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TRIBUNA

La dignidad de México

Diana Plaza Martín
sábado 15 de junio de 2019, 20:54h

“No habrá tarifas y salimos con la dignidad intacta”, fue el titular que el canciller mexicano, Marcelo Ebrad, dio al acuerdo obtenido con Estados Unidos el pasado domingo 9 de junio. Al parecer, en la negociación llevada a cabo, no sólo se trataba de ver de qué forma se podía evitar que el lunes 10 el gobierno del presidente Donald Trump impusiera un arancel del 5% a todos los productos mexicanos sin distinciones, sino que también estaba en juego un intangible: el orgullo nacional.

Finalmente, México consiguió evitar los aranceles durante 45 días aceptando ser, de forma literal: el patio trasero de Estados Unidos. Esto es, ese lugar donde pones lo que te estorba, lo que no quieres ver, pero que todavía no te decides a tirar al no estar seguro de si tendrá utilidad en un futuro de vacas flacas, por ejemplo, o porque alguien de la familia acepta que lo pongas ahí, pero no que te deshagas de ello.

México dice que no pierde la dignidad pero, en realidad, su política migratoria, que empezó siendo un ejemplo de humanidad hace seis meses, desafiando en primer término a Estados Unidos y sus aberrantes prácticas en la frontera norte como la separación de los menores de sus padres, así como al concepto europeo de militarizar el “problema” de la migración, se ha convertido el lunes 10 en todo lo contrario. Es decir, y regresando a lo que ha perdido o no México, tal vez no hay dejado en Washington su pundonor, pero está por ver si no ha perdido algo esencial de su mandato: humanizar la política y la toma de decisiones.

La clave está en la siguiente pregunta ¿qué guarda Estados Unidos en su patio trasero? Respuesta: personas que migran para escapar de la pobreza y la violencia extrema en la que viven ellos y sus familias. En otras palabras, lo que Estados Unidos le ha pedido a su vecino es que contenga en su territorio las personas que él no quiere recibir pero que, bien porque la comunidad internacional no se lo permite, bien porque una parte de su comunidad nacional tampoco, no puede tirar a la basura.

En estos momentos, puede que alguien se esté preguntando cómo se ha llegado a este tipo de órdagos en política exterior cuando, además, se trata de personas. Esto es, cómo hemos llegado a negociar aranceles por migrantes.

Todas las acciones de Donald Trump van dirigidas a su nicho electoral en vistas a las próximas elecciones presidenciales en las que quiere ser nuevamente candidato. Su nicho electoral es racista y xenófobo.

En los pasados meses hubo un nuevo fenómeno migratorio - las caravanas - , que hicieron que el flujo de migrantes fuera visible y aumentara. En este sentido, es necesario remarcar que aún no sabemos bien el porqué de las caravanas, más allá de deducciones posibles como que: viniendo en grupo podrían viajar más seguros hasta llegar a la frontera con el país de las barras y las estrellas.

México tiene comprometida su economía con Estados Unidos. Situación de profunda dependencia, para la que en el corto plazo no hay solución y que le convierte en un blanco perfecto por débil.

Trump se erige como el líder de todos aquellos, particularmente la extrema derecha, que quiere abandonar los universales de la globalización liberal occidental: como el libre comercio y el orden multilateral (instituciones transnacionales), ambos profundamente dañados, así como la democracia liberal, a partir de la crisis de 2008.

A EEUU (tampoco a China) le interesa un mundo estable y con contrapesos, sino uno en el que pueda campar a sus anchas. Es decir, la potencia norteamericana quiere ser hegemónica y para ello necesitan debilitar a todo aquel que piense que puede funcionar sin plegarse a sus intereses, incluidos viejos aliados como Europa. Esto es, no les importa, ni se sienten responsables, de nada que no tenga que ver con el bienestar de su gente.

Y acá llegamos a la respuesta clave, la responsabilidad, el gobierno de Donald Trump lleva a cabo estas acciones porque America First y, para hacer de América Great Again. Para ello, la propuesta de la administración Trump fue no hacerse cargo de forma global de ninguno de los males de la n-mil crisis del capitalismo como la pobreza, el cambio climático, la proliferación de armas nucleares, las guerras y la violencia. Es decir, hablando en plata - cada perro que se rasque sus pulgas- y, quien pueda, que vaya al veterinario a desparasitarse.

El canciller mexicano, no obstante, sí se siente responsable de los migrantes, o debería, ya que muchos mexicanos sufren al cruzar a Estados Unidos. Esto es, México no puede desmoralizar la política y hacerla - real-, por lo que, aunque le pese, sus acciones actuales de militarizar la frontera sur, aceptar ser tercer país seguro y aumentar el número de deportaciones, no son dignas.

Sin embargo, la dignidad democrática en tiempos de Donal Trump, Bolsonaros, Salvinis, etc,., es algo que México no debería haber perdido la oportunidad de sostener y liderar. Por supuesto que asustan las previsiones de pérdidas con la subida de aranceles, pero pareciera que la administración de López Obrador olvidó que de su lado estaba la legalidad y sí, la dignidad. Y que, tal vez, con esas dos banderas, los interesados en que el orden mundial no cambie hacia el fascismo, así como los que quieren mantener las instituciones regulatorias que han permito que, si bien existiendo relaciones asimétricas como la mexicana con estados unidos, estas se dieran dentro de unas reglas que impidieran este tipo de aberrantes imposiciones, se hubieran puesto de su lado, así como algunos actores, como China y Rusia, que actualmente están en el eje contrario.

México no solo ha perdido la dignidad, sino que también ha perdido la oportunidad de mandar una mensaje a los líderes que basan sus políticas en preceptos racistas, misóginos y xenófobos. Por último, dediquemos unos minutos a pensar porqué una cada mayor parte de la población se muestra descontenta con la globalización y la democracia liberal y vota por opciones políticas que, al más puro estilo de los cowboys, defiende su territorio a como dé lugar, esto es: prefieren secar el rio antes de que el enemigo beba de él. Pensamos también, qué vamos a hacer cuando el rio se seque para todos.

Diana Plaza Martín

Coordinadora Maestría en Relaciones Internacionales Instituto Ortega y Gasset México

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