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DESDE ULTRAMAR

Tutifruti de opiniones

jueves 09 de mayo de 2019, 20:16h

La cauda de noticias de las últimas tres semanas invitan a fijar breves, pero consistentes posicionamientos. Hay mucho qué expresar sobre ocho de ellas. Así, aprestémonos a pergeñar velozmente algunos tópicos que lo ameritan.

El incendio de la catedral de Notre-Dame es infausto, porque como suele pasar con el pasado al siniestrarse sus más elocuentes manifestaciones, se va con ello el sentimiento y la historia colectiva. Como que la Historia no es en sí un conjunto de fechas, sino la vivencia y las consecuencias de sí. Ciertamente que puede uno ofenderse porque los millonarios apresten fortunas para reedificar aquello sin mirar antes a los pobres miserables del mundo, pero siquiera elucubremos acerca de si los beneficios fiscales por hacerlo, compensan esa desinteresada ayuda tan dadivosa y loable. Y que el Comité Olímpico Internacional apremie la restauración con 2024 a la vista siendo París sede olímpica, solo confirma mi sospecha despertada por una querida amiga que deslizó la hipótesis de si tal siniestro no ha sucedido cuando los chalecos amarillos ya han puesto en jaque a Francia y se le han subido a las barbas a Macron, aunque frunza el ceño. Cabe la duda acerca de si ha sido un funesto distractor muy misteriosamente oportuno. Será verdad aquello de que ….¿París bien vale una misa? Pues va a ser que sí.

Con la Iglesia no paramos. Me ha llamado sobremanera la atención la postura de unos fieles muy documentados, sí, que acusan al Papa de herejía enlistando amplios ejemplos de su actuar herético. Reclaman cual sedevacantistas, que se lo trate como tal e incitan a sustituirlo. Su sapiencia parece intachable si no fuera porque su texto apesta a catolicismo rancio, a moralina decrépita, a intolerancia reprobable azuzando conciencias y es desde mi sentir católico –ese, universal que no tiene porqué someterse a su obtuso actuar– una misiva censurable en su intención y en su soterrado mensaje claudicante del Concilio y la apertura. Una carta que podrá estar firmada por reconocidos teólogos y canonistas, pero poco me dice, después de todo, pues no son per se la autoridad que guía a la Iglesia ni vale más. Es dehiscencia de pus y maledicencia. Es su opinión y ya. A mi me agrada el debate religioso porque supongo que habla de una fe viva. Lo que me da escozor es la deplorable intolerancia, mientras los conspicuos abajofirmantes se callaron la pederastia en la Iglesia. De eso, nada. Al Diablo, entonces. Que yo recuerde le atizan a Francisco como a ningún romano pontífice. Por mí, que siga adelante en la limpieza de la Iglesia. Urgente, congruente. Un rebaño que requiere más depurarlo de pederastas, que de adoptar de nuevo el latín en el culto.

Lo del australiano Assange prendido brincándose a la torera la policía británica los protocolos diplomáticos invadiendo la embajada ecuatoriana, es verdaderamente del asco. ¿Entregado por un plato de lentejas? Sea, pues. ¿Qué era desaseado y un malagradecido? No lo dudo. ¿Qué es un peligro para los sistemas de seguridad del mundo, revelando las mi…serias de todos? también. Que sus coludidos soltaran nueva información el mismo día de su captura, tal y como lo había planeado si alguna vez lo aprehendían, es una respuesta audaz. Tardaremos sí, en saber cuántos timos, estafas, trapacerías más aguardan conocerse de los servicios de inteligencia del mundo entero. Por lo pronto, lo expuesto nadie lo quita. Sí, todas las diplomacias dan grima, pero a la que pescaron fue a la yanqui, para enfado de sus defensores. Fue burda la insolente respuesta de la embajadora yanqui que, expulsada de Ecuador luego de cuestionarla el presidente Correa sobre las expresiones y bajezas hacia su persona, balbuceó lerda: “era información robada”. Si bonita, será robada, pero no era falso haberla expresado.

Y todo mientras Trump quiere a Assange en su país y se apresta a buscar una reelección. Mendaz, la niega, mas puede conseguirla por dos razones elementales: la economía local va medianamente bien –pese a que sus propios conciudadanos reconocen que es un bruto– y, muy importante es que en la acera de enfrente los demócratas están liados; que no va Hilaria, que Sanders va de salida o con el decrépito Biden conforman la clase política estadounidense muy demacrada, ajada, avejentada en rostro e ideas; caduca como para proponer algo interesante a propios y extraños. Tan grave que lo mejorcito es Trump, imagínese.

Venezuela merece una nueva reflexión, ahora que Guaidó ha fracasado en su nueva intentona de golpe de estado, mientras amaga con que la Asamblea Nacional podría autorizar la invasión estadounidense y en tanto desde Washington los esbirros sátrapas de Trump ya advierten que si se la piden, la efectuarán. Tan obsequiosos. La verdad es que el peor favor que podría hacerse el guaireño a su causa falaz sería ser soportado por las bayonetas yanquis. Sería tan vergonzoso. Tan lastimero. Solo de imaginarlo a un presidente venezolano que deba su legitimidad a ellas, es alucinante. Ya vimos al sinvergüenza de Guillermo Endara jurando como presidente de Panamá en un buque de guerra yanqui, como para que este otro se encaramara en el sillón presidencial apoyado por invasores. ¿Verdad que suena como lo que es, vergonzoso? Pues eso. Y ahí sí pierde Trump. Maduro tendría más derecho a defender Venezuela que él a invadirla. Lo veamos por donde lo veamos. Es imposible que Trump no enlode más su nombre.

El suicidio de Alan García es una indecencia que no admite esperar para sentirnos avergonzados. Habrase visto que el político peruano salpicado de corrupción hasta las manitas se evadiera, suicidándose. Respondo a los apologistas de su vida que yo pensaría que era un tipo más inteligente como para hacer semejante escapismo. O no lo era. Sus defensores acusan que lo hizo para evitar el vivir con un estigma y una humillación. Yo lo veo al revés: si era inocente, entonces a defenderse y demostrarlo. Suicidarse apunta mucho más a sustraerse de la justicia que a morir dignamente. Se va con esa mácula indeleble que en vida pudo haberse librado de ella. La empresa Odebrecht gana con esa muerte, como ha ganado en México con la impunidad de políticos priistas ligados a sus corruptos procederes en absoluta impunidad, hasta hoy. Y su dueño dice que es corrupto porque los demás, lo son y se prestan. Tendrá cara.

España ha dado un par de lecciones en sus resultados electorales del 28 de abril. Refrendó su oferta de partidos, así que no se van los tradicionales como machacaban los agoreros; desmintió que las nuevas agrupaciones conserven los grandes apoyos del pasado reciente, acusando ya reacomodos que algunas retrasan y no podrán postergarlos más; se polarizó la sociedad y se vapuleó a un Partido Popular soberbio tanto por la boca de Casado como por la de Aznar, sobre todo, y dejó claro que por un lado, Sánchez se lleva el triunfo en las urnas que recién le minimizaban y chiquiteaban antes por carecer de tal y encima, va a gobernar en solitario. Da la imagen de que sale muy desgastado de su propio partido más que de las urnas en sí. Quizás no, pero desde luego que tendrá que demostrar algo que en el exterior no vemos: mayor capacidad. A lo mejor es que tiene el as bajo la manga, pero lo trae muy escondido. Mas que podemos o cambiemos, veremos… y a saber si sí o no lo haremos. Quedan las preguntas de ¿por qué lo han votado? y ¿por qué la oposición no consiguió su triunfo cantado?

Para concluir referiré que en distintas latitudes han marcado el centenario del surgimiento de la Bauhaus, la escuela de vanguardias que fue la respuesta acre y pragmática al desencanto por la carnicería de la Primera Guerra Mundial, que mató los inmutables valores de paz eternos de la Bella Época y, al mismo tiempo, asumía la trepidante naturaleza activa y funcionalista, vertiginosa y vibrante del siglo XX, sacudiéndose en definitiva al pacato XIX, cual cascarón de poco aporte. La Bauhaus es ruptura, es propuesta, es eficacia y crítica; es inclemente, reto y desafío no sin soporte, aunque su caos lo denuesta. Sí, como tantas escuelas, estuvo confrontada con el nacismo –más por ánimo de aquel, que por el propio– y si alguno de sus miembros se unió o abrevó de aquel, eso no demerita ni su contribución ni mata su natural independencia, esa que por “degenerada” los nazis sí repudiaron en gran medida. No es cosa de lavarle la cara a la Bauhaus, pero tampoco de minimizar su influencia mundial, una que permeó en gran parte de la pasada centuria y merece recordársela por su ingente brillo en este, su centenar.

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