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POR LIBRE

Vox irrumpe en los bloques

domingo 24 de marzo de 2019, 19:43h
Vox se ha erigido en el protagonista del maratón electoral. La conmoción en la vida política por su irrupción se parece mucho a la que en 2015 protagonizó Podemos. El populismo les une, más que los extremismos; que también. Al igual que el visionario de Arriola, cuando Pablo Iglesias tomó la calle cual mesías de la izquierda, los dirigentes socialistas y comunistas se burlaban de él. Y ahora, están a sus órdenes. Pues fue el líder del partido morado quien urdió la moción de censura y, luego, recolectó los escaños para que Pedro Sánchez pudiera estrenar sus gafas de sol en el Falcon. Pero no repetirá la jugada si no es vicepresidente. Se ha hartado de la egolatría y la nadería del líder socialista.

Anda ahora Santiago Abascal sacando pecho y desenfundando el revólver, después de haber atravesado el largo desierto de la política. Le vitorean en la plaza de toros, le tiran de la solapa las señoras y le escupen en Cataluña. Es el héroe de la nueva derecha. Él y su equipo llevan la bandera de España hasta en los calcetines, presumen de ser los más puros, los únicos que defienden a su patria. Y en las redes, que también manejan como nadie, se extiende como la pólvora la imagen de este macho alfa a lomos de un caballo que nos va a salvar de las garras de los sanguinarios comunistas. Tal cual o muy parecido. Pero le siguen a puñados. Incluso, parece ser que le creen.

También hay que reconocer que Vox mete el dedo hasta el fondo en asuntos que reclaman los votantes del PP y de Ciudadanos, pero que sus dirigentes prefieren obviar por no ser políticamente correctos o porque los dan por amortiguados. Al nuevo partido le gusta provocar, igual que a Podemos para agitar el cotarro y salir en las portadas. Dicen que Pablo Casado se ha escorado a la derecha por miedo a perder más votos por ese flanco. Pero la verdad es que ya venía por ahí, antes de que apareciera Abascal. Lo malo es que venía después de Rajoy, que solo ha dejado tierra calcinada.

Como hicieron Podemos y los golpistas catalanes en la moción de censura, ahora, los diputados de Vox han regalado el Gobierno de Andalucía al PP y a Ciudadanos. Esta es la ecuación que hay que calcular. El antiguo bipartidismo del PP y el PSOE se ha transformado en dos bloques, uno a la izquierda y el otro a la derecha. Todavía los lideran los grandes partidos. Al fin, es lo mismo de siempre pero con más gente y muchos más extremismos. Casi un tumulto en permanente ebullición dando bandazos desde la extrema izquierda a la derecha. Ya no hay líneas rojas.

Albert Rivera se puso muy farruco en Andalucía para no contaminar su centro puro con la derechona. Pero, al final, tuvo que pasar por el aro para gobernar en el Palacio de San Telmo. Ahora, no se harán la foto, pero el líder naranja anda con pies de plomo. Quién sabe si algún día gracias al jinete del Apocalipsis lograr auparse a la Vicepresidencia del Gobierno de España. Seguro que él sueña, incluso, con la Presidencia. Y con esas cosas no se juega.

Por eso, Pedro Sánchez ataca con furor a Vox y, de paso, al PP y Ciudadanos por intoxicarse de fascismo. Él, en cambio, sigue sumando los escaños de los golpistas catalanes y los ultracomunistas de Podemos para perpetuarse en La Moncloa. No debería tener la desvergüenza de atacar a los socios del otro bloque teniendo él los que tiene. Pero lo hace y la gente le aplaude. Cada uno se cree lo que quiere.

Nadie sabe qué bloque se aupará con la victoria. Las encuestas no lo aclaran. Sánchez tiene a favor, y a su servicio, la robusta maquinaria institucional y mediática. O lo que es lo mismo, todos los Ministerios, Secretarías de Estado y Delegaciones trabajando en plena efervescencia electoral, una OJD calculando el efecto de cada escaño que Tezanos se saca de la manga, una RTVE disparando eslóganes sin parar y unas televisiones amigas, casi todas, que vitorean a la izquierda y escupen al que llaman el trío de Colón. Sánchez también tiene a favor la división de la derecha, pues el probable éxito electoral de Vox quitará unos escaños al PP y a Ciudadanos que terminarán en la saca del PSOE.

En contra, y es un fardo muy pesado, Pedro Sánchez tiene los casi nueve meses que ha gobernado, si es que se puede llamar gobernar a lo que ha hecho. Prometió mucho, pero, al final, hasta Franco se le ha resistido. Ya se sabe lo poco que hará y con quién, si aguanta en La Moncloa. Ya se sabe lo que le pasará a España si sigue cuatro largos y angustiosos años más, ensoberbecido, además, por haber ganado, por fin, unas elecciones. Ya se sabe lo que hay que hacer para evitarlo. Todo es cuestión de bloques.
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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    9348 | andres - 25/03/2019 @ 19:29:27 (GMT+1)
    O sea, el PSOE va el último en Madrid y las encuestas dicen que a ganar las elecciones. No me lo reo. Si Sánchez saca 95 escaños en las generales, ya se conformaría.

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