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CAMBIO CLIMÁTICO

Luces y sombras de un 2018 poco ambicioso en la lucha contra el cambio climático

El incendio Carr asoló este verano los bosques de California, acabando con la vida de ocho personas.
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El incendio Carr asoló este verano los bosques de California, acabando con la vida de ocho personas. (Foto: Montaje propio)
Eduardo Villamil
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eduardovillamilelimparciales/16/7/16/28
miércoles 02 de enero de 2019, 11:13h
El bloqueo de países como EEUU o Rusia relativiza el éxito de la cumbre del clima de Katowice, donde se alcanzaron importantes acuerdos técnicos pero pocos compromisos políticos.

El cambio climático se ha convertido quizás en el problema más acuciante al que hace frente la humanidad. A pesar de que, en un principio, ciertos sectores se situaron en posiciones negacionistas, los innumerables trabajos y metaestudios científicos que se han ido elaborando a lo largo de las últimas décadas no sólo ratifican su existencia, sino que responsabilizan directamente al ser humano. Actualmente, alrededor de un 95% de la comunidad científica admite el efecto antropogénico -influencia humana- en el calentamiento global.

Sin embargo, este consenso cuasi absoluto en el ámbito científico no acaba de tener una plasmación en el terreno político, como se ha podido ver en la última cumbre del clima -COP24- de Katowice -Polonia-. Tras 13 maratonianas jornadas de negociación, el acuerdo final al que han llegado los casi 200 países que han participado no ha sido "todo lo ambicioso" que muchos hubiesen querido, tal y como ha expresado la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera.

En Katowice se debían haber alcanzado dos objetivos: por un lado, desarrollar mediante reglamento el Acuerdo de París -que fijaba compromisos de reducción de emisiones demasiado genéricos-; por otro, firmar una declaración conjunta suscribiendo el último -y duro- informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático -IPCC-.

El Acuerdo de París estableció un marco negociador, donde se fijó un techo insoslayable de 2 °C, lo que, presumiblemente "reduciría considerablemente los riesgos y el impacto del cambio climático", como se indica en el propio documento. En Katowice se debía decidir cómo aplicar ese primer pacto. Y se ha conseguido, aunque no totalmente.

El polémico mercado de carbono

En las casi 120 páginas del documento, se especifican las nuevas normas que regirán en materia de transparencia, financiación, adaptación y recortes de emisiones de gases de efecto invernadero. Aunque para algunos analistas, que 197 países hayan suscrito el reglamento ya resulta milagroso, otros lo ven insuficiente. Sobre todo, porque la regulación de los mercados de carbono -donde los países con muchas reservas forestales venden sus derechos a las naciones más contaminantes- se ha postergado hasta la próxima cumbre -que tendrá lugar en Chile en este 2019-, debido a la tajante negativa de Brasil, el mayor exportador de derechos de emisión del mundo.

El país del Amazonas es el segundo del mundo por superficie forestal. Esto implica que posee una ingente capacidad para transformar el CO2 en oxígeno, lo que, a su vez, se traduce en mucho dinero. Dinero al que el recién elegido gobierno de Bolsonaro no piensa renunciar tan fácilmente.

Emisiones de CO2 por países.

La declaración final de Katowice -llamada 'decisión', ha provocado no menos polémica. En teoría, este documento debía servir para que los 197 países participantes -que deben decidir por unanimidad- fijasen un sólido compromiso para reducir sus emisiones. Mientras algunas naciones, como las europeas, insistieron en situar el último informe del IPCC en el centro del debate, otras, como Estados Unidos, Arabia Saudí, Rusia o Kuwait, restaron importancia al documento, bloquearon la negociación y se negaron a revisar al alza su contribución. "Eso es lo que falló", remarcan fuentes del ministerio para la Transición Ecológica.

En este informe, el panel internacional de expertos advierte de que, al actual ritmo de emisiones, la temperatura global del planeta subirá al menos 1,5 ºC, entre 2030 y 2052. Para evitar este escenario, el IPCC instaba a las naciones del mundo a reducir sus emisiones en un 45 % en los próximos años y a 0 antes del 2055. Debido a las presiones de Riad y Washington las referencias finales a estos recortes se han eliminado de la declaración.

Las cifras

Según los datos de la NASA, desde 1968 la concentración de CO2 en la atmósfera ha pasado de 322 a 410 partes por millón -PPM-, lo que supone un incremento del 21,5 % en medio siglo.

De forma paralela, la temperatura global del planeta ha aumentado 1 ºC, con una media de 0,2 ºC por década. Los últimos 17 años han sido los más cálidos en el registro de 136 años. De ellos, 2016 se sitúa como el más caluroso.

En consecuencia, el nivel de las aguas han 'ganado' 240 mm desde 1870, primer año del que se tienen registros.

A pesar de que los datos dejan pocas dudas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sigue coqueteado con la idea negacionista del cambio climático: "No me lo creo". Con esas cuatro palabras el inquilino de la Casa Blanca despachaba a finales de noviembre de 2018 un durísimo informe elaborado por 13 agencias federales de su propia Administración. A lo largo de las más de 1.600 páginas de esta cuarta "Evaluación Nacional sobre el Clima" los 300 científicos que firman el documento advierten del "aumento de las temperaturas y precipitaciones extremas", la "reducción de las capas de nieve" o la "subida del nivel del mar".

Estas irresponsables declaraciones no sorprenden, sin embargo, si se tienen en cuenta la cercanía del presidente con la Industria del petróleo: "Nunca me preocupó el deshielo del Ártico hasta que un amigo del petróleo me llamó", comentaba el presidente el pasado mes de febrero.

Según el último informe de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica -sí, otra agencia estadounidense- la temperatura del Ártico se está incrementando al doble de ritmo que en el resto del planeta, superando en los últimos cinco años -2014-2018- todos los registros anteriores al año 1900. Esto ha provocado que el hielo marino haya retrocedido un 12,8 % en la última década.

En la Antártida, la otra gran masa de hielo del planeta, las pérdidas de hielo se han triplicado desde 2012, incrementando los niveles globales del mar en 3 milímetros solo en ese período y 7.6 mm desde 1992, de acuerdo a la evaluación de clima internacional, financiada por la NASA y la ESA -Agencia Espacial Europea-.

El futuro

El último informe del IPCC no deja lugar a dudas: si las emisiones de CO2 no se reducen a 0 antes de 2055 el calentamiento global del planeta superará -como mínimo- 1,5 ºC, con respecto a los niveles preindustriales.

Esta, a priori, pequeña variación de la temperatura, podría tener consecuencias catastróficas e imprevisibles para el mundo tal y como lo conocemos. Cuando se habla de 'cambio climático antropogénico' hay que tener en cuenta que todo en nuestro planeta -y también en el universo- funciona como una reacción en cadena. En este caso, del primer eslabón -las emisiones de gases contaminantes- se deriva un aumento de las temperaturas, que a su vez, provoca el deshielo de los casquetes polares, lo que se traduce en un aumento del nivel del mar y en la consecuente alteración de la línea de costa.

Los mares son un agente fundamental a la hora de absorber las emisiones y transformarlas en oxígeno. Pero esta labor 'no sale gratis'. A medida que el mar absorbe gases contaminantes se va acidificando más y más. Esto, según se ha demostrado en diferentes estudios, altera la calidad del plancton, base de la cadena trófica marina. En resumen, esta gran bola de nieve volvería a nosotros en forma de pérdida de recursos marinos.

Claro que esta solo es una posibilidad de las muchas sugeridas por los expertos, entre las que se incluyen: inhabitabilidad de diferentes zonas del planeta, aumento de la frecuencia de fenómenos extremos -como olas de calor, huracanes, tifones...-, hambrunas, regreso de algunas plagas antiguas, incremento de muertes por el smog, merma de las capacidades cognitivas por la triplicación del CO2, etc.

A pesar de que desde el Ministerio para la Transición Ecológica califican de "éxito" lo logrado en Katowice, reconocen que es esencial y "obligatorio" que en este 2019 se regulen los mercados de carbono. Una ardua negociación que tendrá lugar en la próxima cumbre del clima que se celebrará en Chile.

Nada de lo acordado en Katowice o Chile tendrá un efecto palpable en términos de emisiones al menos hasta pasado el 2020, año desde el cual se empezará a aplicar lo dispuesto en París. Será a partir de esa fecha cuándo podremos comenzar a dilucidar de una vez por todas si el maremágnum de cumbres, reuniones, acuerdos, tratados y declaraciones internacionales han surtido un efecto real, o si, por el contrario, debemos poner aún más empeño en luchar contra nosotros mismos para proteger el planeta.

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