www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

AL PASO

El acuerdo constitucional y su dificultad

martes 17 de septiembre de 2019, 20:35h

No se debe llevar a ultranza la separación, cuando se considera la totalidad de la Constitución, entre su parte valorativa y su parte organizativa, ésta estricta y segura, como integrada por reglas, y aquélla abierta e interpretable, dependiente de principios necesitados de interpretación. El famoso artículo 99 CE dedicado a regular el procedimiento de formación del gobierno, esto es lo que quiero decir, y que pertenece a la constitución de la organización, no es un precepto que pueda entenderse sin recurrir a principios o valores, como puedan requerir por su parte los preceptos referidos a un derecho o un objetivo o fin constitucional, que corresponden a la constitución espiritual o de la conversación. El universo mental, o base de ideas, al que remite el artículo sobre la formación del gobierno es el parlamentarismo, que es una forma política que, para funcionar, requiere de una sintonía entre los protagonistas políticos, que necesariamente han de colaborar si no se quiere la parálisis y la obstrucción del sistema. La disposición a la colaboración de las fuerzas políticas, necesaria para evitar, como decíamos, el bloqueo no debe suponer un esfuerzo imposible, pues estamos hablando de grupos políticos hasta cierto punto, como fuerzas constitucionales, afines, capaces por tanto de poner las exigencias del conjunto por encima de su legítimos intereses propios. No hay en el juego parlamentario enemigos sino todo lo más adversarios, predispuestos a la colaboración en el límite. El límite en la circunstancia española actual, como ocurre por lo demás en las democracias de nuestro entorno, es la celebración de una nuevas elecciones, solo unos meses después de la celebración de las inmediatamente anteriores.

Desafortunadamente con lo que se encuentra el observador en el momento presente, en el que el rey ha de proponer un candidato a la presidencia del gobierno, es con unas fuerzas políticas adheridas a la estricta letra del artículo 99 CE, abusando de su posibilidades, y ciegos a la orientación de fondo del parlamentarismo. La verdad es que, tras la frustrada investidura del pasado mes de julio no ha habido verdaderas conversaciones en busca de un acuerdo que facilite la formación del gobierno: los plazos que marca la Constitución se han dejado pasar inútilmente y a la vista de una nueva fase de las consultas del rey (por cierto, con una Presidenta del Congreso, inédita) estamos como estábamos inmediatamente después de la investidura de julio. El deterioro institucional es inevitable: un gobierno prorrogado en funciones no puede afrontar un panorama político tan difícil como el que se avecina, se consideren las circunstancias internacionales o nacionales del complicado momento actual. Ineficacia constitucional que salpica incluso al monarca, cuya inoperancia queda, injustamente, puesta de relieve.

¿Puede saberse que razones se oponen a la colaboración del PP en la nueva investidura, correspondiendo a la responsable posición del PSOE (no de Pedro Sánchez) en un momento análogo anterior de la investidura de Mariano Rajoy? Y por lo que hace a Ciudadanos, ¿alguien entiende que su proclamado patriotismo pase por encima de los requerimientos de nuestro sistema parlamentario en una situación tan delicada como la presente? En cuanto a las posibilidades de un gobierno de colaboración con Podemos es cierto que las incompatibilidades entre ellos y el PSOE son diversas y graves, y yo no las voy a negar, pero quizás el entendimiento entre estas dos fuerzas podría facilitar el desenganche de Podemos de las tesis autodeterministas (cambiando un referéndum de esta naturaleza por las dos consultas populares obligadas sobre la reforma constitucional y estatutaria en Cataluña: ello supondría un vuelco en relación con nuestro problema territorial). Asimismo, quizás su implicación gubernamental pudiese hacerle comprender a Podemos hasta donde llegan las exigencias, bien entendidas, de las razones de Estado.

La irreductibilidad de nuestras fuerzas políticas a la colaboración, para acordar el apoyo a un nuevo gobierno, que permitiría hablar del agonismo de nuestra situación, de modo que se buscase el combate (afortunadamente sólo) electoral, tiene otra explicación que esta de la insuficiente comprensión de nuestro sistema constitucional, que en el caso del artículo 99 CE, lleva a una interpretación solo formalmente adecuada del mismo: esto es, el entendimiento del procedimiento establecido en la Norma Fundamental para la formación de gobierno exclusivamente como cauce y no como verdadero camino.

Creo que habría que reflexionar sobre nuestros partidos políticos, que en la actualidad presentan una escasa entidad, como organizaciones de reciente aparición o reformadas no hace mucho, y que adolecen de un hiperliderazgo evidente. Estos dos rasgos, debilidad y caudillismo, obedecen a diversas causas, entre las que destacan la introducción en todos ellos del sistema de primarias para designar a sus dirigentes, y la práctica, asimismo compartida, de una obscena disposición a la limpia de todo tipo de oposición interna cuando se trata de designar las candidaturas electorales. Se produce así la exageración de los perfiles propios (polarización ideológica, como medio de singularización partidista) y la visión de las elecciones como el sitio en el que irremisiblemente se juega el destino político de cada cual. En la política española no hay sitio para el acuerdo ni se puede esperar: acordar es ceder y esperar es renunciar. Es una visión presentista y existencial de la política nefasta: lo que se lleva es el vértigo y la reflexión está desprestigiada. Así estamos.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (7)    No(1)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.