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CONSPIRACIÓN PARA LA REBELIÓN

sábado 09 de febrero de 2019, 18:00h
Ante un caso de tantas aristas hirientes como el procés, la Justicia debe esforzarse al máximo para no resultar...

Incontables reproducciones en las redes sociales de este artículo de Luis María Anson aparecido en el diario El Mundo. Lo publicamos a continuación.

Ante un caso de tantas aristas hirientes como el procés, la Justicia debe esforzarse al máximo para no resultar vengativa o sectaria sino serena, equitativa y proporcional. La incidencia en el futuro político de España es evidente. Los magistrados deben caminar con pies de plomo candente, acentuando si cabe su independencia y extremando el sentido de la realidad. Cervantes, por boca de Don Quijote en su discurso a los cabreros, elogia a aquella Justicia a la que no osan turbar ni ofender “los del favor o los del interés” y en la que “el fraude, el engaño o la malicia no se mezclan con la verdad y la llaneza”.

Juristas de fuste piensan que el delito al que atenderán los jueces, una vez estudiado el procedimiento, no es propiamente la rebelión sino la conspiración para la rebelión. Las condenas si las hubiere, se apuntarían a esa forma delictiva. Los tribunales europeos a los que apelarán los encausados difícilmente aceptarán el delito de rebelión y sí, en cambio, la conspiración para la rebelión. Sería lamentable para el prestigio de la Justicia española que la europea casara una sentencia de nuestro Tribunal Supremo. No hace falta subrayar la gravísima repercusión política que tendría en España. Hay que evitar esa máxima radical del “fiat iustitia et ruat coelum”, hágase justicia y que se hunda el cielo.

El asunto que tiembla entre las manos de jueces y magistrados es pólvora a punto de arder. La menor ligereza podría provocar la deflagración. La Justicia exige que los magistrados puedan administrarla de forma independiente y conforme a lo que establecen las leyes derivadas de la voluntad general libremente expresada, como corresponde a una democracia pluralista plena. La prudencia debe acompañar a la Justicia para que las llamaradas de la situación política no provoquen el gran incendio.

No existe conciencia clara en la opinión pública de la gravedad extrema de la situación. Estoy seguro, sin embargo, de que la profesionalidad de los jueces sabrá enfrentarse con los aspectos más inquietantes que rodean al procés. “Menos mal hacen los delincuentes que un mal juez”, escribió sagazmente Francisco de Quevedo. Por fortuna, los magistrados del Tribunal Supremo se caracterizan por la calidad jurídica, la seriedad y la responsabilidad.