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LOS “AGRADAORES” DE PEDRO SÁNCHEZ

lunes 29 de octubre de 2018, 12:42h
Durante la primera mitad del siglo XX, los apoderados de los toreros pagaban a algunos aficionados para que, al terminar la corrida...

Durante la primera mitad del siglo XX, los apoderados de los toreros pagaban a algunos aficionados para que, al terminar la corrida, dijeran al maestro lo que convenía que oyera. Si la tarde fue un desastre, “maestro, los dos toros eran unos marrajos, bastante hiciste”; si la corrida se coronó con orejas y salida a hombros, “maestro, insuperable, eres el mejor, el gentío se rompió las manos aplaudiendo”.

Pedro Sánchez ha congregado en buena parte de las tertulias de televisión y de radio a incondicionales del elogio. Del elogio a su persona, claro. Haga lo que haga, diga lo que diga, se estrelle o se hunda, los “agradaores” de turno entenderán lo que ha hecho, le disculparán y le elogiarán.

“Lo que se produjo el pasado 6 y 7 de septiembre en el parlamento de Cataluña es un delito de rebelión”, afirmó Pedro Sánchez el pasado mes de mayo, con toda la razón. Como ahora tiene que pagar la factura que le pasan los secesionistas catalanes por haberle votado en la moción de censura, el presidente del Gobierno ha modificado el punto de mira y niega tan campante y con el mayor cinismo que no hubo rebelión, interfiriendo así desde la presidencia del Gobierno, en la independencia de los jueces.

Semejante disparate político no ha encontrado quien le ponga frente a la contradicción. Los “agradaores” han taponado en la radio y la televisión la flagrante incongruencia, sumándose al cambio de opinión, sin recordar al inquilino de Moncloa que su incoherencia se debe al compromiso contraído con los que le votaron en la moción de censura, encaramándole en el poder ejecutivo de la nación.

No se trata solo de la tesis, desmenuzada en sus despropósitos por Miguel Hernández Mateo, profesor universitario, doctor ingeniero industrial. Pedro Sánchez no sabe cómo ocultar ya tantas vergüenzas acumuladas. Pero ahí sigue, dispuesto a ciscarse en lo que afirmó durante la investidura, agotando la legislatura sin convocar las elecciones por él prometidas entonces y por la oposición reclamadas una y otra vez.