encontré un libro, recibido en herencia de mi difunto padre, que cuidadosamente tomé en mis manos y lo abrí pensando en las veces que él también lo habría hecho, pues se trata de un libro que tendría seguramente siempre a mano por ser un diccionario de su época estudiantil, editado en el año 1934. Es un diccionario enciclopédico ilustrado de la lengua española, que fue publicado bajo la dirección de Don José Alemany Bofuler, de la Academia Española (entonces sin el calificativo de Real Academia, por ser en la época de la II República española). Aparte de su excelente edición con 80.000 artículos (palabras), 1.300 grabados, 600 retratos y mapas, etc., como tiene que ser un diccionario ilustrado; me ha llamado la atención el contenido de unas páginas dedicadas a las banderas que ondeaban entonces en los respectivos países de aquellos tiempos confusos.

Al contemplar algunas de esas banderas impresas en las páginas de ese diccionario, me ha venido a la mente la fatalidad de las políticas que perseguían entonces ciertos dirigentes, convertidas ya en agua de borrajas con el transcurso del dios Cronos. Allí estaba la bandera con la cruz esvástica del partido nacionalsocialista alemán y la bandera con la hoz y el martillo en pleno régimen comunista de Stalin, y alguna otra más que anunciaban los próximos desastres con millones de muertos en la guerra civil de España y la Segunda Guerra Mundial, posteriores a la edición de dicho diccionario ilustrado de la lengua española.

Tras tan funestas premoniciones contenidas en ese libro, que guardo en memoria de mis antepasados y de todo lo que tuvieron que sufrir por tan tristes y desgraciados resultados de las políticas de aquella época, tan sólo queda en vigor lo relativo a la cultura que en sí contienen sus palabras, igualmente ciertas todavía en sus definiciones y conceptos; pero, ya no por lo que respecta a los símbolos fascistas y comunistas de aquellas banderas que allí quedaron impresas en testimonio y recuerdo de unas políticas temporales, inútiles y nefastas por los resultados habidos y conocidos por todos, puesto que, en lugar de la convivencia de los pueblos en paz y libertad, sólo trajeron destrucción y muerte, odios y venganzas.

Corolario: Diálogo, sí; pero también sentido común para lograr la paz que todos deseamos en nuestro entorno más cercano y en el mundo entero. Les deseo a los gobernantes mucho empeño y energía para conseguir llevarnos a buen puerto. Por la parte que a todos nos atañe, seamos cautos y cultos; pues, la política pasa y la cultura permanece. Pero, una cultura sin paz de poco nos va a servir.

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