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AL PASO

La privacidad y sus riesgos

martes 30 de octubre de 2018, 19:41h

Lo que se nos propone por Sue Halpern en un número reciente de la New York Review of Books no puede ser más interesante: repensar el derecho a la privacidad, al reseñar unos cuantos libros sobre esta problemática recientemente aparecidos en los Estados Unidos.

La privacidad ha sido contemplada como un elemento fundamental del Estado constitucional. La privacidad, o ámbito de reserva individual, era considerada, en cuanto núcleo inmune a la actuación pública, un espacio integrado en la sociedad y separado del Estado o poder público. Solo las dictaduras desconocen este doble plano del que hablamos, pues en tales formas políticas la separación entre la sociedad y el Estado (el principio de distribución del que hablara Schmitt) desaparece. La privacidad, de otra parte es un derecho. Un derecho que se convierte de su formulación primera e ingenua como facultad de vivir aislado, en la capacidad de la persona de decidir sin injerencias sobre su conducta o el desarrollo de la propia vida. Como ha dicho el Tribunal Supremo de los Estados Unidos este derecho ofrecería protección frente a la revelación de ciertas cuestiones personales, pero también aseguraría al individuo la independencia en la toma de sus decisiones vitales.

El problema es que la suerte de este derecho, “el derecho más valioso de los hombres civilizados” -según el juez Brandeis- , hoy está en serio peligro. Primero por la disposición de muchos a desconsiderarlo o, más frecuentemente, a su renuncia. Internet (las redes sociales cada vez más frecuentadas por todos, Facebook,Twitter, You Tube, etc…) democratizan la creación y extensión del conocimiento, al tiempo que tienen un efecto liberador indiscutible. “La gente publica fotos de gente bebida en los parties, habla sobre sus fetichismos sexuales, levanta la cortina de toda clase de comportamientos antes ocultos”. ¿Como se puede decir que lo privado ha sido invadido, comprometido o borrado, se pregunta Halpern, “cuando este tipo de revelaciones son voluntarias”?.

De otra, la construcción de el derecho a la privacidad como una libertad frente al Estado, al que solo le correspondería una actitud negativa o de abstención, es absolutamente ingenua e insuficiente. Lo cierto es que el Estado, para poder desempeñar sus formidable tareas preventivas o represivas, tiene sobre los ciudadanos un caudal de información que permite decir que los conoce mejor que ellos mismos. Así el Departamento de Seguridad Interior dispone de una base de datos que incluye además de imágenes faciales, que suministran entre otros, las compañías de viajes, huellas dactilares, datos de ADN, escáneres de iris, descripciones de anomalías físicas-cicatrices, tatuajes-, e informaciones sobre las orientaciones individuales y sus relaciones recogidas de los medios sociales.

Hay dos extremos de importancia a subrayar. Lo primero es que esta información no procede necesariamente de investigaciones o pesquisas ilegales; y lo segundo que el riesgo para la privacidad individual en estos momentos no proviene solo del Estado sino de los almacenamientos de datos personales de grandes compañías -Google, Apple, Amazon- que disponen de los perfiles de cientos de millones de personas que pueden comercializar, con gran beneficio, sin el consentimiento de los afectados.

Lo que el autor de la reseña propone, luego de dar testimonio de la preocupación cada vez más alta de los ciudadanos por que se aprueben leyes más estrictas con el cuidado de la privacidad, en línea con Regulación de Protección de Datos Europea, o diversas leyes de Estados de EEUUU, (Vermont, California, Colorado) garantizando el derecho de acceso a sus datos de los ciudadanos o información acerca de la comercialización de aquellos, es una actitud vigilante ante los riesgos de la privacidad.

Desde esta perspectiva, lo más importante es que los ciudadanos reparen en centralidad de este derecho en su acervo jurídico. Ello ocurre en todos los ordenamientos, tenga el derecho reconocimiento explícito o no en la Constitución respectiva. En los Estados Unidos la privacidad es un derecho del individuo para decidir por sí mismo que se encuentra en la penumbra de varias disposiciones de la declaración constitucional de derechos. En Francia el Consejo Constitucional la considera una forma de libertad. La Jurisdicción alemana, por su parte, deriva el derecho a la privacidad de la concepción de la dignidad humana.

Lo más importante, como hemos apuntado con anterioridad, es señalar su alcance cada más ampliado, que traspasa su concepción como reducto de reclusión o escudo ante la intrusión o la exposición no querida (Rosenfeld). Protege, se ha dicho, una dimensión decisional del individuo, asegurando un ámbito de desarrollo autónomo de la persona en la vida social y la relación con los demás. Desde la decisión capital de Roe versus Wade, (1973) el derecho a la privacidad se va entendiendo como el derecho a controlar el propio cuerpo. Estamos hablando además de derecho a abortar que se ventilaba en ese caso, del derecho a morir, el derecho a usar medicaciones no probadas, el derecho a rehusar tratamiento médico, incluyendo los servicios mentales de salud.

La expansión de este derecho puede alcanzar dimensiones paradójicas, que aporten facetas prestacionales a un derecho tradicionalmente entendido como libertad. La casa de uno, dijo sir Edward Coke a comienzos del siglo XVII, es “mi castillo y fortaleza” ; pero nadie objetaría a la solicitud de que el poder público intervenga en los supuestos de violación marital o maltrato a los pequeños por sus padres en la casa familiar.

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