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AL PASO

La Constitución como criatura de la Transición

martes 13 de noviembre de 2018, 20:49h

Invocando el nombre de Gregorio Peces Barba algunos viejos amigos me han convocado a la Facultad de Derecho de Valladolid. No he podido resistirme. Decía Max Aub que uno era de donde había estudiado el bachillerato; pero lo es también, desde luego, de donde uno ha estudiado en la universidad. A Gregorio Peces Barba no le conocí mientras estudié derecho en esta Facultad; pero luego lo traté en la Complutense y especialmente en Castilla-La Mancha, cuya universidad había prohijado en su nacimiento, y de la que se sentía muy concernido: me refiero especialmente a la Facultad de Derecho de Albacete, donde yo fui catedrático. Por supuesto estoy de acuerdo en celebrar la Constitución, precisamente reflexionando sobre la misma, profundizando un poco sobre su contenido. La Constitución del 12 en uno de sus artículos, el 368, preveía algo de esto, cuando imponía “en todas las universidades y establecimientos literarios “, la explicación “de la Constitución política de la Monarquía”.

Voy a utilizar dos perspectivas en mi parlamento. En primer lugarhablaré de aquellas cosas que nuestra Constitución comparte con otras Constituciones, refiriéndome por tanto a los rasgos comunes de nuestra Ley Fundamental. Después, en cambio, abordaré las características propias de la Ley Suprema española, los trazos que la singularizan y que en muy buena medida explican su éxito, pues se adecuan perfectamente a las necesidades de nuestra sociedad nacional. Me ocuparé entonces de la idea española de nuestra Constitución.

¿Que tiene en común nuestra Constitución de 1978 con otras constituciones? Pues aquellas características que comparten el ideal del constitucionalismo desde las revoluciones del siglo XVIII, en cuanto instrumentos de organización y control del poder político.

Hablamos de la norma democrática que organiza el Estado conforme al principio de separación de poderes y que contiene una declaración de derechos. Se trata de una norma jurídica, no una norma moral o programática, que obliga, como dice la nuestra, a las autoridades y ciudadanos, y que además encabeza el ordenamiento, lo preside.

Podríamos profundizar un poco más en su contenido: y entonces repararíamos en la Constitución de la organización, que determina la configuración institucional del Estado; y la de la integración, que asume los valores de la Comunidad : aquella de significado cierto y ésta de alcance indeterminado cuyo sentido va estableciendo la comunidad en una conversación que no cesa.

Pero yo quería ir un poco más lejos y hallar con Ortega y Gasset la idea de la política que nuestra Constitución refleja. Lo que antes hemos señalado sobre el tipo y el contenido de la Constitución alinea nuestra Norma Fundamental, si se quiere ver así, con todas las constituciones europeas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Ahora, se trataría de entender la significación o los rasgos españoles específicos o nacionales de nuestra Constitución. Esto nos lleva a relacionar la Constitución con la Transición, a entender la Constitución como una criatura de la Transición. Lo que nos propondríamos en definitiva es encontrar los supuestos ideológicos y políticos de la Constitución de 1978 en torno a cuatro ejes.

1º) La Constitución reposa sobre una cierta cultura política, la del esfuerzo por el consenso, por superar la contraposición entre los españoles o su visión de la política como conflicto entre enemigos. Se trata de encontrar puntos de encuentro o acordar reglas del juego aceptadas por el otro. El impulso proviene del temor a la guerra civil, a volver a las andadas: la voluntad de romper con la España partida. Esto incluye hasta cierto punto tratar de ponerse de acuerdo respecto del pasado: olvidar, perdonar y estar dispuestos a aprender del diálogo o la conversación entre los españoles.

2º-La monarquía será la garantía de la estabilidad y moderación, que asegura el pacto entre la derecha y la izquierda, que permite en la transición pasar de una dictadura a una democracia. Se acoge por tanto una idea de la Corona como monarquía parlamentaria sin poder efectivo, esto es, sin rastro alguno de la soberanía, pero con un significado simbólico grande. La presencia del rey implica la seguridad de que la izquierda renuncia a sus pretensiones radicales de transformación social y política, aceptando la derecha, después de todo muy implicada en el franquismo, la democracia.

3º-El tercer elemento a referirse ha de ser el acuerdo al que se llega sobre la organización territorial. Se aproximan en ese sentido una idea de España, como proyecto de comunidad política actualizada y moderna, esto es, como patria atractiva; y los nacionalismos moderados con pretensiones del reconocimiento de determinadas comunidades territoriales, que merecen una lealtad para muchos muy fuerte en incluso prevalente como sentimiento político. Este acuerdo, que en su aspecto positivo incluye la compatibilidad de vínculos políticos, tiene un reverso de renuncias que es muy importante: el nacionalismo español, que pueden representar gentes como Eduardo García Enterría, Francisco Rubio, Tomás y Valiente, Gregorio Peces, prescindiría del centralismo, como modo de organización del Estado, admitiendo el autogobierno de las Comunidades Autónomas que disponen de facultades legislativas en consecución de políticas propias. De su parte, el nacionalismo moderado, a cambio de la autonomía y, sin que se les exija el abandono de sus ideales políticos identitarios máximos, renuncia a la soberanía originaria y el derecho de autodeterminación, pues solo hay un titular del máximo poder que es el pueblo español.

4º- El cuarto elemento a considerar como el último supuesto político ideológico de la Constitución, propio de la cultura de la transición, tiene que ver con una idea del Estado como poder público que no se mantiene al margen de los procesos sociales, como árbitro neutral o espectador, sino que interviene positivamente en los mismos. Se trata de la aceptación por todos del Estado social como factor de nivelación e igualdad, y garantía de prestaciones y servicios públicos que expresan ciertas exigencias, puestas al día, de la dignidad de la persona. Sin duda esta idea del Estado social está detrás del reconocimiento constitucional de la dignidad de la persona, como base del orden social y político, que alcanza cumplimiento indudable en el artículo 10 de nuestra ConstituciónSi se mira bien la auténtica gravedad del momento constitucional español por el que pasamos, reside en que estos cuatro pilares del orden político de la transición ofrecen en la actualidad serias grietas.

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