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TRIBUNA

El #MeToo del mundo intelectual explota en México

Diana Plaza Martín
sábado 06 de abril de 2019, 19:42h

La semana pasada se abrieron en México varias cuentas en la red social del pajarito para denunciar de forma anónima abusos y agresiones sexuales en el ámbito del periodismo, la literatura y la academia, es decir, en un mundo en el que esto no debería suceder. O, mejor dicho, esperaríamos que no sucediera por tratarse de aquellos lugares —la educación, la creación artística y el ejercicio intelectual— en donde la humanidad había puesto la esperanza de la convivencia cívica. Pero la realidad, o en este caso las cuentas de Twitter, nos demuestran que en esos mundos de pensamiento el acoso y el abuso es una cruda realidad que opera bajo las mismas lógicas que en otros ámbitos: hombres que abusan de su posición de poder sobre víctimas mujeres.

Una de las preguntas que yo me hago para este caso es ¿por qué la denuncia se hace a través de las redes sociales y no por la vía legal, cuando la mayoría de esas mujeres están formadas e informadas? En primer lugar, por la incapacidad, negligencia e incluso perversión del sistema de justicia penal del país, que hace ir a una mujer en promedio cuatro veces antes de que su denuncia sea escuchada y que en términos generales ostenta el récord mundial de impunidad con el 94% de los delitos sin culpable. En segundo, creo que se debe a que en estos ámbitos la imagen es fundamental y para todos aquellos que se dedican a la enseñanza —por supuesto los académicos, pero también los escritores y periodistas—, la calidad moral de sus acciones es fundamental, por ende, afectar a ambas pasa factura de inmediato y enmienda en cierto sentido lo mencionado en primera instancia.

Es por ello que en estas líneas quiero hablar de la ética del movimiento, esto es, de aquello que empieza cuando lo legal se nos queda corto, lo cual es obvio en este caso.

La ética es esa operación subjetiva que entra en juego cuando nos encontramos ante un dilema moral. Es decir, saber que algo debe hacerse o algo debe evitarse. La ética no es sinónimo de legalidad, aunque por lo general hacer lo correcto sea legal y tener en cuenta las leyes suela ser un ingrediente necesario para tomar una decisión y acertar.

En este sentido, ¿es el #MeToo correcto? Una forma de saberlo puede ser preguntándose tres cosas: ¿Es legal? ¿A quién afecta? ¿Qué me gustaría leer mañana en el periódico? (pueden cambiar periódico por la persona que quieran que se sienta orgullosos de ustedes).

A la primera pregunta la respuesta sería un sí, esto es, nadie va a la cárcel por acusar a alguien en Twitter, aunque obviamente cabe la posibilidad de que el acusado denuncie al acusador por difamación, caso en el que la legalidad entraría en juego, lo que tampoco quiere decir que se haga justicia. No obstante, en primera instancia la denuncia no entra en conflicto con la legalidad, sino que la pasa de largo bajo el indiscutible argumento de que denunciar no sirve (subamos una líneas y leamos esa terrible cifra del 94% de impunidad).

Para la segunda, sobre los afectados, no debemos pensar que se tratan solo de víctima y acusado, sino que la idea del movimiento es incluir a toda la sociedad. Por ende, en este rubro creo que hay tres tipos de afectados: los acusados y su entorno, las acusadoras y su entorno y la sociedad en su conjunto que moralmente condena o no. Esto es, el movimiento está completamente cargado al plano moral, ya que lo que busca es la no repetición de la conducta mediante el escarnio social y la condena moral del hecho. Otros sitios para lograr esto son la justicia mediante las consecuencias del acto —no aplica en México— y la educación, a través de la enseñanza de valores y normas de convivencia que inhiban la conducta señalada como lesiva —#AestePasoFaltan100años, se decía en redes el pasado 8 de marzo—.

En último lugar, el de la conciencia, es complicado de definir, ya que entramos en el plano subjetivo de cada individuo. No obstante, en términos generales podríamos decir que la mayoría quiere leer en el periódico que aquel que violó su integridad sufre consecuencias por sus actos, así como que las mujeres que han sufrido algún tipo de violencia no están solas y no son culpables.

En base a todo ello, podríamos pensar que para una gran mayoría el punto uno y dos se aprobaría, teniendo en la segunda pregunta el problema. Esto es ¿cómo afecta la denuncia en redes sociales a los acusados y su entorno? ¿De qué manera afecta a la sociedad en su conjunto? ¿Qué hay con las denunciantes? Empezando por lo último, y sin menoscabo de lo que suponga el hablar del hecho, podríamos decir que las acusadoras, debido al anonimato, no se ven afectadas por el hecho de haber denunciado. Por el contrario, a los acusados y su entorno, la denuncia les afecta de sobremanera y de forma inmediata, debido al gran alcance de las redes sociales y al hecho de solo tener su palabra para defenderse. Esto es, la afectación es grande al invertirse la garantía de la justicia sobre la presunción de inocencia y tener que pasar, quieras o no, a demostrar tu inocencia.

Por último, en el plano social podríamos señalar dos: la no repetición o inhibición de la conducta debido al escarnio social y la visibilización del hecho y, por otro lado, la normalización de la resolución de conflictos por fuera o de forma paralela a los mecanismos establecidos por la justicia y mediante la confrontación directa. Es decir, el retorno a la tribu.

En resumen, si bien para muchos las cifras de abusos, agresiones, violaciones y muertes en México son razón suficiente para llevar a cabo este tipo de acciones, considero que la corrección del #MeToo no está definida del todo, puesto que las afectaciones son claras, complejas y con un calado que aún no somos capaces de visualizar. Pero eso sí, en México no podemos continuar como lo veníamos haciendo. #NiUnaMenos.

Diana Plaza Martín

Coordinadora Maestría en Relaciones Internacionales Instituto Ortega y Gasset México

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