www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Derechos universales en España

domingo 29 de julio de 2018, 19:37h

España se ha convertido en el centro de la prédica de los derechos universales, o sea, en la añagaza para muchos inocentes que escuchan el señuelo que, mediante ciertas políticas seudoprogresistas, van lanzando algunos con altavoz a todos los puntos cardinales del planeta desde donde acuden miles de personas a las costas del Mediterráneo en pateras, sin medios personales ni materiales suficientes para ser acogidos debidamente. Así lo ha comunicado, a través de una emisora nacional de radio y de la TV, el alcalde de una ciudad de Andalucía indicando que llegaban centenares de menores y miles de adultos a sus costas que no pueden ser atendidos consecuentemente, pues sólo, para poder ser identificados, hay un policía por cada veinte inmigrantes; por lo que solicitaba con urgencia a la Administración Central que envíe más personal y medios para poder atender tal desmadre de personas que llegan diariamente y que son acogidas durante las veinticuatro horas por personal de la Cruz Roja, Policía y Guardia Civil, así como por voluntarios, de forma ininterrumpida sin descanso alguno. A ello, se han añadido las invasiones violentas de subsaharianos en la ciudad de Ceuta, con agentes de la Guardia Civil heridos, tras saltar las vallas de la frontera de España.

Efectivamente, lo políticamente correcto es anunciar, mediante mensajes a través de twitter desde el Palacio presidencial y los respectivos Ministerios, la aplicación de los denominados derechos universales para todo el mundo: sanidad universal y educación gratis; vivienda y asistencia social; subsidios y sueldos de subsistencia para todos; así como abogado de oficio y justicia gratuita, etc., dando rienda suelta a toda política populista sin poder cumplirse luego en la realidad. Todo ello es algo que viste mucho socialmente y digno de las políticas del buen samaritano, pero a cargo del presupuesto público, o sea, de nuestros impuestos; siendo a todas luces insuficientes ni siquiera para las necesidades de los propios ciudadanos españoles -como todos saben de sobra-.

A todo ello, ya sólo nos faltaba que el nuevo Gobierno de Pedro Sánchez sacara de nuevo a relucir el tema del principio de la Justicia universal, para ser aplicado desde y por los tribunales españoles con carácter general, metiéndonos otra vez en camisa de once varas en asuntos como los del Tibet, Guantánamo o Pinochet, entre otros, a los que tuvo que renunciar Zapatero con la restricción de la aplicación del principio de Justicia universal mediante la reforma del artículo 23 de la Ley Orgánica del Poder Judicial en 2009, por graves problemas diplomáticos, tras entrometerse en asuntos internacionales de otros Estados; reforma, luego reafirmada y restringida todavía más por el Gobierno del PP en 2014.

España no puede convertirse, por sí sola, en juez universal ni salvador de los derechos humanos, que algunos políticos han calificado de universales para todos los habitantes del planeta, con los medios irrisorios de nuestro presupuesto público nacional. Ya nos bastan nuestros problemas internos, para que surjan ahora ciertos “quijotes” que vean gigantes en lugar de molinos a nivel universal o, peor aún, que nos hagan dirigir intencionalmente la vista hacia otros problemas en lugar de solucionar primero los nuestros.

¿Para qué sirven los organismos internacionales como la ONU, la UNESCO, la FAO, la UNICEF, el FIM, y, en especial, la Unión Europea con infinidad de órganos y personal que mantenemos con nuestros impuestos? Los derechos universales y el hambre en el mundo no se solucionan con simples declaraciones de buena voluntad, ni de forma unilateral con promesas falsas de ciertos ilusos. Los milagros sólo pueden realizarse por quien o quienes verdaderamente tengan los medios para ello; y, de momento, sólo me consta que el agua se convirtió en vino para algunos invitados en las bodas de Caná. Aquí los milagros se sacan de nuestros impuestos y no creo que estos den para tantas promesas, como abogan algunos insensatos, ni siquiera marcando la cruz en el Impuesto de la Renta.

Cierto es, de todas formas, que no cabe bajar la guardia y doy toda la razón a los que se quejaban, no ha mucho, de que resulta una vergüenza universal que el hombre haya pisado ya la luna, mientras en nuestro mundo todavía hay millones de seres humanos que se mueren de hambre. Lo mismo cabe decir con respecto a los millones de muertos y desplazados de sus países por causa de las guerras donde se gastan a tutiplén billones de dólares en armamento para el enriquecimiento de unos pocos desalmados. ¡A ver, pues, quién puede cambiar todo ese desaguisado y consigue el milagro! El que lo consiga no se merece tan sólo el Nobel de la paz sino, ciertamente, que le suban a los altares.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)

+
0 comentarios