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Alemania descarrila: los pobres de Merkel

viernes 09 de noviembre de 2018, 20:12h

¿Era Alemania la locomotora de la Unión Europea? Así llevamos años con el credo en la mano junto al bisbiseo y sacristía de sus mejores nombradías. Hoy ya sabemos más cositas: la pobreza amenaza a un veinte por ciento de alemanes. Unos 15,5 millones de parados, jubilados y trabajadores con empleos precarios se quedan al margen de la buena situación económica. ¡Qué cosas, eh! ¡Quién lo diría! Vamos a decirlo como la buena prensa sensacionalista: uno de cada cinco habitantes en Alemania se encuentra amenazado de padecer pobreza o exclusión social. La Oficina Federal de Estadística (Destatis) precisaba este mes que un 19 % de la población, el equivalente a 15,5 millones de personas, figura en ese grupo de riesgo.

Crecimiento económico, la locomotora a todo humo de la Unión Europea, el septiembre pasado con una tasa de paro que decían del 4,9 %, la más baja desde su reunificación en 1990, más de 45 millones de alemanes cotizando en las arcas públicas aseguraba la Agencia Federal de Empleo, casi 560.000 más que en septiembre del 2017 con tendencia al alza. Los desempleados, según Eurostat, 1.451.000 parados, la tasa más baja de la zona euro, y cada vez más ancianos con pensiones raquíticas, ciudadanos con empleos precarios, gente con ingresos insuficientes para cubrir los costes de vida, electricidad y calefacción, etc. La misma Unión Europea pontifica, a doble espacio y todo seguido, que son considerados en riesgo de pobreza aquellos ciudadanos que tienen menos del 60 % de los ingresos medios de la población del país de residencia. Caso de Alemania: 1.096 euros netos al mes para una persona, 2.302 euros netos mensuales para una pareja con dos hijos menores de catorce años. Situación que afecta al 16,1 % o 13,1 millones de ciudadanos. La exclusión social es mucho más amplia: puede haber hogar pero este puede no cubrirse en electricidad, televisión, calefacción, alquiler o sin el disfrute de vacaciones. Al grano: en 2017 la carencia material afectaba al 3,4 % de la población y ahora se dispara. Tres adultos conviviendo bajo el mismo techo donde solo trabaja uno, antes era del 8,7 % de la población y ahora, sí, también se dispara. La locomotora descarrila y echa humo negro.

Los pobres de Merkel, el ocaso de Merkel, la salida de Merkel por sus posturas con respecto a la migración pero también otra guerra que le afecta de rebote: Francia acusa a la Italia y Hungría de abrir una línea de fractura en la Unión Europea. Macron sigue contra Salvini y Orbán, que no deja de ser la lucha entre progresistas y nacionalistas, mientras Merkel se pone de perfil porque no puede seguir perdiendo electorado. Macron apoya la inmigración, con limitaciones, pero Italia y Hungría hablan, siguen hablando de “invasiones” y no están dispuestos. Así puede contarse ahora la historia de la Unión: Ultraeuropa o no según admitamos al diferente en nuestras calles. El viejo/nuevo discurso del odio, el fantasma del fascismo ya con un pie en el estribo, mientras Salvini desenmascara a Macron: “Es todo demagogia, populismo, Francia rechazo a 48.000 migrantes en la frontera italiana desde principios del 2017”. Se habla, claro que sí, de una Europa acogedora y solidaria, pero luego cada uno en su casa hace lo que le da la gana, por supuesto, debido a que la principal característica de Ultraeuropa no es otra que la hipocresía, el cinismo, la ironía, en su captura de votos.

¿Ser pobre o mendigo en Alemania? Merkel ya no lo niega: a partir de los disturbios de Chemntiz todo el mundo sabe que Alemania es Extrema Derecha, con mayúsculas, y ella se va porque no les puede convencer de lo contrario. La inmigración se la ha llevado por delante. El millar inicial de personas que salieron a la calle en agrupaciones como “Pro Chemnitz” fue el inicio del virus, ya epidemia, que no puede frenar nadie. Los neonazis hablan, más fuerte, de “caza de extranjeros”. Se calculan que unas seis mil personas en esa localidad (Chemnitz) hicieron el saludo nazi en diferentes momentos, enfrentándose a cientos de contramanifestantes de izquierda radical frente a la insuficiencia policial. Alemania empieza a ser pobre, por abajo, y fascista por el medio, la masa mayoritaria de la población, lo que obliga en lo alto de la pirámide a cambiar las cabezas visibles (Adiós, Merkel). Los sirios ya escapan frente al espíritu de Wismar, norte de Alemania, algunos con la nariz rota y numerosos hematomas en cara y torso. La protesta ultraderechista tiene altavoz y acomodo en el partido de extrema derecha Alternativa por Alemania (Afd). El alto comisionado de la ONU pide que se denuncie el aumento de la xenofobia y la criminalidad, que para ellos está en la política de refugiados de Merkel entre 2015 y 2016.

Los pobres de Merkel muchos opinan que se los coma. A Macron solo le interesa un asunto: poner en pie una relación militar estratégica con Rusia, sin tensiones, intentando justo eso, llevar a Rusia al redil de la Unión tras la Guerra Fría. Igual, tal vez, los pobres de Merkel en su propio país serán confundidos con inmigrantes, y machacados con la propia bota de sus conciudadanos, creyéndolos diferentes, cuando solo son eso, pobres, ahora con tantos problemas por todos para seguir considerándolos alemanes.

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