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VERGÜENZA AJENA POR PEDRO DUQUE

viernes 28 de septiembre de 2018, 12:25h
Nunca debió saltar a la política. Disfrutaba de simpatía general por sus hazañas espaciales...

Nunca debió saltar a la política. Disfrutaba de simpatía general por sus hazañas espaciales. Era generalmente querido. Aceptó entrar en la operación de marketing de Pedro Sánchez. Se equivocó. Pedro Duque, el astronauta, carece de condiciones para la política. A la primera embestida ha mostrado de forma patética su fragilidad.

Ignacio Camacho ha resumido certeramente la intervención pública del astronauta: “Con su falta de aplomo y sus desasosegantes balbuceos, Duque provocó una mezcla de lástima y bochorno ajeno”. Acongoja pensar cómo llevará adelante las altas responsabilidades que se le han encomendado en el Gobierno. No voy a hacer leña del árbol que se desgaja a punto de caer. Pedro Duque debería darse cuenta de que no es lo suyo el ejercicio de la alta política y retirarse discretamente. Se trata de lo mejor para él, lo mejor para España, lo peor para Pedro Sánchez, que acumula, fracaso tras fracaso, en sus decisiones al elegir a las personas que con él colaboran.

Convengamos, en todo caso, que el desastre no es de Pedro Duque sino del presidente que considera el ejercicio de la política como una operación de imagen propia de un serial de televisión. La eficacia está muchas veces reñida con los fuegos artificiales de la imagen. Pedro Sánchez no ofreció el ministerio de la Universidad y la Ciencia a Pedro Duque por su capacidad sino por su fama. Y se ha equivocado de medio a medio para ludibrio del cosmonauta y descrédito de un Gobierno imberbe que en cuatro meses ha acumulado años de desgaste y equivocaciones.