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EL MUERTO QUE VOS MATÁIS GOZA DE BUENA SALUD

sábado 16 de febrero de 2019, 17:57h
Pablo Casado y Albert Rivera cometerían un inmenso error si creyeran que Pedro...

Pablo Casado y Albert Rivera cometerían un inmenso error si creyeran que Pedro Sánchez está derrotado. Es verdad que declaró cien veces su propósito de agotar la legislatura y que no le ha quedado otro remedio que rendirse porque los secesionistas catalanes machacaron en el Congreso su proyecto presupuestario y porque Pablo Iglesias anunció que sin Presupuestos se hacía imprescindible convocar elecciones generales. Pedro Sánchez, consternado, inclinó la cerviz. Algunos dirigentes del PP, algunos de Ciudadanos certificaron su defunción el miércoles pasado. Pero “el muerto que vos matáis goza de buena salud”. El líder del PSOE se ha lanzado otra vez en tromba a una frenética actividad para ganar las elecciones, dispuesto a gobernar con Podemos y los secesionistas e, incluso, si resultara viable, con Ciudadanos.

El lunes pasado recordaba yo en el diario El Mundo: “Me ha engañado -declaró Felipe González-. No tenía ningún motivo para hacerlo, pero lo ha hecho”. Verano de 2016. Pedro Sánchez mintió a Felipe González sobre su posición ante la investidura de Rajoy. El veterano líder socialista reaccionó sin pausa, y tal vez con ira, y escabechó de Ferraz, con patatas cocidas a las finas hierbas, a Pedro Sánchez. Analistas del más vario pelaje certificaron la defunción política de la joven promesa. El cadáver, sin embargo, gozaba de buena salud. Pedro Sánchez es una roca y por su dura impavidez siempre han resbalado los más intensos aguaceros: descalificaciones, manifestaciones, acosos, presupuestos y cercos mediáticos. Desdeñar a Sánchez es un error, un inmenso error.

“El presunto cadáver político -continuaba yo en El Mundo-“ abandonó Ferraz, se entendió con el inteligente Pablo Iglesias, desafió a González y se presentó a las primarias derrotando de calle a Susana Díaz, una pobre infeliz que actuó con prepotente ligereza. De vuelta a su despacho de Ferraz, preparó la moción de censura y trasquiló a Mariano Rajoy, que sesteaba sobre el relativismo político en su palacio monclovita, refugiado en la máxima arriólica: “No hay que hacer nada porque el tiempo lo arregla todo y lo mejor es tener cerrado el pico”. Prometió Sánchez en la sesión de investidura lo que no pensaba cumplir porque había decidido permanecer en la silla curul de Moncloa hasta agotar la legislatura. Pablo Iglesias estuvo a punto de sorpassar al PSOE y convertirse en el líder de la izquierda española, así es que Sánchez se lanzó en tromba, y con cualquier pretexto, a los canales televisivos y ha embalsado ya incontables horas de televisión, lo que repercutirá en las votaciones. Nunca fue un presidente del Gobierno sino un actor que interpreta el papel de presidente del Gobierno, una roca por la que todo resbala, dispuesto siempre a tragarse carros y carretas, riveras y casados, torras y barones socialistas irritados y contritos. A lo largo de las cuatro décadas de democracia, no ha tenido España un político tan rocoso como Sánchez”.