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TRIBUNA

Venezuela. Es la Geopolítica, estúpido

Diana Plaza Martín
sábado 09 de febrero de 2019, 21:00h

Parafraseando al asesor de Bill Clinton, Jean Carville, en su famosa frase «The economy, stupid», voy a hablar de nuevo sobre Venezuela.

Con «es la economía, estúpido», el estratega condensó a principios de los noventa la idea de que, si se quería ganar al por aquel entonces considerado imbatible Bush padre, había que dejar de centrarse en lo que éste había sido incontestable: a saber, la política exterior (Guerra Fría y del Golfo). El cambio de estrategia significó, grosso modo, poner el foco sobre los aspectos domésticos y dejar de lado todo lo relacionado con ser una gran potencia mundial. Es decir, algo muy similar a lo que llevó a la presidencia a Donald Trump.

En el caso venezolano, sin embargo, creo que sucede lo contrario. Desde el 23 de enero, día en que el presidente de la Asamblea Legislativa, Juan Guaidó, se autoproclamó presidente del país al estilo de Crónica de una muerte anunciada, es decir, buscando la fecha simbólica (el derrocamiento del dictador Marcos Pérez Jiménez en 1958) y habiendo preparado el escenario internacional para que el hecho se vendiera como una reacción de emergencia y no como lo que es, un acto premeditado, los análisis se han centrado en la naturaleza ética y legal de la crisis y poco han dicho sobre el meollo geopolítico.

Pareciera como si realmente creyéramos que la situación venezolana es como en la novela de Gabo, un choque entre la casualidad y el destino por el que los Estados Unidos de Trump realmente están preocupados por los derechos humanos y la democracia en el mundo.

Teniendo en cuenta que la política estadounidense de seguridad está basada en el principio del America first, y que su presidente considera que es necesario construir un muro en su frontera sur para evitar que la violencia y la depravación se instalen en su país con la llegada de ciudadanos de la región de América Latina, a primera vista esa tesis no me parece verosímil.

Poniéndonos algo teóricos, lo que trato de decir es que estamos en el plano de la realpolitik, esto es, la diplomacia basada en los hechos reales y no en los preceptos morales o ideológicos. Traducido al venezolano, quiere decir que EEUU no interviene Venezuela para proteger a su pueblo de los abusos de poder, ni de las carencias —de lo contrario no habría impuestos, sanciones, ni embargos para asfixiar al país, supongo—, o para restablecer la democracia, sino que interviene por los intereses económicos que tiene en ella, los cuales, como todos sabemos, están relacionados con el petróleo de la nación con la mayor cantidad de reservas probadas.

Asimismo, en el caso de la UE es un poco similar. A Europa, y particularmente a España, no le interesa una región latinoamericana que quiera implementar un desarrollo basado en la cooperación Sur-Sur dirigida por el Estado, sino que le es más atractivo un modelo basado en la inversión extranjera directa de las empresas transnacionales o de las instituciones financieras regidas por sus capitales. Nuevamente, traducido al venezolano, con el cambio de signo político en la mayor parte de la región a la derecha en los últimos años, Venezuela, junto a Bolivia, Nicaragua y Cuba, son de los pocos que quedan interesados en el primer modelo y de ellos Venezuela es por mucho el más potente.

En resumen, a ninguno de los actores internacionales que en este momento muestran preocupación por Venezuela les interesa realmente lo que dicen, ya que, por esa sencilla regla de tres, se tendría que estar interviniendo en otras partes del globo terráqueo.

Creo, queridos lectores, que sigue siendo la economía…y China.

Diana Plaza Martín

Coordinadora Maestría en Relaciones Internacionales Instituto Ortega y Gasset México

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