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POR LIBRE

¿Qué han votado los españoles?

domingo 14 de julio de 2019, 18:56h

Algunos políticos y, sobre todo, ciertos sesudos analistas han llegado a una conclusión tan original como inaudita: los españoles han votado por los acuerdos entre partidos, por los pactos, por los consensos. Por el llamado pluripartidismo. Según esa aguda teoría, por ejemplo, los electores socialistas han votado para que Pedro Sánchez pacte con Pablo Iglesias. No para que gobierne en solitario y con mayoría absoluta. Lo que quieren los electores del PSOE es que su candidato tenga que aguantar las tarascadas del líder de Podemos, ceder hasta la asfixia para contar con esos preciados 42 escaños, reunirse cien veces, hablar por teléfono, amenazarse a través de los medios de comunicación hasta poner en riesgo la investidura. Y luego, si ha lugar, seducir a los separatistas catalanes para que, al menos, se abstengan y así poder gobernar.

También los votantes del PP deseaban fervientemente que Almeida y Ayuso tuvieran que reunirse una docena de veces al día con los inmaculados representantes de Ciudadanos y otras tantas con los enfurruñados dirigentes de Vox para limpiar el aire de Madrid de humo y de sectarismo, frenar los amenazantes impuestazos de Gabilondo y obviar las ocurrencias del repipi de Errejón. Sin duda, ése era el propósito de la papeleta del votante del PP al depositarla en la urna. Consensos por aquí, por allá y por acullá. No hay nada más hermoso que un pacto bien sudado, un acuerdo logrado a cara de perro. A trompazos, si la ocasión lo requiere. Que viva el pluripartidismo. Y que vengan más partidos por la izquierda, por la derecha, por arriba, por abajo. Y, siempre, siempre, siempre por el mismísimo centro. Eso es lo que quieren los españoles. Muchos partidos que peleen a mordiscos por las poltronas, por los coches oficiales, por los escaños, por las dietas, por las asesorías, por la mamandurria del poder. El bipartidismo es el pasado. No hay tertulia que se precie en la que algún periodista o sociólogo de turno, con el unánime consentimiento de sus acompañantes, pronuncie con gesto autosuficiente la frase definitiva: “es lo que han votado los españoles”. Y no hay más que hablar.

Y es que, en nuestra nación, no solo tenemos a los analistas políticos más sabios del orbe. También a los votantes más originales y educados. Les gusta, eso sí, que su partido obtenga un buen resultado. Pero sin pasarse. Que no gane por goleada. Según estos agudos analistas, que llegado el caso también saben de deportes, en el próximo campeonato de Liga los aficionados del Real Madrid no pretenden que su equipo golee y humille al Barcelona. Quia. Quieren un pacto amistoso. Que el resultado se decida por consenso. Los cronistas deportivos explicarán que los aficionados entienden que arrollar al rival resulta de mal gusto. Mejor jugar con arte, con alegría, con limpieza. Ganar es lo de menos. Incluso, una ordinariez. Y que, al final del encuentro, las aficiones se reúnan en el bar de la esquina a tomar unas limonadas, mientras comentan en paz y armonía el bello espectáculo al que acaban de asistir. Todo un pacto por el amor al deporte.

Alguien pensará que España está llena de chiflados que no quieren que gane su partido político, ni su equipo de fútbol. No. Es un gran país, lleno de corazones generosos y altruistas. Los electores quieren pactos, consensos y mucho amor. Y los aficionados al fútbol, emoción. Mucha emoción. Nada de goleadas al rival. Hay que ser caballeros y pactar el resultado con un buen acuerdo.

Los votantes del Partido Regionalista Cántabro representan mejor que nadie esta hermosa teoría. Porque, ellos sí, pretendían que su voto sirviera para que el impar Miguel Ángel Revilla se acercara por La Moncloa para degustar unas sabrosas anchoas con el gran líder. Porque para el locuaz presidente cántabro, como Sánchez no hay ninguno. Pero los votantes del PSOE, del PP, de Ciudadanos, de Podemos y de Vox no querían que ganara su partido. Menuda arrogancia. Querían pactos, pactos y pactos. Y así hasta el infinito. Incluso, hasta unas nuevas elecciones. Es la democracia psicodélica. Como dicen los sabios políticos y los agudos analistas, “es lo que han votado los españoles”. Y no hay más que hablar.

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