www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

EPPUR SI MUOVE

Rajoy y Soraya hunden al PP

martes 30 de abril de 2019, 20:19h

Este pasado domingo se abría la veda contra Pablo Casado. La debacle electoral del PP frente al triunfo del PSOE, incontestable, ha hecho que la prensa chequista pida ya la cabeza del líder popular. No les basta con haber ganado; además, han de machacar. Es, por otro lado, seña de identidad propia. Cuando la derecha gana en España, gobierna -o eso debiera- para todos; la izquierda, en cambio, tiene en su naturaleza hacerlo contra quienes no están con ellos.

Vayamos al PP. Los españoles han dado a Mariano Rajoy y a Soraya Sáenz de Santamaría una bofetada en la cara de Pablo Casado. Es obvio que ha cometido errores, pero sería injusto polarizar todas las culpas en su persona. Hace menos de un año, los populares disfrutaban de unos holgados 137 escaños que quedaron en nada por la inoperancia marianista. Otro tanto podría decirse de su última mayoría absoluta: estéril. Sánchez le ha demostrado que con 85 diputados y moviéndose pueden lograrse muchas cosas. Entre ellas, liquidar a su partido.

Con todo, el origen de este tsunami es triple: Euskadi, Cataluña y Valencia. Por partes. Santiago Abascal es guipuzcoano. Ha militado casi 20 años en una formación que ensalzó a mediocres como Borja Sémper, Javier Maroto o Iñaki Oyarzábal en detrimento de baluartes morales e intelectuales como María San Gil o Jaime Mayor. Abascal se dio cuenta que en el PP la indefinición y los complejos empezaban a ganarle terreno a los valores. Y se fue para fundar VOX. Tras años predicando en el desierto, finalmente ha logrado que cale su mensaje, aunque menos de lo que muchos espejismos sugerían. En Cataluña, a su vez, los constitucionalistas nunca lo han tenido fácil. El partido se juega desde hace décadas en inferioridad numérica y con el árbitro en contra. Pero, pese a la dificultad, un tal Albert Rivera supo hacerse escuchar allí y luego, ante la abulia popular, en el resto de España. El resultado, 57 diputados.

Siendo fuertes esas brechas, la de Valencia en 2008 acabó por ser definitiva. Allí fue el congreso donde pasaron dos cosas: se aupó a Mariano Rajoy y a su camarilla de mediocres y, sobre todo, se “desideologizó” el partido, sustituyendo principios por complejos. De aquellos polvos, estos lodos. Y puestos a hablar de lodos, la gestión de Rajoy. Heredó un partido sin nadie más por la derecha -entonces Ciudadanos era una mera anécdota y Vox ni existía- y el recuerdo de Aznar por un lado y la calamidad de Zapatero por otro le sirvieron en bandeja una mayoría absoluta. ¿Para qué? Para nada.

Este PP está pagando una factura tremenda de aquel PP en materia de corrupción. Rajoy se puso de perfil, igual que en tema catalán y tantos otros. Y “sus” tan cacareados logros económicos -Rajoy jamás hizo política, se limitaba a aburrir a las ovejas con su tediosa matraca económica - no fueron “suyos”, sino más bien directrices forzosas de Bruselas. Ha dejado, pues, una mochila demasiado pesada para que su sucesor pueda remontar.

Volviendo a Casado, ha hecho algunas elecciones cuestionables. Teodoro García Egea destaca por ser campeón mundial escupiendo huesos de aceituna -sic- y Adolfo Suárez jr. por ser quien fue su padre y por haberse dado un batacazo tremendo hace años cuando se enfrentó a Bono en Castilla La Mancha. Pero sin duda la peor de todas ha sido fichar a Javier Maroto como director de campaña.

Fijémonos en el PSOE. Nadie podrá cuestionar la capacidad del ministro Marlaska, ni en su andadura política ni en su reciente etapa como magistrado. Y otro tanto puede decirse del tristemente fallecido Pedro Zerolo. Da la casualidad de que ambos eran gays, pero estaban donde estaban no por su condición sexual sino por su valía personal y profesional. ¿Qué pasa entonces en el PP, que no hay gays capaces? La obsesión del partido -tanto con Rajoy como con Casado- por posicionar en primera línea a alguien del gusto LGTB les hizo “exhibir” primero a Iñaki Oyarzábal y ahora a Javier Maroto. Del primero se puede decir que su único anhelo era ser portada de la revista Zero. Del segundo, sus reiterados intentos de confraternizar con Bildu para ser “moderado”. Deplorable.

La división de las dos derechas más Ciudadanos ha beneficiado al frente popular. Asusta ver un horizonte genuflexo ante el nacionalismo y la extrema izquierda. Más impuestos, chavismo, etarras sueltos, fomento LGTB a los niños y otra crisis a la vuelta. Pero que nadie se engañe: si la derecha se fragmentó fue por deméritos de Rajoy y los suyos, cargados de mediocridad y complejos. Ellos son los que han aupado a Pedro Sánchez.

Como colofón, apuntar el gran éxito del socialismo y nacionalismo al alimón. Desde Calvo Sotelo cada ley de educación es peor. Y la consecuencia hay que buscarla en el nivel intelectual del electorado incipiente. Una generación preparada está en condiciones de discernir el riesgo de dejar un país en manos de gente como los herederos de Zapatero, Pujol y Otegui. No así la de la LOGSE. Se prima la tontería en detrimento del esfuerzo y el mérito, y de este modo tenemos 17 sistemas educativos distintos cuyo único nexo común es aprobar a los más tontos para los listos no despunten. Luego, indigentes intelectuales como Adriana Lastra se sientan en el Congreso. Y todo esto tampoco ha sabido arrostrarlo el PP de Rajoy -a Casado no le ha dado tiempo-. Pobre España.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (13)    No(2)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.