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JORNADA 26

El astuto Barcelona expulsa al Real Madrid del optimismo y de LaLiga | 0-1

El astuto Barcelona expulsa al Real Madrid del optimismo y de LaLiga | 0-1
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sábado 02 de marzo de 2019, 22:36h
Valverde modificó su paleta y Solari, no. Los líderes evolucionaron y apocaron a un rival repleto de dudas, impotencia y falto de fuelle. Por Diego García

En pleno hacinamiento de partidos, el Real Madrid y el Barcelona se volvieron a ver las caras tres días después del 0-3 copero cosechado por los catalanes. De nuevo en el Santiago Bernabéu, pero este sábado se citaban con motivo del examen de las candidaturas al título liguero. Las urgencias estaban todas del lado merengue, pues una derrota o un empate casi les apearía de la mencionada carrera por la cima del torneo de la regularidad. Es por ello que los visitantes, que se presentaron con la autoestima por las nubes, competirían motivados -sacar a la némesis de dos torneos en un pestañeo no es poca cosa- pero sin prisas ni nerviosismo. Todo lo contrario que los locales.

Prueba de ello fue la apuesta de Santiago Solari. A pesar de jugarse la temporada en una semana -semifinal de Copa, este envite en Liga y la vuelta de los resbaladizos octavos de final de Champions ante el Ajax-, el argentino no repartió descanso y reprodujo la nómina de jugadores que dominó al coloso azulgrana en el primer tiempo del enfrentamiento precedente. Sólo incluyó dos modificaciones: Courtois volvió a la titularidad y Bale suplió a Lucas Vázquez, modificando el dibujo hacia un 4-3-3 más vertical que controlador. Y menos equilibrado. La falta de pegada que les condenó fue interpretada por el estratega, que metió al galés y al vértigo en la fórmula. Dejando a Marcelo en la estacada, otra vez, y colocando a Varane -maltrecho- en el centro de la zaga. El ritmo y la concentración debían conjugarse, según pautaba el planteo previo. Con peligro de fundir a sus efectivos.

Ernesto Valverde, que había restado importancia al éxtasis copero, viró su filosofía y fijó a Sergi Roberto como lateral diestro, tratando de taponar el desborde de Vinicius -principal arma madrileña-. Quedó vacío su escaño en la medular y sería ocupado por Arthur, en un síntoma de un volantazo algo más tendente a la acumulación de posesión. Asomaba un duelo de estilos, pero en la contrastada versatilidad con y sin pelota de los dos gigantes del fútbol español no cabía la rigidez. Lionel Messi, Luis Suárez y Ousmane Dembèlè repetían como punzones a la contra o en estático. Coutinho y Arturo Vidal esperarían turno, como Isco y Asensio.

Y la trama arrancó con los barceloneses evidenciando que habían aprendido del combate previo. En lugar de dejarse dominar por el intento de incendio capitalino, también subieron la presión y adelantaron sus líneas. De este modo evitaron que la hiperactividad local les desbordara nuevamente, protegiéndose en fase defensiva y dibujando una exigencia de precisión y valentía posicional globales, ya que los pupilos de Solari calcaron su ejecución inicial copera. Y, en ese paisaje de espacios reducidos en la medular, los dos aristócratas se vieron amenazados desde temprano. El cálculo de riesgos tenía precio.

Primero, Busquets perdió el cuero en la salida de juego, desencadenando una conducción de Kroos que fue frenada por el mediocentro español en falta. El lanzamiento posterior desde la frontal, efectuado por Bale, se iría por encima del larguero -minuto 4-. En segundo término, Casemiro marró un pase que Messi traduciría en asistencia hacia Suárez. Varane interceptó, in extemis, la maniobra. Y en el 9 y en el 13 los madridistas amortizarían la falibilidad en el cierre de la espalda catalana. Un pase en profundidad de Reguilón ofreció a Benzema un zurdazo demasiado cruzado y una falta lateral, provocada en transición, confluyó en la volea de Varane repelida por Lenglet.

El Barça alternaba relámpagos, con Jordi Alba y Dembèlè haciendo daño en el perfil de Carvajal -desprovisto de las obligadas ayudas y coberturas de Bale-, con la intentona sostenida por domar el tempo y combinar en estático. Se atravesaba el minuto 20 con síntomas de desamarre táctico, siempre por el cauce de los acelerones exteriores y metiendo el colmillo a las hectáreas por recorrer que dejaban las dos líneas defensivas. La coordinación tras pérdida tardó en activarse más por parte de los visitantes, mas el minutaje fue abonando el dominio azulgrana de la redonda. Y Messi, en el 19, asustó a la tribuna. Pescó una serie de rebotes y quedó en mano a mano con Courtois. No daría la dirección adecuada a su vaselina y se mantuvo el 0-0. Recordando a la delegación de Chamartín que ellos también sangran si sus líneas no se juntan en fase de repliegue.

Vinicius, apagado, reclamaría focos al contraataque. Sentaría a Piqué y emitió un centro que, tras pasar por Benzema, devino en el derechazo de Modric que bloqueó Lenglet -minuto 21-. En cambio, acabarían impedidos y su abrazo del modelo pasivo, de cierre y salida, promocionó la ganancia de confianza de Arthur y el centro del campo se pintó de azulgrana. En ese escenario, que refutaba la negación definitiva del plan energético y físico del 'Indiecito', la calidad brotaría para desnivelar el electrónico. Sergi Roberto y Rakitic trazaron una pared que desnudó la descolocación de Sergio Ramos, Kroos y Casemiro. La argucia entre líneas mostró las suturas merengues y el croata batió a Courtois con un toque elevado, sutil y de seda -minuto 26-.

Reaccionaría con orgullo el vigente campeón de Europa, que estaba siendo peor y no recogía premio. Mas, ni el derroche anatómico ni la concentración eran similares al primer acto del capítulo copero, todavía fresco, con lo que su respingo se limitaría a amontonar centros laterales que hicieron grande a Piqué. Como su presión y cohesión de líneas no rimaban en lo colectivo, perderían el empuje e invitarían a los barceloneses a sentenciar a las primeras de cambio. Antes del intermedio, y entre los pitos racheados del graderío, Courtois salvaría a los suyos al despejar un derechazo claro de Suárez y un rechace embocado por Messi -minuto 36-. El argentino enviaría una falta lamiendo la cruceta -producto de la lentitud de Casemiro- y la distancia en la chispa y convicción coral en la idea de juego entre los dos conjuntos se subrayó explícita. El Madrid, más roto tácticamente de lo pronosticable, ejercería de extra en el guión y ganar el túnel de vestuarios con esa desventaja constituiría un triunfo.

Sin lógica colectiva, la influencia de Modric, Benzema, Bale y Kroos se diluyó. Les costaba un mundo recuperar el cuero y cuando lo hacían les faltaban soluciones y lucidez. Un disparo de Vinicius que salió por saque de banda y un testarazo de Modric desatinado, tras centro de Carvajal, bajarían el telón de una presentación angustiosa para su afición. No quedaba ni rastro de la sensación de pujanza paladeada a comienzos de febrero y los fantasmas que agujereaban la atención a lo táctico renacieron en el peor momento. La comodidad del Barça y el acierto del 'Txingurri' gobernaban el merecido festejo parcial culé. Se había jugado a lo pensado por el técnico extremeño y Ter Stegen no se desesperezaría.

En esa tesitura, Solari decidió proseguir con la inercia y no optar por una convulsión, aunque no habían resultado superiores en ninguno de los parámetros perseguidos -presión, robo, pase, físico y cierre-. No movió piezas al tiempo que Messi bajaba para robar el esférico a Kroos -un retrato de la noche-, pero la flacidez catalana en la reanudación nutriría la fe de los locales. Retrasaron líneas los líderes ligueros, que serían atrincherados. La esencia volvía a pasar por la lucha madrileña por disparar las revoluciones y la querencia visitante por anestesiarlo todo por medio de la recomposición de su monólogo. Sólo dos errores de Carvajal, que lanzaron a Suárez y Dembèlè a la contra, constituyeron un salto de página.

Entrarían Fede Valverde y Asensio por Kroos y Bale -muy grises-, y Stegen y Courtois participaron ante los golpeos decontextualizados de Benzema y Dembèlè. En el 60, Rakitic cometió un error garrafal -perdió la pelota en su área- y Vinicius perdonaría, con cruce proverbial de Lenglet. Se deslavarazía la intención combinativa de los barceloneses, complacidos con jugar en largo para que el tridente se las apañara entre la incertidumbre de la defensa capitalina. Había aterrizado una anárquica concatenación de escaramuzas, producto de las cuentas pendientes, que dejaron empujones, codazos -Ramos pudo ser expulsado por un golpe a Messi-, desorden y densidad antes del desenlace. Con el Barcelona mucho menos comprometido con el esfuerzo y sostenido por Piqué -inconmensurable-. 'La Pulga' yacía desenchufada y toda su delegación, dormida.

Reguilón y Carvajal se comportaban como extremos, con Benzema, Vinicius y Asensio en la mediapunta y Modric -desacertado- y Fede Valverde distribuyendo -sin éxito ni velocidad-. Sin embargo, las porterías fueron arrinconadas por demérito de la creatividad local y la indolencia de los delanteros visitantes. Y en esas, Valverde inyectó el músculo de Arturo Vidal y sus jugadores al fin elaboraron una asociación horizontal y prolongada. El resultado de ese movimiento fue el trueno angulado de Dembèlè que pudo significar los tres puntos. El chileno entraría por Arthur -sensacional- justo antes de que Vinicius ensanchara su bagaje de tiros fuera de palos. La presencia del doble campeón de la Copa América se haría notar como el guerrero que torpedeó a la voluntariosa juventud madridista.

Quedaba un cuarto de hora y el Madrid, en la reserva de energía, no pasaba de intentar chuts desde media distancia, en pleno desplome del oxígeno. La épica no arribaba en la contrarreloj a la que se había abocado el sistema de Concha Espina y Solari dio la alternativa a Isco -entró por Casemiro-, en un cambio ultra ofensivo comprensible ante el contexto. Respondió Valverde supliendo a Dembèlè -fuera de sintonía- por Coutinho, anhelando recobrar el patrón del juego que todavía estaba disperso. No lo conseguiría, quedando a medias entre la labor de contrarrestar el corazón de Reguilón, Asensio, Valverde y Modric y la vertiente contragolpeadora ante un conjunto capitalino entregado al empate. Dejando hueco a la irresolución. La montonera de centros laterales, un derechazo de Benzema -atajado por Stegen- y la pobre finalización blaugrana aferrarían el 0-1 al minuto 90. El erosionado decantar vería participar a Semedo -por Busquets- y agonizar a un bloque madridista derrengado y que sale de los 'Clásicos' fuera de la Copa y de la Liga. Presa de una impotencia notable -con la iniciativa o sin ella, dominando y corriendo, no pueden con el Barça y quedan a 12 puntos-. Messi, paseante, no sentenciaría en el descuento por muy poco, antes del paroxismo culé. Por enésima ocasión, ganaron sin brillantez y casi por inercia.

- Ficha técnica:

0 - Real Madrid: Courtois; Carvajal, Varane, Sergio Ramos, Reguilón; Casemiro (Isco, m.75), Kroos (Valverde, m.56), Modric; Bale (Marco Asensio, m.61), Vinicius y Benzema.

1 - Barcelona: Ter Stegen; Semedo, Piqué, Lenglet, Jordi Alba; Busquets (Semedo, m.91), Rakitic, Arthur (Vidal, m.71); Messi, Luis Suárez y Dembélé (Coutinho, m.78).

Gol: 0-1, m.26: Rakitic.

Árbitro: Undiano Mallenco (Comité Navarro). Amonestó a Ramos (61), Asensio (82) y Carvajal (89), por el Real Madrid; y a Busquets (2) y Lenglet (63), por el Barcelona.

Incidencias: encuentro correspondiente a la vigésima sexta jornada de la Liga disputado en el estadio Santiago Bernabéu ante 78.921 espectadores.

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