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DESDE ULTRAMAR

Centenario luctuoso de Amado Nervo

jueves 30 de mayo de 2019, 20:00h

Fugaz como su reconocida obra, intenso como su exaltación póstuma, Amado Nervo se yergue como el poeta mexicano acaso más universal. Desde luego que compite con otras letras igual de potentes y firmes, empero de Nervo considero que se lleva las palmas superlativamente más sonoras y sinceras. Su paso como diplomático por Madrid a inicios de siglo XX, merecería un acercamiento para quien se interesa en su obra allende los mares.

Su centenario luctuoso que marcó el 24 de mayo. Ha sido discreto en la rememoración. Tal vez merecía más o solo suma a una vida cuajada de amarguras, sinsabores y situaciones fuera de su control. Quizá.

Sus poemas apuntan a lo cotidiano que resulta trascedente, asuntos tales como la vida, la muerte, el beso, la paz, el desamor, tratados bajo un estilo denominado modernista –que ya se sabe que el poeta escribe para sí, ajeno en mucho a las formalidades, las expresiones o escuelas donde él o sus estudiosos y seguidores, lo encasillan [cosas de la subjetividad del arte]– y eso siempre los sitúa al filo de la polémica. Cuántas veces el propio artista de deslinda de los cánones donde se le cataloga. Recuerdo a alguno de la Generación del 98 desmintiendo ser parte de tal. Una loa a la honestidad intelectual.

He pedido a un coterráneo de artista, Alberto Navarrete, que, con el sentimiento de la tierra, Nayarit, donde nació aquel, la estima y el paisanaje y la consideración al nombre de Nervo, sea quien cuente su sentir sobre su paisano a usted, apreciado y leal lector de El Imparcial en ambos hemisferios. Con su generosidad extiendo sus palabras:

“A cien años de la muerte del gran poeta Amado Nervo, siento, desde mi muy personal y humilde punto de vista, que, en este Tepic, de Nervo, no se le ha hecho el reconocimiento a este gran personaje, no hay una plaza que lleve su nombre. Sí, hay una calle que sí, pero no es una calle principal y sí le puedo comentar que existe un festival cultural Amado Nervo que apenas cuenta con cerca de veinte años llevándose a cabo. En cambio, sí hay un parque Juan Escutia y afirmo: Nervo, un poeta excelso. Escutia, una gran incógnita.”

Nervo brilló tardíamente, aunque soportado por años de labor intelectual. Su vida breve alcanzó para heredarnos voces de su corazón que dibujaron anhelos sencillos y sublimes con los mejores sentimientos frente a los tiempos convulsos que le tocó vivir. Aquellos tuvieron luces como su paso por la Exposición Universal de París de 1900 y su encuentro, dónde más si no en la Ciudad Luz, con algo de lo más granado de nuestras letras hispánicas como Rubén Darío.

Su repentina muerte en Montevideo en 1919, se saldó en México en un apoteósico recibimiento a su inerme presencia. Un siglo después se sigue considerando uno de los funerales más multitudinarios, si no es que no ha sido superado y apenas, en una centuria.

Nervo nos conduce a lo más profundo del ser, a su encuentro inevitable con su propia mundanidad y la mortandad ronda su obra. Cuenta pues, con las mejores credenciales para un lírico. No es un simple coplista ni mucho menos un aedo. El poeta de la nación ha recibido más homenajes durante un siglo que en el centenario de su deceso. El Senado de la República ha develado una placa que lo enaltece. Siquiera.

Mis primeros años de estudiante se acompañaron de concursos de declamación a los que nos apuntaban de manera ineludible. Allí retumbó por primera vez su nombre, familiarizándome con su obra. Nunca declamé una, pero desde luego que contribuyeron a acercarme a tal. Tres elocuentes y demostrativos ejemplos de su hacer, los invoco para regodeo de los apreciados lectores.

Pasas por el abismo de mis tristezas (fragmento)

Ya tramonta mi vida; la tuya empiezas;

mas, salvando del tiempo los valladares,

como un rayo de luna sobre los mares

pasas por el abismo de mis tristezas…

El primer beso (fragmento)

Salí a la calle alborozadamente

mientras tú te asomabas a la puerta

mirándome encendida y sonriente.

Volví la cara en dulce arrobamiento,

y sin dejarte de mirar siquiera,

salté a un tranvía en raudo movimiento…

En Paz

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,

porque nunca me diste ni esperanza fallida,

ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

porque veo al final de mi rudo camino

que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje la miel o la hiel de las cosas,

fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:

cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:

¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas noches de mis penas;

mas no me prometiste tú sólo noches buenas;

y en cambio tuve algunas santamente serenas...

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.

¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

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