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La peste negra imprevista: Eurofobia

lunes 12 de noviembre de 2018, 20:18h

Una Europa, la fascista, la enemiga de la inmigración, sobre el caballo blanco de Il Fascio y la guadaña en la mano derecha, la conocemos bien y mucho nos hemos acercado a ella: Ultraeuropa. Ahora parece surgir otra, de la que cada vez se habla más, bajo otro marbete simpático: Eurofobia. ¿Son distintas? En absoluto, asistimos a las dos caras de Jano, al águila bicéfala. La derecha nacionalista y populista en auge tremendo (Ultraeuropa) quiere romper la Unión Europea para convertirla en otra cosa, siempre a través de la etiqueta de euroescépticos o antieuropeos. El Club no funciona, los Estados Unidos de Europa no marchan, pero sí puede haber otros Nacionalpopulistas, todavía más claro Nazis, antisemitas y xenófobos, como los que en su día soñaron Hitler o Mussolini. La estrategia es quedarse en la Unión y luchar por la maquinaria del odio al límite de la locomotora.

La peste negra (Ultraeuropa, Eurofobia) es totalitaria y quiere las reformas en los primeros meses del 2019. La Unión, como tal, según su criterio, ha traicionado las verdaderas esencias culturales, espirituales y económicas de Europa. Nueva dirección del Parlamento europeo, mayo, lo que traerá sorpresas. Viktor Orbán, primer ministro húngaro, es el más activo en la puja: “Hay que desalojar de las instituciones europeas a quienes quieren reemplazar una alianza de naciones libres por un imperio europeo controlado, no son por sus líderes nacionales, sino por los burócratas de Bruselas”. Los teóricos de la política internacional lo tienen claro: “Esto se trata de otros Brexit, donde romper Europa se hace desde dentro, a través de Nigel Farage (Reino Unido), Viktor Orbán (Hungría), Salvini (Italia) y Marine Le Pen (Francia)”. Donald Tusk no ha podido decirlo más alto en el congreso del PPE de Helsinki (jueves pasado): “Lo que está en juego en los próximos comicios europeos no son ciertos subsidios o empleos, sino la protección de nuestros valores fundamentales”. Nada más que lleguen al poder, a la cúpula del Consejo de la Unión Europea, salvar a Polonia será la primera medida, anulación del artículo 7 a su Gobierno por sus medidas en contra de la Unión Europea. Jaroslaw Kaczynski, de villano a héroe.

Eludirán las sanciones, en cascada, el Movimiento 5 Estrellas y La Liga en Italia. La rebelión contra el llamado Pacto de Estabilidad seguirá creciendo. Nadie se atreverá, dentro del Club, a expulsar a Orbán y a ninguno de los demás. El antiguo Frente Nacional de Le Pen, hoy Reagrupación Nacional, habla por boca de Nicolas Bay: “Nosotros propondremos otra manera de organizar Europa”. Su manera es la propuesta del 2017, mayo, donde querían el Freixit, la salida de Francia de la Unión Europea y el abandono del Euro. Macron ganó, por centralista y europeísta convencido, pero ellos siguen en las sombras con el colmillo fuera y reluciente. Las calderas del mensaje antieuropeo se calientan cada noche, cada mañana, es ya una corriente imposible de detener. La identidad, por medio del racismo, el odio cerval al diferente, las migraciones definidas como invasiones, es la carcasa, lo de afuera, el populismo que tantos aplauden con las orejas. Politólogos de la talla de Dominique Reynié (laboratorio de ideas Fondapol) no dejan de advertirlo: “La propuesta de salir del euro pondría en riesgo el patrimonio material de muchos ciudadanos, en forma de ahorros, pensiones o riqueza acumulada”. Los tres peldaños de esta ruptura ya los hemos tratado: expulsión de Grecia, crisis de refugiados en Schengen y primer referéndum sobre el Brexit. Estados Unidos no se va a meter aquí; la Casa Blanca no puede acabar a tiros con Moscú. En otro sentido, el Club no deja de reprender a sus miembros por no bajar la deuda, la moneda única parece que no despega y no hay una economía común de altos vuelos.

El Club se resquebraja, se rompe, Bruselas hace burocracia, se habla de algo por parte de Niels Thygesen, presidente del Consejo Asesor, que es puro lirismo: “seguridades injustificadas” junto a “vientos de cola de los países que van mejor para que los que están peor remonten el vuelo”. Pura ficción: el dinero extra que muchos países recibían en sus arcas solo se empleó para elevar el gasto público en lugar de crear un colchón fiscal o rebajar la deuda que acumulaban. Los más endeudados según el PIB son: Italia (131,8 %), Portugal (125,7 %), Bélgica (103 %), España (98,3 %) y Francia (97 %). Italia es el auténtico desafío, cuyos números están fuera de las reglas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión. La Comisión puso la máxima flexibilidad, la más inaudita benevolencia, pero ellos siguen en rebeldía constituyendo tal vez los primeros en irse (Italia, Bélgica) no demasiado lejos según la autoridad fiscal del segundo grupo (España, Francia) dentro del procedimiento de déficit excesivo al haber cerrado el ejercicio anterior con un desfase en las cuentas públicas en torno al 3% del PIB. Dicho más claro: la economía creció en estos países más de lo esperado pero tales territorios (debido a sus ejecutivos) decidieron aparcar las medidas estructurales (políticamente costosas) y fiar la reducción del déficit a la expansión económica, sin que salieran las cuentas. La misma táctica fiscal que España y Francia repiten como ejercicio habitual todos los años.

El Pacto de Estabilidad y Crecimiento es claro: reducir el lastre de los países miembros de la Unión Europea hasta el 60 %. Bruselas solo quiere poner la lupa en un aspecto: el crecimiento del gasto público. Las medidas de hace meses (Merkel, Macron) de reducción de la deuda a largo plazo junto a una regla de gasto para garantizar esa senda son tomadas a pitorreo. El gasto de todos los países (se quiere formar un organismo que lo vigile) debe crecer al ritmo del 1 % del PIB; si esto ocurre por causas ajenas a una catástrofe o crisis inesperada, esa autoridad debe imponer las sanciones que se acuerden. Todos son intentos, ocurrencias, para sujetar las bridas del caballo desbocado. Conclusión: no hay ningún problema en sacar a El Momio del Valle de los Caídos, porque pronto pagaremos todos con pesetas. El cuento de los Estados Unidos de Europa, qué bonito, se acabó. Volveremos hacia atrás, los gritos de Hitler y Mussolini al doblar la esquina. Cruces gamadas, puños en alto, la raza aria como motor de progreso y aceleración. Peste negra de una Europa que, pese al cine y las novelas, jamás se fue ni mermó su latencia, y ahora se levanta de la tumba, enérgica y salvaje.

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