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DESDE ULTRAMAR

México ¿tercer país seguro?

jueves 12 de septiembre de 2019, 19:01h

Mientras se resuelve el drama de los brazos abiertos en el Mediterráneo, ¿será México de manera oficial, tercer país seguro como hasta ahora se niega a serlo como lo afirma, en el marco del propio jaloneo migratorio con Estados Unidos? lo seguro hasta ahora es que no hay nada seguro y así quedamos en ascuas, después de la esperada reunión bilateral del 10 de septiembre de 2019, efectuada en Washington.

Esa fecha era el día 90 del ultimátum dado por Estados Unidos a su vecino sureño para que frenará la migración para sí o hacia ellos, demostrándole que hacía esfuerzos significativos por detenerla o de lo contrario, nos impondría aranceles (ilegales conforme al TLCAN, fuera de tal) que hubieran reventado la economía mexicana.

Y aunque eso hubiera significado darse un balazo en el pie, Estados Unidos obtuvo lo que quiso y no en cambio, lo que merecía: un contraataque comercial mexicano que no lo hubiera dejado bien parado, de cualquier manera, por la interdependencia existente en América del Norte. México perdió una gigantesca oportunidad para impedir ulteriores ataques a su soberanía.

Luego entonces, en resumidas cuentas: ¿qué se obtuvo de la reunión en Washington a la que subió una delegación mexicana encabezada por el secretario Marcelo Ebrard, a darle cuentas al vecino del norte? Pues además de atender la exigencia estadounidense bajo la amenaza yanqui y subir a darle cuentas, nada más. Así de patético.

60 mil empleos supuestamente se financian por México en Guatemala, Honduras y El Salvador, como una medida creada para trasladar recursos a mexicanos esos países para detener el flujo migratorio, con la peregrina idea de que generando riqueza allá, se evita migrar; la premisa puede ser cierta, pero su materialización deja enojo en México y dudas en esos países. Eso como primera medida para frenar los ríos de gente, aparentemente funcionará, empero además de que México los detiene en su frontera sur y otro tanto en la norte, incluyendo a migrantes de todas partes, que representan ya una verdadera crisis migratoria señalada hasta por Naciones Unidas. Porque no todos son centroamericanos, de ahí que el esfuerzo de frenarlos es incompleto porque no todos provienen de esa región contigua.

No está claro a quién se entrega el dinero en los vecinos centroamericanos y cómo se controla tal, de ahí el fundado temor de que al final no surtirá efecto el plan y será dinero tirado a la basura, pues nos enfrentamos también a una clase política local centroamericana asaz corrupta, que dispondrá de esos recursos. Sí, yo también tengo severas dudas al respecto de esa efectividad, pero es lo que hay. No se le exigió garantía alguna a esos países y menos la ofrecieron.

Según dijo el secretario de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard en una rueda de prensa al terminar la reunión con las autoridades yanquis –encabezadas por el vicepresidente Pence y el secretario de Estado Pompeo–refrendó la negativa de México a ser tercer país seguro y a cambio les endilgó la exigencia de que cesen el tráfico de armas a México, en contrapartida a su exigencia de que México cese el flujo migratorio a Estados Unidos. La medida de las armas más que audaz, suena inoportuna y fuera de lugar. Y en su comunicado respectivo, los yanquis se la han callado. Ebrard se tropezó con Trump hablando con él diez minutos y aquel externó su reconocimiento a México, cosa que sirve de muy poco, visto cómo está el patio.

Muy seguro el gobierno mexicano en voz de su ministro de Exteriores de que negamos a Estados Unidos la posibilidad de ser un tercer país seguro, lo somos, ya que en realidad sin hacer falta que lo admitamos, así actuamos puesto que somos como se acusa, ese muro invisible de Trump: una Guardia Nacional mexicana apostada en la frontera norte, en la sur, impidiendo el paso de migrantes incluso ¡africanos! Revelando el negocio de traficar con personas desde tan lejos, además, y reteniéndolos pagando su estancia, en tanto Estados Unidos decide si admite o no a sus “visitantes”, y no queda claro a dónde y porqué enviarlos de regreso, si fueran rechazados.

La negativa mexicana a ser tercer país seguro será estudiada y de ahí que afirmo que no se alcanzó ningún acuerdo. Dimos parte de las acciones emprendidas por México bajo amenaza y presión y nada más; Estados Unidos no solo no retira ya las sanciones económicas impuestas unilateralmente desde antes, sino que impuso nuevas al acero mexicano y cristaliza su muro ahora sostenido por México frenando con sus propios recursos tal flujo migratorio y encima, quieren más, porque lo han manifestado y como se lo expresé en semanas pasadas, la migración es solo el pretexto para hacer de las suyas. Nada más que eso. Y no hay la capacidad para frenarlos. Dejamos que lo migratorio contaminara lo comercial.

El gobierno de López Obrador apostó en materia comercial –el trasfondo de este pleito aparentemente migratorio– por aprobar el nuevo tratado trilateral en materia comercial, que incluye a Canadá, en la peregrina idea de que haciéndolo –vía el Senado mexicano– evitaría nuevos aranceles y apuntalaría su defensa nacional. Se equivocó cual novato. Lo hizo aun siendo un pésimo tratado para México, que el gobierno anterior priista, cobarde y vendepatrias, firmó, en vez de encarar comercialmente a Estados Unidos, usando las cartas que tenía y eran varias. Y así nos fue de mal.

Sume usted y tiene relevancia puntualizarlo, comentarle que las presiones a Guatemala para que sí sea tercer país seguro en la coyuntura de sus elecciones presidenciales y mientras se llega a un acuerdo con México, no definido hasta hoy, que solo nos deja que las presiones yanquis a ese país han pasado por su Corte Constitucional, que admitió que se prosigan las negociaciones entre Guatemala y Estados Unidos de un tratado firmando ¡en la oficina de Trump! para convertir a la más vulnerable Guatemala en un tercer país seguro, advirtiendo aquel tribunal que su aprobación final recaerá en el congreso guatemalteco y que Mauricio Claver-Carone, el asesor del presidente yanqui, insiste en negar que la convertirá en tercer país seguro y que tal documento leonino en realidad, solo es de “cooperación y asilo”. Menuda desfachatez.

Así pues, tenemos nada seguro, nada concretado hasta hoy, nada conseguido realmente por México. La vulnerabilidad de México es igual de enorme que cuando gobernaba el PRI. Si aquel putrefacto y corrupto partido de irremediable incapacidad para aportar nada positivo, pues no tiene remedio, nos colocó en la tesitura de esa vulnerabilidad, el nuevo gobierno mexicano se ha mostrado lerdo en sus pretensiones, novato en su relación con los yanquis e incapaz de mejorar la impresentable oferta priista del pasado reciente. Así de sencillo y así de riesgoso.

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