www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

MENÚ DE POBRE

La periferia moral de Tito Montero

lunes 29 de octubre de 2018, 20:06h

Tiene la barba larga de hipster o sabio de botica, siempre muy cuidada, el pelo largo engominado, los ojos escrutadores y en alerta, mucho chaquetón marinero o chubasquero con capucha, siempre sobaco ilustrado, libro o periódico que no escapa de uno de los laterales junto al morral de piel. Tito Montero, Roberto Echevarría, publicaba en el sello Bestia Audax libros inclasificables: 10 corsarios (novela urbana a cañonazos), Charlize Theron y las democracias ardientes (el aperitivo, sin aceituna ni hielo, de todo el precariado que vendría sin avisar), etc. Su periodismo es de Salamanca, de deporte y poco alcohol, de libros que mezcla con otros libros, de matrimonio feliz con hija en el medio para la foto, siempre la política al principio o al final de todo como el gran discurso del cipote grueso del patear y conocer.

Ahora está con el proyecto, webserie, de título lírico: Regreso a la aldea perdida (desde google pueden verse todos los capítulos). Palacio Valdés, sí, pero mucho más. La veda la abrió hace unos años Sergio del Molino con La España vacía, los diez millones de ciudadanos que se sienten en la periferia de segunda y recriminan al estado su condición, los muchos que emprendieron la diáspora, los pueblos vacíos de la España real. Paco Cerdá la llamó Laponia del Sur o Serranía Celtibérica en Los últimos: Guadalajara, Teruel, La Rioja, Burgos, Valencia, Cuenca, Zaragoza, Soria, Segovia y Castelló (2.500 kilómetros, 1.355 pueblos, menos de ocho habitantes por kilómetro cuadrado). Alejandro López Andrada siguió el viaje en El viento derruido, Luis Romero Renau puso su granito de arena en Despoblación y abandono de la España rural: el imposible vencido, Juan Carlos Martín Yuste batió el cobre en Contra la despoblación: Europa en la encrucijada, etc. Los pueblos se vacían, mucho texto sobre el género, y las malas lenguas comienzan a avisar que los extranjeros los compran a precio regalado.

Tito Montero centra sus afanas en el territorio de Palacio Valdés, ve en la novela un texto tan discreto como reaccionario, tal vez poco relevante en la España internacional (eclipsado en su tiempo por Clarín o Pérez de Ayala) pero centra el debate en el meollo del asunto: la llegada de la realidad industrial a zonas periféricas, históricamente rurales, por tanto con una estructura milenaria tradicional. Fue el tránsito del siglo XX al XXI, y hoy cabe la duda de si, destrozada la segunda (industria), y abandonado el primero (campo), mereció o no la pena el cambio. Cine de no ficción, aventura literaria, narración con mucho de clásica, política y vida amalgamadas sin escisión posible. Me cuenta Tito Montero: “En el afán de constricción de ese puente de reflexión (campo/industria) también se encuentra, en el origen de mi percepción, una realidad: la guerra civil y el exilio, en un territorio concreto como Asturias pero también en muchos otros, privaron a la región de la posibilidad de pensarse a sí misma, lo que hubiese sido necesario durante la segunda mitad del siglo pasado para ahora no encontrarnos en el actual abismo económico, demográfico e identitario”. Sergio del Molino acuña el término Cosmopaletismo (los ciudadanos a los que solo les interesa lo que sucede en cuatro calles de Madrid o Barcelona) y Tito Montero ensancha el debate en territorios ricos (todo el norte español lo fue) ahora bajo la guadaña del futuro más negro.

Toda la óptica Montero/Molino puede enriquecerse con las recientes aportaciones de Israel Gayoso: estudia desde Barcelona aplicar en España las medidas que frenaron el despoblamiento en zonas rurales de Suecia y Finlandia. Impulsar el teletrabajo, la reutilización de edificios sin uso para fines sociales y comunitarios, mundo rural desde la programación, diseño web, marketing digital, puro Feder (Fondo Europeo de Desarrollo Regional) que acondicionó la Laponia finlandesa en otras temperaturas de éxito y tráfico comercial. Lo grueso de la ecuación: evitar que la pérdida de población y envejecimiento rurales se traduzca en una merma de dinamismo social o comercial. Tejido audiovisual –el de Tito- que desde ordenadores periféricos, sí, permite producir y montar vídeos para diversas empresas y proyectos publicitarios. Puro coworking: oficinas en las que comparten despachos varios autónomos o trabajadores en remoto, pasándose días sin hablar con otras personas, estabulados pero eficientes y rentables. La reutilización de inmuebles que llevó a cabo Alemania, Renania del Norte, en cooperativas donde los vecinos instalaron tiendas de comestibles, apartamentos en alquiler, vivero para autónomos, cafeterías, etc. Barmen, sí, donde la restauración puso en marcha oficinas y hasta un banco.

Tito Montero dialoga con Palacio Valdés, toda la serie es socioeconomía pura, y la subida de escalón es clara: el tiempo del cambio ha de ser el de nuevas oportunidades. El entorno rural/industrial y el de la emigración/inmigración tiene en el potencial humano/superávit de espacios otra oportunidad para la sonrisa. No se equivoca Montero: también la época de Palacio Valdés fue de transiciones y donde éstos suceden es inevitable que haya, sí, nuevas opciones de vida. Minería, siderometalurgia, campo, sectores tradicionales españoles perecen y la duda ante el ocaso, por sí misma, es el más resplandeciente de los terrenos morales donde construir otra casa. ¿Vamos a ser el país de camareros que nos profetiza Europa? España jamás ha vivido solo de los servicios: Franco, por poner un ejemplo, tenía bien claro que quería industria. Tito Montero pone los cimientos y ojalá usted, lector, le dé por colocar las ultimas tejas.

El significado de esta época oscura es el de la cooperación –todo entre todos- o no habrá futuro. Si preguntamos a los más mayores, a los sabios de la tribu, con unas barbas mayores que las de Tito y por donde escapa algún saltamontes, nos dicen que antes fue igual, que siempre fue igual. Se sale del pozo arrimando el hombro. Nos creímos ricos, bien, ya no lo somos, ahora solo nos queda trabajar como mulas para salir de pobres. Más duro fue en la posguerra, con el hambre y los pobres de solemnidad, descalzos bajo la invernada o fosilizados entre el mismo rumor a harapos.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (5)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.