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TRIBUNA

Bienvenida al nuevo presidente de México con el más puro estilo nacional

Diana Plaza Martín
domingo 12 de agosto de 2018, 19:52h

El pasado miércoles 8 de agosto la autoridad electoral competente se preparaba para entregar al presidente electo de México la constancia de mayoría, esto es, el certificado oficial de que ha ganado las elecciones. El día anterior, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) inauguraba en la frontera norte del país el primer foro para la Pacificación y la Reconciliación Nacional bajo el controversial lema “Perdón sí, olvido no”. Ambos eventos eran la portada de todos los medios nacionales sin saber que, a la 1:45 de la madrugada, se iba a producir un acontecimiento que, de no existir el mundo digital, hubiera llevado a gritar el ya extinto ¡Paren las rotativas!.

La maestra Elba Esther Gordillo, líder de la organización sindical mas grande de América Latina, quedaba libre tras cinco años de arresto al considerarse que las pruebas presentadas por los delitos de desvío de fondos públicos y delincuencia organizada no acreditaban su responsabilidad. Las rotativas no se pararon porque los periódicos pueden cambiar su portada digital, pero la noticia lo hubiera ameritado; la maestra es considerada uno de los personajes más influyentes de los últimos veinte años de la política nacional al controlar desde su liderazgo a más de 1.6 millones de maestros a través de su afiliación “obligatoria” al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Dicho control significa, entre otras cosas, que tiene la fuerza de definir elecciones a nivel local a través del voto corporativo.

Pero para entender el revuelo producido en México por esta excarcelación, debemos irnos un poco más atrás y explicar dos concepto de cultura política nacional, a saber, “charrismo sindical” y “quinazo”.

Comenzaremos por el más vetusto. “Charrismo sindical” es el apelativo utilizado para denominar a la forma de corporativismo político con la que los trabajadores son controlados a través de sus estructuras sindicales y líderes en favor de las autoridades gubernamentales y las empresas. Su nombre proviene del apodo de un dirigente sindical, Jesús Díaz de León, “El Charro”, quién en 1948 tomó por la fuerza con la ayuda de la policía y guarda presidencial al sindicato de ferrocarrileros en huelga. Desde ese momento, al tradicional funcionamiento corporativista de la política mexicana se le sumaba el autoritarismo gubernamental como ingrediente fijo para la resolución de conflictos, y se convertía a los líderes sindicales en piezas claves para el control de los trabajadores a través de otorgar a éstos favores políticos e impunidad para utilizar en beneficio propio los recursos obtenidos de las cuotas sindicales. Elba Esther Gordillo era la líder sindical charra con más poder en el país hasta el momento de su detención.

En segundo lugar, es pertinente mencionar el golpe de efecto conocido como “quinazo”. Nuevamente, el denominativo proviene del apodo de un líder sindical, Joaquín Hernández Galicias,“La Quina”, dirigente del Sindicato de Trabajadores de Petróleos de la República Mexicana, esto es, de la empresa de la cual el Estado mexicano obtenía una gran parte de sus recursos. El reinado de “La Quina” duraría casi treinta años, hasta que el presidente electo en 1988, Carlos Salinas de Gortari, ordenara su detención. Al parecer, “La Quina” se había olvidado de esa famosa frase del que fuera vicepresidente del gobierno español, Alfonso Guerra, importada a México por el líder de líderes (charros), Fidel Velázquez: “El que se mueva no sale en la foto”. De este modo, por “quinazo” se conoce al golpe de mano dado para demostrar quién manda y, también, al efecto político buscado al tomar posesión del cargo con el que transmitir a la ciudadania que durante su mandato “el que la hace la paga”.

Elba Esther Gordillo fue detenida al inicio del sexenio de Enrique Peña Nieto en un acto denominado como “quinazo”. Es decir, de forma política y no judicial, bajo el supuesto de que ésta iba a torpedear la reforma educativa, la cual se consideraba una de las cartas fuertes del programa de gobierno, pero también para dar pátina al inicio del mandato. Su liberación el mismo día en el que AMLO recibe la constancia de presidente electo no puede ser casualidad. La misma perjudica tanto al presidente saliente, al demostrarse que la legalidad no tuvo mucho que ver en la detención estrella de su mandato, como al entrante, ya que se siembran la duda sobre la intención del ejecutivo de juzgar a todos aquellos que se sabe que han cometido actos ilícitos al amparo de los diferentes órdenes de gobierno. No obstante, especulaciones aparte, lo que éste hecho nos muestra es que la separación de poderes, particularmente la del ejecutivo y el judicial, es una asignatura pendiente, que los poderes fácticos están lejos de desterrarse y la que nadie menciona, que los trabajadores seguirán siendo víctimas de una estructura montada y orquestada para que continúen, en el mejor de los casos, bajo el paraguas de organizaciones sindicales verticales, autoritarias y de escasa trasparencia a las que deben rendir obediencia para gozar del “privilegio” de trabajar y, en el peor, navegando en los caprichos de la oferta y la demanda bajo los criterios de un salario mínimo irrisorio (124 euros/mes), inexistencia de seguro de desempleo y formas legales de contratación sin derecho a seguridad social ni pensión.

La maestra está en casa y las preguntas que se hacen la gran mayoría de influencers son si tendrá la fuerza y la salud suficiente para retornar su cargo, si AMLO permitirá que esto suceda, o, incluso, si facilitará que la lideresa recupere su trono. Creo que las preguntas no deberían ser esas, sino más bien cuestionarnos por qué en la actualidad se mantienen incólumes estructuras forjadas hace casi un siglo que claramente dañan la salud democrática de la nación y que permiten que en la vida pública campen personajes que actúan pensando que “en política la moral es un árbol que da moras”.

Diana Plaza Martín

Coordinadora Maestría en Relaciones Internacionales Instituto Ortega y Gasset México

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