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TRIBUNA

Todo tiempo pasado fue mejor

Diana Plaza Martín
sábado 08 de septiembre de 2018, 19:40h

Hace tiempo que la idea de progreso como una carretera recta que lleva hacia un futuro mejor quebró.

Hace tiempo también que la tecnología como fuente de progreso indiscutible dejó de convencer a muchos.

Hace más tiempo aún que la concepción de la ciencia como conocimiento objetivo y verdadero entro en crisis.

Hace menos tiempo, pero tampoco es nada nuevo, que la idea de la globalización, el “sin fronteras” y el reconocimiento de todos a través de nuestras particularidades hizo aguas, que la “venganza de la cultura” quedó servida, como diría Lipovestky a Jean Serroy acerca de la La cultura-mundo en respuesta a una sociedad desorientada.

Es decir, hace bastante tiempo que la idea de un futuro mejor gracias a la ciencia, la tecnología y la globalización no parece convencer a una buena parte de la población.

En esta reflexión caí, cuando el pasado miércoles 5 de septiembre el experto en comunicación política, Mauricio Ayala, reflexionaba sobre el pasado proceso electoral mexicano en el Foro Debate del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset en su sede de la Ciudad de México.

Al mencionar Ayala que el éxito de la campaña de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se basó en que llevaba doce años sin cambiar de estrategia, un lenguaje popular que le sirvió para romper la barrera entre políticos y ciudadanos y la unidad de su partido, entre otros, me pareció algo natural que ganara.

Los ciudadanos de una gran parte del planeta llevan tiempo sintiendo que los sistemas representativos no los representan y también parecen estar hartos de campañas políticas “novedosas” con jingles pegadizos en los que salen representados “todas” las “minorías” sociales en formato circo. Por ello, un candidato que parece ir al margen de lo “moderno”, que no apela a la minoras en su diversidad, sino a la gente en su unidad como perdedores del sistema de ciencia y tecnología globalizado, consiguió ganar la elección con el doble de votos de su inmediato perseguidor, Ricardo Anaya, líder del partido conservador Acción Nacional.

Sobre la campaña del líder de Acción Nacional, Mauricio Ayala señaló que había sido un fracaso plantear una estrategia basada en el futuro y la tecnología a una sociedad sedienta de resolver los problemas del presente y con una visión de su pasado benévola en términos de bienestar vinculado a la seguridad.

Es decir, si bien estamos en un mundo en el que el progreso material podría acabar con la pobreza y el avance tecnológico puede curar o prevenir la gran mayoría de las enfermedades, la inseguridad en términos físicos y emocionales ha llegado a cotas tan altas que, en México, la ciudadanía prefirió votar por el candidato que, al parecer, no representaba ninguna de esas opciones.

Andrés Manuel, al estilo del ex presidente de Uruguay Pepe Mújica, no parece disfrutar del bienestar material más allá de lo que podíamos considerar razonable en relación con el resto de ciudadanos; lo cual en política se manifiesta a través del estilo de vida clasemediero de los políticos antes y después de su elección, por el que se tiene una vivienda de uso familiar y cotidiano sin mayores lujos, un coche en buen estado, se viaja en vuelos regulares, se viste adecuadamente y se accede a estudios superiores, entre otros.

En este sentido, la población también habría mostrado su preferencia por un candidato que, si bien puede ser aspiracional en términos materiales para el medio país que no tiene lo descrito en líneas anteriores, su fortaleza recae en mostrarse como alguien atípico que no cree que en el consumo esté el placer.

Es decir, en un mundo en el que a la mayoría de los placeres se accede por adquisición, un líder que se muestre inmune ante esa espiral, que como dijera Mújica en su célebre discurso en la ONU nos hace primero luchar por reducir la jornada, para posteriormente conseguirse dos trabajos que nos permitan pagar las cuotas de los bienes materiales que adquirimos y así llegar a viejos sin darnos cuenta, se nos muestra como cuasi divino.

AMLO llega al poder prometiendo que acabará con la corrupción predicando con el ejemplo y no a través de ningún software sofisticado o una reforma en el orden institucional, lo cual a muchos les parece una idea descabellada ya que, como dijera el aún presidente Enrique Peña Nieto, la corrupción es cultural y por mucho que haga el “orden público” la corrupción es del “orden cultural”, es más, Nieto considera que la corrupción se verá aminorada con la reforma educativa. Es decir, la corrupción en México es parte de una mala o insuficiente educación, pero eso ya es materia para otro debate.

Para acabar con la corrupción hace falta el software, que el trabajo formal sea más rentable que el informal, probablemente una reforma en algún punto de las instituciones y, sobre todo, que aquellos que deben velar porque la ley se cumpla no sean los principales transgresores. Es decir, que pertenecer al “mercado de la virtud” sea rentable y no una heroicidad.

La elección mexicana nos ha dejado muchas cosas a reflexionar y a abierto la posibilidad apara pensar que ciertas prácticas consideradas culturales y, por ende, inamovibles, son posibles de cambiar.

El 1 de diciembre tiene lugar en México la toma de posesión del nuevo gobierno, esperemos que en estos seis años la política ayude a que la ciencia, la tecnología y la globalización jueguen a favor de la mayoría y que, en el futuro, ya que no nos quede más remedio, nos espere algo mejor.

Diana Plaza Martín

Coordinadora Maestría en Relaciones Internacionales Instituto Ortega y Gasset México

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