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POR LIBRE

26-M: un bochinche de bloques, de partidos y de pactos

domingo 19 de mayo de 2019, 19:05h

Hace poco menos de 15 años, los más sagaces analistas políticos celebraban el fin del bipartidismo con la irrupción de Podemos y Ciudadanos. Era el maná de nuestra democracia. La entrada en escena de dos nuevos partidos iba a regenerar la política española e iba a sacar al PSOE y al PP de su amodorramiento y deterioro. Erraron. Los dos grandes partidos siguen alternándose en el poder, solo que ahora necesitan compañía, a veces siniestra. Y en vez de partidos, lideran los llamados bloques.

También Fukuyama se equivocó al proclamar el fin de la Historia tras la caída del muro de Berlín. Desde entonces, el comunismo se ha disfrazado de populismo llegando a gobernar en Grecia y, en España, a punto está de hacerlo. En Venezuela, Cuba, Nicaragua, Corea del Norte y muchos otros países mantiene el férreo totalitarismo que asesina y arruina. También la extrema derecha ha salido de las catacumbas en Francia, Italia, Austria, buena parte del norte de Europa, en Brasil, en el lado oeste de la Casa Blanca y amaga con resucitar en España. No es el fin de la Historia. Es el nacimiento de un revoltijo de partidos, supuestas ideologías y sentimientos enfrentados que está poniendo el mundo boca abajo. Es el fanatismo incrustado en el corazón de la democracia. Las nuevas versiones aparentemente edulcoradas del comunismo y del fascismo que están intoxicando la ideología liberal con la que soñaba el bueno de Fukuyama.

Después de tantas alharacas, el denominado fin del bipartidismo no le ha traído nada bueno a España. En el fondo, es lo mismo pero a lo bestia. Este fin de semana, las últimas encuestas sobre las elecciones del domingo ya no hablan de si gana el PSOE o el PP. Especulan sobre la victoria del bloque de la izquierda o el de la derecha. Lo mismo, pero con distintos nombres y más bochinche.

Es verdad, que la irrupción de Vox ha resultado una catástrofe para el centroderecha. Ha divido el voto y ha pringado de extremismo al PP y a Ciudadanos. Y todavía se espera una propuesta inteligente del partido de Santiago Abascal, además de construir muros a lo Trump en Ceuta y Melilla, guardar revólveres en la mesilla y ponerse la bandera de España hasta en los calcetines. Han sido los protagonistas de la última campaña electoral con más ruido que nueces. Y han contribuido como nadie a la victoria de Pedro Sánchez, su mejor jefe de campaña.

Más complejo aún es el bloque de izquierdas. Los socialistas no solo tienen que negociar con los comunistas hasta para la sesión de investidura; es que el PSOE tiene que contar con los separatistas a lo largo de la legislatura y los necesita para gobernar en muchas ciudades y Comunidades autónomas. Porque el PSOE está dispuesto a apoyar a los nacionalistas y separatistas en Baleares, Galicia y hasta en Navarra, además de en innumerables ciudades del País Vasco y Cataluña. Pues ese es su bloque. El bloque que va a expandir el secesionismo por media España. El bloque al que pertenece el partido que va a gobernar nuestra nación los próximos cuatro años. Y, a punto está de seguir llenando de basura las grandes ciudades españolas.

El fin del bipartidismo supone que el PSOE siga liderando la izquierda y el PP, la derecha, pero dependiendo para gobernar de gentes de todo pelaje. Y, así, España se tambalea entre la extrema izquierda y la extrema derecha; en lugar de ser gobernada por un partido de centro derecha u otro de centro izquierda. Sin duda, los muchos errores y corrupciones del PSOE y del PP han propiciado el nacimiento de estos nuevos partidos. Pero de poco o nada ha servido. Y, lo peor: los más radicales terminan escribiendo el guión. Porque, en realidad, a unos y a otros solo les importa el poder. Aun pactando con el diablo.

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