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River y Boca descubren que el cielo pasa por un Madrid blindado

domingo 09 de diciembre de 2018, 08:13h
Los dos colosos disputarán la gloria en el partido de vuelta de la final de la Copa Libertadores más increíble -en todos los sentidos-. Por Diego García

Desde que River Plate y Boca Juniors tomaron Brasil en las semifinales de la Copa Libertadores -el 30 de octubre y el 1 de noviembre, respectivamente-, se desató una vigilia que se presumía tan nerviosa como interminable para los aficionados de ambos clubes. La histórica cita dispuso su primer capítulo para el 10 de noviembre y la vuelta, para el 24 del mismo mes. Ese intervalo de espera ya se antojaba insoportable para las hinchadas. Sin embargo, una tormenta torrencial, inusitada en Buenos Aires, avisaría de lo venidero: la ida se pospuso un día y la vuelta, para vergüenza de Argentina, se aplazaría medio mes con respecto a lo planificado por la Conmebol. La lluvia de pedradas que sufrió el autobús 'Xeneize', retrato y desasosiego del presente social del país argento, regaló a Madrid el honor de acoger semejante hito futbolístico. Fijando el punto y final de una trama rocambolesca que acompañará, con total justificación, a la esencia memorable de este evento.

Todavía este sábado el TAS denegaba la suspensión cautelar de River que había exigido Boca. La directiva liderada por Daniel Angelici no quería competir. Buscaba vencer en los despachos, en una suerte de venganza con respecto a lo ocurrido en 2015 (cuando la Conmebol clasificó a los 'Millonarios' de manera automática, toda vez que sufrieron un ataque con gas pimienta en el duelo de octavos de final de la Libertadores, celebrado en la Bombonera). En el entretanto, el presidente de River, Rodolfo D’Onofrio, lamentó haber perdido la condición de local y declaró que "quiero que lo que ocurrió ese sábado (24 de noviembre) sea el 11-S de Argentina". Eso sí, celebró que su equipo iba a poder jugar el partido.

"Vamos a defender a los hinchas de la mejor manera", se ha limitado a decir el entrenador de la entidad de la banda roja, Marcelo Gallardo. No ha comparecido ante los medios en la capital española. Su homólogo representativo de La Boca, Gullermo Barros Schelotto, sí lo ha hecho, mostrando un análisis más amplio de lo complicado de la situación desde el prisma de su trabajo -la preparación del partido más importante que ha conocido su club-. "Lo que pasó hace 15 días pasa mucho en el fútbol sudamericano y en el argentino, y es lamentable. Jugamos el primer partido hace casi un mes, es muy extenso. No es el ambiente al que uno está acostumbrado ni el que hubiera elegido como entrenador, incluso este viaje a Europa, pero entiendo que River está en la misma situación", diagnosticó. Y confesó que "hoy deberíamos estar hablando que Boca y River pusieron a Argentina en lo más alto del fútbol y estamos hablando de la violencia, lamentablemente volvimos a perder".

Con el fin de que esa derrota no se estrapole al Gobierno de Pedro Sánchez, a la Federación Española de Fútbol y al Real Madrid Club de Fútbol, las autoridades policiales han desplegado un operativo que duplica en efectivos al que acostumbran a imponer en 'Clásicos' entre Madrid y Barcelona, o al que trazaron en la final de la Copa de Europa de 2010, desarrollada en Chamartín. Alrededor de 4.000 efectivos, de ellos 2.054 policías nacionales y 1.700 efectivos de la seguridad privada, conformarán un dispositivo que cuenta con la colaboración de agentes argentinos especializados en el amarre de las 'Barras Bravas'. Todo ello, en medio del nivel de alerta 4 antiterrorista.

Este plan de choque policial representa el abono -absolutamente necesario, visto lo visto- sobre el que ha de germinar una final eterna y para la eternidad. Un duelo desconextualizado, llamado de la 'Copa de los Conquistadores' por nombres tan gruesos como Diego Armando Maradona o César Luis Menotti. Porque no sólo lo geográfico ha restado esencia a la cita, también lo estrictamente futbolístico ha sido víctima de la barbarie. El cuidado del césped -la altura de su corte-, la pátina de impersonalidad inherente a un campo neutral -nada tendrá que ver la atmósfera con la que se preparaba en el templo bonaerense de Núñez- y la ausencia de la identitaria sensación de descontrol en el verde -tensión tradicionalmente tendente a la algarada en la lógica del ida y vuelta- son ingredientes que los dos entrenadores han debido amortiguar.

Desde las instalaciones de la Federación Española, Boca Juniors ha ido recuperando efectivos. El más importante es el extremo Cristian Pavón, lesionado en la ida. Y también ha mejorado su punto de cocción el creador Edwin Cardona. Estos dos elementos no lograron trascender en el 2-2 registrado en la Bombonera, pero podrían tornarse en decisivos en Concha Espina. Aunque no se pronostican sorpresas en el planteamiento del 'Mellizo'. El prototípico 4-3-3 fluido (flexible hacia un 4-3-2-1) será llenado de contenido contragolpeador y punzante por los carrileros Jara (o Buffarini) y Olaza, el ordenador Barrios, los todoterrenos Pérez y Nández y la velocidad de los extremos (Villa, Pavón o Zárate). Con Ábila y Benedetto aspiranto a la punta. 'Wanchope' lleva 14 dianas y Darío ha anotado cuatro goles entre semis y la ida de la final, tras recuperarse de una grave lesión que le apeó del Mundial ruso. Carlos Tévez, Cardona y Fernando Gago aguardarán turno.

En la Ciudad del Real Madrid, River ha echado el candado. Gallardo ha exportado el hermetismo que le es característico a la capital española, con lo que es una incógnita si la riqueza de su libreto táctico apostará por alinear a tres zagueros -incluyendo a Martínez Quarta- o elegir un 4-5-1 en el que sería inyectada la clase combinativa de Ignacio Fernández. En lo que no hay duda es en la profundidad de los laterales Montiel y Casco, en el rol creativo de Exequiel Palacio y el 'Pity' Martínez, el equilibrio correspondiente a Enzo Pérez y el capitán Ponzio (recuperado tras el infortunio que le sacó de la ida) y la soledad en la delantera de Lucas Pratto. Los 'Millonarios' tienen bajas sensibles, a diferencia de su antagonista. El goleador subrayado Rafael Santos Borré está sancionado y el astuto rematador Ignacio Scocco sufre un desgarro en el gemelo derecho. Por ello, el 'Muñeco' sólo podrá nutrir su querencia por domar el cuero con la variante del genial Juan Quintero. En cambio, dispone del portero Frannco Armani, piedra angular de su sistema defensivo.

En la retina, aunque lejano, queda el recuerdo del espectacular intercambio de golpes que se vivió el 11 de noviembre. En ese envite Boca refutó su capacidad para dañar al contrincante con muy poco fútbol construido y River se reivindicó como un animal competitivo. Y en la senda triunfal se cruzará la aureola de gurú de las eliminatorias de Gallardo con la ansiada victoria que consagre a Schelotto; la potencia de la mejor plantilla de América -la de los 'Xeneizes'- con la sabiduría técnica y organizativa del rocoso esquema "local"; la debilidad a balón parado del 'Millo' con la ruptura de líneas que aqueja más a Boca; y el cuerpeo por la supremacía individual de un racimo de figuras que gritan protagonismo mundial. En definitiva, sólo queda esperar para, por fin, paladear una de las cimas más altas que pueda ofrecer este deporte.

- Alineaciones probables:

River Plate: Franco Armani; Gonzalo Montiel, Martínez Quarta (Ignacio Fernández), Jonatan Maidana, Javier Pinola, Milton Casco; Exequiel Palacios, Leonardo Ponzio, Enzo Pérez, Gonzalo Martínez; Lucas Pratto.

Entrenador: Marcelo Gallardo

Boca Juniors: Esteban Andrada; Julio Alberto Buffarini, Carlos Izquierdoz, Lisandro Magallán, Lucas Olaza; Nahitán Nández, Wilmar Barrios, Pablo Pérez; Sebastián Villa (Carlos Tevez), Cristian Pavón (Benedetto); Wanchope Ábila.

Entrenador: Guillermo Barros Schelotto

Árbitro: Nestor Cunha (URU). Asistido por Nicolás Tarán y Mauricio Espinosa (URU).

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