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"El caos argentino"

domingo 27 de julio de 2008, 20:35h
“La realidad económica es compleja, pero no explosiva”. Con estas palabras definía hace un par de semanas un conocido economista argentino la situación de su país. Pero me temo que el reciente fracaso de la presidenta de la República, al no conseguir que el Senado aprobara su proyecto de impuestos a la exportación de productos agrarios, ha complicado bastante la situación. Pero la pregunta relevante aquí no es tanto si la economía argentina puede sufrir una crisis como por qué el país no está creando unas bases sólidas para un crecimiento acelerado en un marco internacional que le resulta extraordinariamente favorable.

Entre los aspectos positivos que presenta hoy la economía del país está una alta tasa de crecimiento sostenido a lo largo de los últimos años, que ha permitido reducir el paro de forma sustancial y elevar el nivel de vida de gran parte de la población, que había caído de manera espectacular tras la crisis del peso de 2001. Por otra parte, para un país productor de petróleo y cereales, la fuerte subida del precio internacional de estas mercancías ha supuesto no solo la entrada de divisas, sino también un enriquecimiento importante del país en relación con el resto del mundo.

Hay también datos preocupantes, sin embargo. En primer lugar, todo el mundo es consciente que la bonanza de los mercados de petróleo y productos alimenticios no va a ser permanente. Una crisis económica internacional podría hacer caer los precios de los bines que se exportan desde Argentina y producir un cambio brusco en el saldo de la balanza de pagos. Pero casi todo el mundo está de acuerdo en que la principal amenaza para la economía argentina está en su vida política. En los últimos meses el prestigio de la presidenta de la república ha caído de forma radical. Siguiendo una línea que nos resulta familiar en España, su gobierno niega los problemas económicos y trata de desviar el interés de la opinión pública hacia cuestiones como la represión en la dictadura militar o las relaciones con algunos de los regímenes más radicales de la región. Sólo un ejemplo. El pasado 9 de julio, día de la independencia, Cristina Kirchner defendió en Tucumán la necesidad de seguir luchando por la “independencia” de América Latina – no se sabe muy bien, contra quién – y se negó a asistir al tradicional Te Deum que celebró el obispo en la catedral. Por otra parte, algunos datos económicos son manipulados de forma tal por el gobierno que la inflación real que se estima en un 25% – con expectativas de crecimiento en los próximos meses – dobla la cifra oficial. Y esto supone, entre otras cosas, un impuesto encubierto a los tenedores de la deuda, que en un 40 por ciento, aproximadamente, está indexada por la tasa de inflación.

La crisis del campo, que ha ocupado las primeras páginas de los periódicos durante semanas, ha sido gestionada de manera torpe; y su final no ha podido ser más desdichado para la presidenta. Pero además el país ha quedado muy tocado por un conflicto que ha mantenido cortadas las carreteras durante semanas. La actividad sindical – o gremial, en la terminología nacional – continúa siendo desconcertante para quienes viven fuera del país. Hace sólo unos días conseguí salir del aeropuerto de Córdoba para enlazar con un vuelo a España en Buenos Aires gracias a un avión de Lan Chile, porque los gremios de Aerolíneas Argentinas se habían constituido en asamblea y paralizado las actividades de la compañía. Y todo ello en una situación en la que se habla abiertamente de intervenir la empresa – hoy controlada por capital español – y de dar entrada a conocidos de Nestor Kirchner, cuya fortuna personal se ha convertido en tema habitual de conversación entre los argentinos.

Pocos de estos problemas son nuevos ciertamente. Argentina es un país con enormes recursos naturales y una población relativamente pequeña y bien formada. Pero su sector público y su clase política – en pocos casos se puede utilizar este término con mayor precisión – constituyen un auténtico obstáculo al desarrollo de un país que podría tenerlo todo a su favor en el mundo actual.

Francisco Cabrillo

Catedrático de la Universidad Complutense

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