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Ruedan las cabezas de Díez-Picazo y Carlos Lesmes

miércoles 07 de noviembre de 2018, 20:08h

Tras dos o tres semanitas de rotundas partidas de tute, juego de dominó y de la oca, parchís, bingo y póker, a puerta cerrada, cómo no, llega la esperada sentencia del Tribunal Supremo donde se dice, negro sobre blanco y a doble espacio, lo que muchos ya sabían, que pagan los pringados, el pueblo llano, las abusivas cláusulas del préstamo hipotecario. Lesmes nos cuenta, despeinado como Pumuky, que fueron treinta magistrados en arduo debate y que, sí, claro, el tribunal es soberano. El Poder Judicial cruje al pueblo llano y no tarda en salir el Poder Ejecutivo para, mediante real decreto ley, poner fin al desaguisado: que pague la banca y solo la banca. “La banca gana”, decíamos en los tiempos del Monopoly y dicen los diputados de Izquierda Unida desde el extranjero aplaudiendo con las orejas.

Los jueces ponen en marcha sus asociaciones de jueces (AJFV) para rectificar a la sala tercera del Supremo. La broma algunos la dicen a grito pelado: “Sesenta mil euros públicos para rescatar a la banca”. Piden las cabezas de Lesmes y Díez-Picazo, que ya ruedan por el suelo en los patios de monipodio de la opinión pública, sabedores de que ellos son los jefazos de esta tomadura de pelo. Asociaciones de jueces, sí, contra el Supremo. Se habla de principio de oportunidad, se habla de presiones, se habla de que esta sala es especialista en materia tributaria y nadie sabe cómo van a redactar/justificar el novelón, porque por ahora todo ha sido de palabra. Lesmes, con la boca torcida o pequeña, culpa del resultado a la ambigüedad de la ley. El diputado Yllanes no tiene ninguna duda de que la sala tercera se ha visto presionada para tomar esta decisión. Se habla de descrédito mayúsculo para el Supremo ahora que el juicio del Procès catalán está en marcha y la sentencia sobre Otegui sigue causando sangre por los pasillos.

Los jueces más rojos son los que mejor hablan: “Los políticos hablan de banca y no de cajas de ahorros, que ellos mismos dirigen”. Pedro Sánchez dice en directo que la compra de vivienda es siempre un plan de vida y, por tanto, debe gozar de seguridad pública. El real decreto ley express solo tiene un cometido: que pague la banca y no el cliente. El Poder Ejecutivo lamenta la decisión, esta doctrina rectificada en dos o tres semanas, por parte del Poder Judicial. Muchos camareros tienen la sabiduría de los siglos pese a no ir de toga: “¿Todo esto no es hacer el gilipollas? Las cláusulas suelo empezaron igual y acabaron en Estrasburgo o Luxemburgo, no me acuerdo”. Izquierda Unida, Alberto Garzón desde el extranjero, pide la constitución de una Banca Pública para frenar las mordidas privadas y la codicia, a dos carrillos, de las élites financieras y económicas. La movilización social irá el sábado a plantear la Revolución Francesa, guillotina incluida, frente a las puertas del Tribunal Supremo, y algunos jueces ya quieren meterse dentro del cubilete de los dados de sus juegos de azar tan graciosos e irresponsables.

Esa cuota en el préstamo inmobiliario, que vuelve a tener que pagar el cliente, se sospecha puede ser el embrión de otras cuotas más, si finalmente tiene que pagar la banca. El crédito inmobiliario no es solo el problema, dice Ada Colau, sino la dación en pago, las deudas de por vida por culpa del ladrillo, el alquiler social de pisos vacíos, las cláusulas abusivas y los desahucios. Las familias –todos los tienen claro- no pueden seguir pagando el pato. La renovación del Consejo General del Poder Judicial está en marcha, Lesmes volverá a la sala tercera pero dejará cargos. Los jueces –aventuran los más revolucionarios- protegen a sus clientes financieros, muchos dan conferencias en organismos bancarios, que a veces son incluso universidades. La credibilidad del Supremo es una cláusula más que muchos ya no firman desde su rencor más abyecto. ¿Un Estado que se opone y pone en tela de juicio –nunca mejor dicho- lo dicho por sus magistrados con un lapso que no llega a las veinticuatro horas?

La fecha de la Revolución Francesa es el sábado, frente a las piedras centenarias del Supremo. Para este gobierno la igualdad es fundamental, dice Pedro Sánchez, antes de rogar que la oposición se haga en el hemiciclo y no por las calles. Pura Revolución Francesa, ya digo: igualdad, libertad y fraternidad para todos. Dos semanas de reflexión judicial para seguir diciéndonos que saquemos la cartera y el pueblo grita basta. La calle quemará las togas y saldrá un mundo nuevo donde, cuando vayas a pedir una hipoteca, te regalarán una piruleta y, si no puedes pagar, se comerán ellos el piso con patatas fritas mientras tú sigues lamiendo la golosina mientras guiñas un ojo y sonríes. Es la Justicia, sin venda ni balanza, ni cláusulas ni impuestos de actos jurídicos documentados, sino levantada, erguida, furiosa con los tiburones y al lado de quienes no tienen más que lo ya dicho, su primera sonrisa para esa vida soñada que empieza con un techo. Ruedan ya por las hojas volanderas –las vemos- las cabezas de Lesmes y Díez-Picazo como directores de orquesta del presente cotarro.

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