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COPA LIBERTADORES

Copa Libertadores. River Plate derriba a Boca y abraza la gloria en un Madrid efectivo | 3-1

Copa Libertadores. River Plate derriba a Boca y abraza la gloria en un Madrid efectivo | 3-1
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domingo 09 de diciembre de 2018, 23:02h
El gol de Benedetto, al borde del descanso, premió a la mejor mentalidad de los 'Xeneizes', pero el 'Millonario' reaccionó con clase en la reanudación y decretó la prórroga. Los de rojo y blanco conquistaron su cuarto cetro continental con un cañonazo sensacional de Quintero. Por Diego García

Llegó el día reservado para que el fútbol hablara sobre el césped. Al fin. Casi un mes después de que Boca Juniors y River Plate empataran a dos en La Bombonera, en la ida de esta legendaria final de la Copa Libertadores, los colosos argentinos midieron pedigrí en el Santiago Bernabéu. El presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, que regaló a Madrid la posibilidad de ser marco de esta cima histórica del fútbol, proclamó en la previa que "no vamos a parar el balón por los violentos". Y así sería, lejos de diluvios o tormentas de piedras. Fuera de recursos que buscaban vencer en los despachos y de reclamos que se aferraban a su condición de local. Con un verde mucho mejor tratado que en América y una atmósfera neutral que rimaban en la desconextualización de esta emblemática cita.

Marcelo Gallardo, inhabilitado y aclamado gurú de las eliminatorias, tuvo que lidiar con dos bajas clave: la de sus delanteros Santos Borré (sancionado) y Scocco (lesionado). Sólo pudo contar con Lucas Pratto en punta, por lo que decidió aumentar el grosor de su centro del campo incluyendo a Ignacio Fernández como apoyo de Exequiel Palacios, Leo Ponzio, Enzo Pérez y Gonzalo 'Pity' Martínez. Rehuyó el técnico la idea de reproducir la zaga de cinco piezas que implementó el 11 de noviembre, apostando por un mayor control del cuero y, con ello, del timón. Juan Quintero esperaría turno y los carrileros Javier Montiel y Milton Casco debían desgastarse en un ejercicio de ida y vuelta constante. El arquero internacional Franco Armani coronaba el 4-5-1 de circunstancias.

Guillermo Barros Schelotto, por su parte, dispuso de toda la plantilla. Sentó a Rossi para dar la titularidad al portero Esteban Andrada y dejó en el banco a 'Wanchope' Ábila para dar la alternativa a Darío Benedetto -autor de cuatro goles entre semis y final, después de rehabilitarse de una gravísima lesión-. También eligió a Cristian Pavón como extremo. La flecha argentina, baja en el duelo de Buenos Aires, ejercería como puñal en vuelo, al igual que Sebastián Villa. Y en el ecuador del terreno Pablo Pérez, Nahitán Nández y Wilmar Barrios repetían presencia, con Julio Buffarini y Lucas Olaza en los indispensables laterales. Todo ello para nutrir un planteamiento vertical y de músculo que presentaba un choque de estilos intenso y nervioso. Mauro Zárate, Fernando Gago, Ábila y Carlos Tévez aguardarían para entrar en el 4-3-3 prototípico.

Se alzó el telón con las revoluciones por las nubes. Costaría quemar minutaje para desentrañar la voluntad de mando de los 'Millonarios' y de contragolpe 'Xenezie'. Las presiones altas iniciales complicaron la toma de altura del ajedrez. No se despegarían los futbolistas de la tensión inherente a la exigencia con facilidad, dibujando un intercambio de imprecisiones denso, que subrayó el respeto previsto para el prólogo. Antes del cuarto de hora únicamente un error en el despeje de un zaguero de River evocó inquietud en ambas áreas. La acción acabaría con un córner que, tras rebote, confluyó en el derechazo de Pérez que atajó Armani -minuto 10-.

El preeminente cálculo de riesgos perjudicaría a los de Núñez, que adolecían de la velocidad combinativa necesaria para superar a la cohesión interlineal de Boca. En cambio, en torno al 20 de juego alcanzaron a poner el lazo a la guerra de guerrillas e ir dictando un tempo más pausado y una trama más coherente. Menos deslabazada. Un zurdazo de Nacho Fernández a las nubes, en córner lanzado por Martínez, avisó a los del 'Mellizo', cada vez más retrasados. Mas, la pizarra entregaría alivio a los de azul y oro. Primero, en un testarazo fuera de tino de Izquierdoz -minuto 22- y, en segunda instancia, en un centro-chut de Villa sin consecuencias -minuto 24-. Poco a poco se plasmaban las filosofías estudiadas, si bien la sensación de vértigo tras pérdida se sostuvo como latente y mutua, y el presupesto 'bostero' salía a flote.

La creatividad de Palacios, Barrios, Pavón, Martínez y Villa estaba siendo sacrificada. En el entretanto, un astuto ejercicio de presión de Nández -pulmón arodoroso- amortizó un fallo de Ponzio en la frontal de su área. Sobrevino una opción clara de remate para Boca. Con todo River formando una barrera en su área pequeña, el cañonazo de Benedetto cayó en las botas de Pérez, totalmente sin marca. El capitán cruzó demasiado su intento propicio -minuto 31-. El doble descuido defensivo de los 'Millonarios' a punto estuvo de costarles muy caro, pues el propio Nández rozó la redonda mientras que se disponía a embocar el primer gol. Y el derroche anatómico, llevado a la agonía en cada lance, volvería a contaminar cada esquina.

Villa y Martínez alternarían disparos por la vía del contraataque, despertando a Armani y Andrada. Se habían activado los últimos cinco minutos antes del descanso en que se desanudarían los amarres. Delicioso oasis. Y del posible 1-0 llegaría el 0-1. Nández perdió la pelota en el pico de su área, pero el 'Pity' se pasó de largo en el centro posterior, cuando había superioridad de delanteros. Y en la recuperación, el cuero le llegó al uruguayo, que enmendó su apagón con un pase vertical y quirúrgico que dejó a Benedetto en mano a mano con Maidana. Pinola no llegó a la cobertura y el delantero puso la guinda al relámpago de Boca sentando al central y batiendo al portero con clase. Estalló el fondo 'bostero' con el quinto tanto del 'Pipa' en los cuatro partidos decisivos de la Libertadores. Liberándose de la culpa de haber perdonado el 3-2 en la ida.

Al 'Muñeco' Gallardo se le acumuló el trabajo. Sus creativos nunca localizaron huecos en la granítica ocupación de espacios del escuadrón oponente, naufragaron en el control del balón y perecieron en la defensa de su equilibrio. Ganó Schelotto, que hizo mandar al pelaje físico, por lo que River debía enchufar su convicción en el talento para no despeñarse, pues el peligro tras pérdida seguiría ahí. El que fuera fino mediapunta quedó constreñido a decidir si contemporizar o subir las líneas en pos del empate, mas le urgía estrenar fluidez entre los peones de su medular. Pratto podía seguir arrinconado, pero no Martínez y Palacios. No movería el banquillo. Se limitó a ordenar un aumento de la ambición. Y Maidana abrió la espita con un cabezazo elevado en el minuto 47.

Nacho Fernández se erigiría en el ansiado bisturí a la espalda del trivote central contrario. Susurró su crecimiento concluyendo la asociación fulgurante entre Palacios y Pratto con un zurdazo que lamió la escuadra de Andrada. Y, a continuación, el interior emitiría un centro que atajó el meta 'Xeneize', reforzando la mutación del tipo de enfrentamiento anhelada por su delegación. Palacios amplió el vendaval con un lanzamiento desde media distancia que desgastó los guantes de Andrada antes de que Benedetto cosechara una falta en la frontal. El rematador estaba siendo superior en el cuerpeo a los centrales de River. Olaza estrellaría su lanzamiento en el muro, oxigenando a su camarín, mas el 'Millo' no recogió premio a su respingo por criterio del colegiado. Un balón dividido fue ganado por Pratto, que sería arrollado por el meta contrincante. El árbitro no vio penalti y pitó falta del atacante.

No esperó más Gallardo para arriesgar: sustituyó a Ponzio por Quintero -minuto 60-. Metía a un colombiano con alma de mediapunta y suplió a su ancla. Respondería Guillermo incluyendo en la fórmula a Ábila por Benedetto. Apostaba el 'Mellizo' por más músculo y un punta capaz de aguantar pelotazos. Y bajó al barro Boca, salpicando de interrupciones el pentagrama en ese intervalo de monopolio ajeno. Sin embargo, Quintero se había hecho con la escena y Pratto cabecearía sin fuerza un centro de Montiel en el preludio de las tablas. Pavón chutaría al cielo en el único acercamiento del conjunto en ventaja antes de que Fernández y Palacios tejieran una pared sedosa que perforó el cierre 'bostero'. El interior diestro apuró línea de fondo y conectó con su delantero para el merecido 1-1 -minuto 68-. La tribuna 'Millonaria' respiró.

Y la final se tornaría en agónica a falta de 20 minutos para el 90. El disparo del nivel futbolístico de los pupilos del 'Muñeco' se extendió a cada pulgada. Presionaron y se asociaron de manera más coordinada y Boca se recluyó a sujeto pasivo. Comparecerían Mayada -por un tocado Montiel- y Gago -por el lesionado Pablo Pérez-. Y se descubrió el defensor de La Bombonera con una falta indirecta dentro del área rival. Un despeje con la plantilla de su bota de Pinola patrocinó el brete -minuto 79-. El latigazo de Olaza no llegaría a término, ahora bien, forzó que los vatios del combinado de la banda roja se templaran. El respeto a la dimensión de la derrota recuperaría el paisaje del inicio, de camino al desenlace. Por ende, el cansancio y las precauciones dictaminarían la disputa de la inevitable prórroga.

El tiempo extra arrancó con un punto de inflexión. Barrios -impedido para mostrar su técnica-, fue expulsado en el segundo minuto (92). Pisó a Fernández y vio la segunda amarilla, dejando a su esquema con uno menos, a pesar de conocer que Nández arrastraba molestias. Esta circunstancia generó que River volvió a afilar el colmillo y que Villa dejara su lugar a Jara para que los de La Boca se recompusieran en un 4-4-2. Gallardo añadió la chispa de Álvarez -por un exhausto Palacios- y Quintero amenazó con dos zurdazos lejos de diana. Con los 'bosteros' perdiendo tiempo para sobrevivir. Y el recién entrado rasguñó el travesaño a pase del 'Pity' -minuto 103-, aunque el soliloquio arribaría al entretiempo empatado.

A estas alturas parecería que el sistema de los Barros Schelotto contemplaba la épica con horizonte en los penaltis. Nada más. El 'Millo' resaltaba su mandato en una contrarreloj plácida, por la superioridad numérica, cuando Quintero exultó con un disparo que besó las mallas tras tocar el larguero -minuto 110-. El colombiano, que cambió la dirección del viento-, trenzó una circulación en la frontal que él mismo clausuró con una factura bellísima. Amanecieron Carlos Tévez y Zuculini -por Buffarini y el imprescindible Nacho Fernández-, la última bala de los gigantes argentinos. Y el eclipse deparó una traca proverbial en la recta postrera, promocionado por el gen guerrero de Boca: Armani tuvo que emplearse para evitar un tanto en propia meta de Mayada y bloquear un chut venenoso de Gago -antes de volver a lesionarse, por enésima vez-; el portero Andrada se disfrazó de rematador pero no llegaría a la orilla; Jara chutaría al poste en el 121 y el 'Pity' sentenciaría en el 122, para que River Plate degustara un éxtasis sin parangón. Sería condecorado como MVP y Gallardo, magnético en la lectura de los vaivenes, como el mejor técnico en la historia del Monumental -con dos Libertadores en tres años-.

- Ficha técnica:

3. River Plate: Franco Armani; Gonzalo Montiel (Camilo Mayada, m.74), Jonatan Maidana, Javier Pinola, Milton Casco; Exequiel Palacios (Julián Álvarez, m.98), Leonardo Ponzio (Juan Fernando Quintero, m.58), Ignacio Fernández (Bruno Zuculini, m.111), Enzo Pérez, Gonzalo Martínez; Lucas Pratto.

1. Boca Juniors: Esteban Andrada; Julio Alberto Buffarini (Carlos Tevez, m.111), Carlos Izquierdoz, Lisandro Magallán, Lucas Olaza; Nahitan Nandez, Wilmar Barrios, Pablo Pérez (Fernando Gago, m.90); Cristian Pavón, Darío Benedetto (Wanchope Ábila, m.61), Sebastián Villa (Leonardo Jara, m.96).

Goles: 0-1: m.44: Benedetto. 1-1: m.68; Pratto. 2-1: m.110: Quintero. 3-1: m.122: Pity González a puerta vacía.

Árbitro: Nestor Cunha (URU). Asistido por Nicolás Tarán y Mauricio Espinosa (URU). Expulsó al xeneize Barrios por doble amarilla (m.86 y 92). Amonestó a Leo Ponzio (m.27), Nacho Fernández (m.81)m, Maidana (m.83) por River y a Pablo Pérez (m.43), de Boca.

Incidencias: Partido de vuelta de la final de la Copa Libertadores disputado en el Estadio Santiago Bernabéu ante 62.282 espectadores.

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