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La consigna: romper España de la que cae Europa

martes 13 de noviembre de 2018, 20:29h

Ayer veíamos, en este mismo sitio y a idéntica hora, maravilloso lugar para nuestras citas, cómo la Unión Europea, a través de Ultraeuropa y Eurofobia, se desgastaba, no quería desaparecer sino convertirse en otra cosa. No ya los llamados Estados Unidos de Europa sino la región eterna del fascismo contra eso mismo, los Estados Unidos de América. En mitad del galimatías, los nacionalismos de todo lo pelaje no lo dicen pero lo tienen claro, piensan que ese Nacionalismo Absoluto Europeo, por denominarlo de algún modo, en mayúsculas, permitirá siempre los pequeños nacionalismos nativos y, al calor de aquél, pueden crecer y propagarse, y cuando la Unión Europea caiga para ser Ultraeuropa, sí, todos podrán salir de la misma con su bandera y llamándose bien alto País. Esto es viejísimo, a principios de los 90, si recordamos bien, los intelectuales tomaban partido junto a Alain Finkielkraut por los croatas frente a los serbios, por ejemplo, y el argumento de entonces era que sí uno quería irse se va, no hay que retenerlo por la fuerza en la cárcel del otro, y si se aceptaba tal precepto había que concedérselo a cualquiera que lo reclamara: corsos, vascos, flamencos, italianos de la Liga Norte, etc. Viejísimo. Ya entonces popular al máximo.

Los aniversarios de la I Guerra Mundial y sus demonios dicen que es la fecha idónea para la caída de la Unión. La extrema derecha reunió este domingo en Polonia a doscientas mil personas donde se recibió a los de idénticas consignas procedentes de Hungría, Italia o Eslovequia. Hay fotos del festín. Todo es fervor por ver al país fuera de sus invasores: Rusia, Imperio Austrohúngaro y Prusia. Gobierno ultranacionalista polaco por el cien aniversario de la independencia del país. En el 2017 eran sesenta mil y hoy doscientos mil. ¿Hay dudas sobre a lo que huele Europa? Son entrañables Macron, Merkel, Trump, todos bajo la lluvia recordando el antisemitismo y lo que no puede volver. La calle, como siempre ocurre, está en las antípodas. La Gran Guerra tuvo algo de ese “Nosotros, primero” o “América, primero” que tanto ha popularizado el presidente Trump. “Nosotros” es la clave, y nadie más, sobre todo si viene de fuera. Cierre de fronteras y rechazo al otro, bajo cualquier precepto. Tiempo de blindarse. Mucha corona, mucha ofrenda floral, mucho repaso a las tropas y caras serias por cuanto ocurrió, pero en todas las cocinas de Francia, en primer lugar, se desea coto a los inmigrantes y una nación nacionalista, absoluto Frente Nacional, porque todos los males vienen de fuera y siempre de lejos.

Torra y Urkullu anuncian reuniones en nuestra casa, Otegi quiere estar presente en las mismas. Podemos es el altavoz constante de Otegi y de su sentencia/fallo de Estrasburgo. Todos ponen alfombra roja para que Otegi sea candidato en las elecciones. Al PDeCAT y ERC les parece cojonudo, faltaría más, porque ellos también quieren su Otegi, laureado en Estrasburgo. Las mejores reuniones de Otegi y el Govern son en el extranjero, con foto incluida de Puigdemont en su Waterloo de mesa redonda y conspiración eterna. El juicio de Otegi y otros cinco abertzales por parte de la Audiencia Nacional española durante 2011 no fue justo, lo dice uno de los altos tribunales europeos, y todos se agarran a la tabla en mitad del mar, a ver si también dicen que el suyo no lo es. Cumplieron seis años, y ahora son mártires, esa foto o condición que se quiere para Puigdemont y Junqueras, lo que pasa que el primero está huido y el segundo cayó con todo el equipo.

Aguantar es la consigna, aprovechar la desintegración de la Unión Europea, su conversión en nacionalista, para justo eso, contar cada uno su nacionalismo a doble espacio y todo seguido. Romper Europa primero, para luego ir rompiendo cada país para eso mismo, una Congregación de Estados Nacionalistas, vinculados por la ideología intolerante y con puntos en común entre ellos. Estrasburgo es el desafío a la legalidad española, en el caso Otegi, y la puerta al mismo tiempo para otras muchas, no hay que complicarse la cabeza. Otegi/Urkullu, más iluminados que nunca, quieren un modelo de procés a la vasca, y sobre todo contarlo todo desde Bruselas, seguir contándolo; “los tribunales españoles no son imparciales ni lo serán” es su película. Todo por una frase de la juez Murillo, presidenta de la sección cuarta de la Audiencia, cuando le dijo a Otegi: “Ya sabía yo que no me iba a contestar a esa pregunta”. El interrogante era si Otegi condenaba o no el terrorismo, y su manifestación fue que no iba a contestar. ¡Juez imparcial!

“No hay juicios justos”, según Puigdemont. “La Justicia en España está politizada”, según Podemos. “Todo es postureo o pastelada en el reparto de los cargos bajo la mesa en el Consejo General del Poder Judicial; es un supermercado”, según Ciudadanos. El artefacto marcha, Europa en el carbón consumido a dos carrillos del fascismo irrefrenable, y España en la ruptura con la Justicia, gracias siempre a su anterior descrédito. En el momento que la primera cruja, la segunda debe romper: Europa hará crac, y España clic, golpe único de ratón para cruzar el puente. No tienen el menor obstáculo en el camino, nadie se enfrenta a ellos, existe impunidad porque no hay cárcel (salvo Junqueras). Si alguien habla de las Fuerzas Armadas, de sacar los tanques a la calle, nos toman por locos, y ellos serán los primeros que lo hagan cuando triunfen. No existe nacionalismo sin ejército. Quien rece ya por Europa lo hará también por su país, a punto de la cirugía.

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