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TRIBUNA

El Síndrome María Antonieta

Fernando Zamora Castellanos
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fzamoraabogadosorcr/7/7/16/19
martes 23 de octubre de 2018, 20:22h

La historia la refieren, entre otros historiadores, el austríaco Stefan Zweig y la italiana Benedetta Craveri, experta en la Francia del Siglo XVIII. Se dice que, en medio de los estertores del viejo régimen monárquico francés, cuando aquella sociedad hervía en ebullición por el descontento provocado alrededor de la decadencia dela realeza y su sistema, una de las consecuencias –aunque a la vez causa-, de aquel declive, fue el colapso productivo. Y el desabastecimiento de harina en la región, fue uno de los serios problemas puntuales que provocaron aquellas circunstancias.Está de más advertir que, en la Europa del siglo XVIII, aquel producto era fundamental para la subsistencia popular, pues el pan era un elemento cardinal de la dieta.Sin embargo, tal como sucede en el socialismo venezolano de hoy, el ciudadano promedio francés se veía obligado a destinar un altísimo porcentaje de su salario para acudir a la panadería en busca de apenas aquel suministro. Como era de esperarse, aquellas circunstancias provocaron un serio descontento popular, al punto que, en 1778, las multitudes empezaron a congregarse en las afueras del Palacio real, reclamando una salida de aquella penosa situación. Los anales documentan que, ya para aquel año,María Antonieta de Habsburgo, reina consorte de Luis XVI, se había ganado tanto la antipatía popular, como también la antipatía de una parte importante de la nobleza.Entre otras, una de las razones de aquel sentimiento contra la joven reina fue su tendencia al dispendio, al derroche, y a gastar el dinero del erario público en asuntos vanos, banales y superfluos.

El desprestigio de la Reina había sido apuntillado por hechos que reflejaban el grado de decadencia de la Corte francesa. Uno de ellos en particular se recuerda como el “affair del collar”, que incluso dio para posteriores obras literarias.Resulta queun noble simplón llamado Louis-René Éduard, importante cortesano de entonces y quien ocupaba el cargo de limosnero mayor, fue inducido por un grupo de embusteros que sacarían provecho de un gran gasto público: la compra de una pieza de joyería excepcionalmente cara, la cual contenía más de 600 piedras que implicaban casi tres mil quilates. El objetivo original de la creación de la joya fue en todo caso espurio, pues había sido encargada por el padre de Luis XVI para obsequiarlo a una amante oculta. Pero la muerte de Luis XV antes del pago de la obra, tenía en aprietos a los joyeros, quienes requirieron venderla cuanto antes. El resultado final de la tragicomedia fue el desperdicio de los recursos públicos en aquella venta insubstancial, y una impopularidad aún mayor contra la pobre María Antonieta, que en ese caso, solo había sido una víctima más del embuste.

Dentro de ese contexto, en el que se presentaban las revueltas populares que exigían pan a las puertas del palacio, se tejió contra María Antonieta una segunda leyenda negra, en la cual se afirmaba falsamente, que mientras la multitud indignada clamaba por pan, María Antonieta había exclamado la famosa frase: “¿por qué reclaman?, si no hay pan, ¡pues denles pasteles!” Aunque el consenso entre los estudiosos es que tal exclamación nunca existió, el ya citado historiador Stefan Zweig, asegura que ésta es verdadera, pero quien ciertamente la exclamó no fue la Reina, sino una de sus tías. El punto es que, para desgracia de María Antonieta de Habsburgo, la anécdota del collar y la final expresión de “los pasteles”, se afincó en el imaginario del pueblo.Y hoy son anécdotas que se invocan tanto para recordar la insensibilidad de las autoridades ante las carencias populares, como la desconsideración de los funcionarios que, siendo indiferentes a las verdaderas necesidades de sus administrados, desperdician los recursos públicosen objetivos inocuos. De hecho, al comportamiento de este tipo de gobernantes, se le denomina el “síndrome María Antonieta”.

Pues bien, traigo a colación aquellos tristes pasajes históricos, a raíz del despilfarro de recursos por parte de los Estados que resulta tan característico a través de la historia. Lo imperdonable es que hoy, en las democracias de la era del conocimiento, y la transparencia e inmediatez informativa, esta situación permanezca. Un ejemplo de ello lo es una nota tragicómica que está viviendo la democracia costarricense, la cual, sufriendo en este momento una de sus peores crisis fiscales, recibe la noticia publicada, que informa que el Rector de la Universidad Nacional, ha aprobado la ejecuciónde más de $14,5 millones de dólares, en un gasto denominado por sus gestores como el “Parque de la diversidad”. El tal parque contará, según informan sus promotores, con una concha acústica, y algunas otras interesantes extravagancias, que no dudo que sería hermoso disfrutar, de no existir en el país tanta necesidad que sí es de primer orden. La paradoja de este sin sentido la desnudóla prensa, quien publicó un gráfico enunciando un importante conjunto de obras de urgencia cardinal, que sería posible realizar de inmediato con dicha suma. Incluso obra que es inversión en desarrollo educativo, y no gasto de infraestructura universitaria suntuaria, que es otra cosa. En tanto el entuerto es sin lugar a dudas una insensatez, debía corregirse de inmediato. Por la coyuntura social y fiscal que afronta actualmente Costa Rica, los congresistasse vieron obligados a intervenir en esta desacertada decisión de la jerarquía universitaria. El abuso en el gasto de los recursos públicos es una realidad general constante, pero es más grave aún, si tal abuso ocurre en naciones aún en vías de desarrollo.

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Fernando Zamora Castellanos

Abogado

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