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AL PASO

Un libro sobre pensamiento político francés actual

martes 11 de diciembre de 2018, 20:04h

El título de la revista de los nuevos conservadores franceses cuyo pensamiento es el objeto del libro de Pascale Tounier, La vuelta del vejo mundo, Le vieux monde est de retour, que glosa Max Lilla en el último número de la New York Review of Books , es Límite. Sin límite, por el contrario, era el lema de la revolución de 1968, “prohibido prohibir”. El límite es el pasado, las circunstancias, los condicionamientos de la naturaleza. También son límite los procedimientos, el concurso de los demás. La impugnación de la razón como único criterio de la actuación política, es la pretensión capital de los nuevos conservadores franceses, que oponen el organicismo al individualismo, la sociedad sabia y compleja a la simple agregación de individuos aislados portadores de derechos. Si queremos resumir su pensamiento diremos que se oponen al liberal cosmopolitismo: rechazan la Unión Europea, el matrimonio homosexual, la inmigración masiva. Pero también los mercados financieros globales, la austeridad neoliberal, la modificación genética, el consumismo y los imperios digitales (Apple, Google, Facebook, Amazon, Mcrosoft).

La intención de Lilla es contraponer el conservatismo francés al americano, insistiendo, en la superior construcción intelectual de aquel, que se expresa en diversas publicaciones y centros: así las tribunas del periódico Le Figaro, el semanario Le Point y Valeurs actuels, magazines como Limite, y páginas digitales o empresas educativas como El Instituto de Ciencias sociales, económicas y políticas. Hay que señalar, ciertamente, la disposición de estos intelectuales a cultivar, dice Tournier, “sensibilidades diversas”, que permite su catalogación como al menos, “antimodernos, anacristos, dandis de derechas, tradismáticos, espiritualistas, realistas, soberanistas, identitarios, declinistas y bioconservadores”. Con gusto citan o recurren a la ayuda de pensadores de izquierda, hablemos de George Orwell, Simone Weil, Proudhon, Hannah Arendt o el filósofo católico ex-marxista Alasdair Macintyre de quien gustan recordar su frase “el desarraigo acaba con todas las raíces, per no con la necesidad de las mismas”. Comparten con Antonio Gramsci la idea expresada en sus Notas de la Cárcel de la hegemonía cultural. “Antes de ganar en las urnas, hay que ganar en las mentes”. Son también ambientalistas. La revista Límite se titula “revista de ecología integral”. Algunos han abandonado la ciudad, escriben sobre su experiencias llevando granjas orgánicas, mientras denuncian los negocios con la agricultura, las cosechas genéticamente modificadas y la suburbanización del campo por este procedimiento. Comparten la encíclica del Papa Francisco sobre el pensamiento social acerca del medio ambiente y la justicia económica, concluye Lilla. Sus planteamientos económicos son algo confusos. Aunque abominen de los peores efectos de la globalización, como el desarraigo y el multiculturalismo, no pueden renegar de ella, como miembros de la clase social a la que la mayoría pertenecen. “Como decir no al capitalismo, cuando sus padres son banqueros”

En relación con su catolicismo que impregna sus ideas sobre la sexualidad y el matrimonio, desde luego, así su oposición al aborto ,o el matrimonio homosexual, cabría tildarlo de funcional. Así este catolicismo se hace identitario. Dice Tournier: “una de las características y no de las menores, ahora que las iglesias se vacían es que muchos se confiesan católicos. No es más que un barniz sociológico, pero con una importancia estructural. Más que su fe reivindican su raíces y la cultura cristiana de Francia frente al crecimiento del islam en la sociedad. Se trata de católicos identitarios”. Yo creo que este catolicismo, que permite a la vez que dirigirse a un importante sector de la población, como el que concurrió a algunas movilizaciones bastante espectaculares del pasado (así la Manif pour tous frente a la promesa de Hollande del Matrimonio para todos, en 2013) o los votantes a favor de Fillon en las recientes elecciones presidenciales de 2017, humanizar el mensaje político retomando la idea del bien común, la atención al otro y los más frágiles, como predica la doctrina social de la Iglesia, no conecta con todo con el mejor pensamiento espiritual cristiano. En el libro de Pascale Tournier, por ejemplo, solo he encontrado tres referencias al pensamiento personalista de Emmanuel Mounier y a su importante revista L´Esprit. Nada que ver entonces con católicos por el socialismo o cristianos de izquierda. Quizás solo una renovada, y más leída, democracia cristiana de los nuevos tiempos, con una incomprensible renuncia al europeísmo de la derecha católica al día.

Estamos hablando evidentemente de un grupo de intelectuales-Bellamy, Bock-Côté, Levet, Strauch-Bonart- cuya pretensión última es la intervención en la política. Por muchas razones su opción no puede ser Macron, cuya artificialidad e idealismo (en el peor sentido) no comparten. Lilla y Tournier, creen que el liderazgo lógico del grupo corresponderá a Marion Maréchal -Le Pen. La nieta de Le Pen, pero sin relación política alguna con su tía Marine. Su significación dependerá de su evolución. Lilla cree posible que el grupo se incline por la recuperación de los planteamientos reaccionarios de comienzos del siglo XX de Charles Maurras, enlazando también con los nacionalistas de Vichy, para engrosar a los actuales lideres populistas de la Europa Oriental y Occidental. Pero cabría otra posibilidad y es que esta gente consolidase en Francia el actual sistema liberal europeo jugando como una fuerza conservadora que contuviese a la furiosa ultra derecha, precisamente subrayando el peso de la tradición, la solidaridad y el cuidado por la Tierra.

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