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RUBALCABA: EL ÚLTIMO GRAN SERVICIO A ESPAÑA

sábado 11 de mayo de 2019, 11:40h
Cuando el Rey Don Juan Carlos, aquejado de una serie de achaques físicos y otras dolencias, decidió abdicar guiado...

Cuando el Rey Don Juan Carlos, aquejado de una serie de achaques físicos y otras dolencias, decidió abdicar guiado solo por su amor a España y a los españoles, se planteó un agrio problema. La ley de abdicación suponía de hecho la proclamación como Rey de Felipe VI y, dada la situación de choques parlamentarios, habría resultado lamentable que solo quedara aprobada por poco más del 50 % del Congreso de los Diputados.

Alfredo Pérez Rubalcaba, que encarnó siempre el espíritu de la Transición, decidió hacer, antes de retirarse, el último gran servicio a España. Con extraordinaria mano izquierda realizó cuantas gestiones se hicieron necesarias. El resultado fue concluyente: la soberanía nacional, representada democráticamente en el Parlamento, respaldó la ley de abdicación y la consiguiente proclamación de Felipe VI por el 86 % de los diputados en el Congreso y por el 90 % de los senadores en el Senado. Escribí y publiqué entonces reiteradamente elogios al gran servicio que Pérez Rubalcaba, como hombre de Estado, había hecho a España.

Mantuve, en fin, con el político tristemente fallecido relación personal durante cerca de 40 años. En época de Felipe González, el ministro de Justicia y también de Interior, Juan Alberto Belloch, solía invitarme a un encuentro en su despacho algunos viernes por la tarde tras el Consejo de Ministros. Acudía yo encantado por el placer de la conversación y también por las noticias que escuchaba y, que salvo las que eran off the record, enriquecían al día siguiente el ABC verdadero, que dirigía por aquella época. Alfredo Pérez Rubalcaba se sumaba muchos viernes al encuentro. Fue siempre uno de los grandes de la política española y algún día contaré lo que decía y razonaba durante la conversación, siempre con el espíritu de concordia y conciliación que le caracterizaba.

Venía también Rubalcaba a almorzar con frecuencia a mi despacho en ABC. Y allí estábamos comiendo el 1 de abril de 1993 cuando nos llegó la noticia del fallecimiento, en la clínica de Pamplona, de Don Juan de Borbón, Rey de derecho en el exilio, durante largos años, frente a la dictadura de Franco. “Algún día -dijo Alfredo Pérez Rubalcaba- la Historia reconocerá el papel clave que ha jugado Don Juan en favor de la libertad y la democracia”. No se equivocaba el político socialista.