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DESDE ULTRAMAR

El inadmisible lenguaje político violento

jueves 19 de septiembre de 2019, 20:37h

Uno puede entender que los ciudadanos se apasionan con la política y es perfectamente comprensible que las pasiones caldeen las discusiones. Se es opositor por derecho y cada quien tendrá sus razones para serlo. Normalidad democrática, después de todo, que no puede solapar insinuaciones de muerte.

Porque no es de recibo el lenguaje amenazante, el lenguaje violento que obedece a no simpatizar, a no compartir una postura política determinada con otras personas y se torna agresivo e insultante o peor. Se carece del derecho a ejercerlo. No hay manera de avalarlo, no hay legislación que lo autorice. No puede uno escudarse de manera burda en la libertad de expresión. Máxime si entraña amenazas de muerte. No cabe exculparlo como una broma o como un comentario dicho por decirlo. Es violento y es reprobable. Es irresponsable en grado sumo.

Dicho de otra forma: es obligado elevar el nivel del debate político y saber que no se puede ir por ahí diciendo estupideces, mal creyendo que no traerán consecuencias. Para el caso mexicano, la Constitución federal es clara: la libertad de expresión no debe implicar la comisión de delitos o afectaciones a la moral o la paz pública. Ni reales ni supuestas y la jurisprudencia precisa que el insulto no queda amparado por aquella.

En esa tesitura, en México la piloto Ximena García escribió en su cuenta personal de una red social que le gustaría ver caerse una bomba en el Zócalo –plaza mayor de México– atestado de gente (130 mil personas) la noche de la fiesta nacional, mientras vitoreaba a los próceres que invocaba el presidente López Obrador. ¿Por qué tan infausto deseo? Porque a la señorita no le cuadran los que no piensan como ella en materia política. Semejante idiotez asesina de una aprendiz de terrorista pinta para delito en México, pues entraña un discurso de odio y desde luego, imagínese, avala un acto genocida, terrorista contra población inocente, que no le debe nada y no tiene ella porqué agredirla. Ergo, no puede ni celebrarse ni aplaudirse. Es descerebrada. Mucho menos puede encubrirse con libertad de expresión. La Constitución mexicana es precisa en su artículo 6º: valdrá a menos que incite al delito. Semejante apología del crimen aplaudiéndola, es reprobable en todo momento y lugar. ¿Matar a los que no simpatizan políticamente contigo? ¡vaya sandez! ¡vaya intolerancia! ¡vaya carencia de cerebro para articular un lenguaje y un discurso opositor inteligente. No es de recibo. Se puede discrepar en todo, pero ya desear la muerte del otro porque no te cuadran sus ideas, es abominable. Y pese a ello no faltaron los que aplaudieron a cometer un delito. Así de claro. El lenguaje opositor en México apesta a violencia, mentira, crimen y clasismo desbordado. Es de una oposición que no demostró ser mejor que aquella que hoy gobierna.

Así de pusilánime, así de enajenada e imbécil va la oposición. De la piloto, su “sueño” materializado implicaría un genocidio. No es una broma ni un comentario dicho con ligereza. En otro país ya estaría presa y el Estado indagaría hasta su salud mental. ¿Se tiene que llegar a ese nivel tan bajo para expresar sus preferencias políticas? Para los opositores a López está visto que sí. La aplauden, la justifican y lo comparten. Así de obtusos y así de violentos e irresponsables. Su lenguaje apesta a incapacidad de raciocinio, a imposibilidad de construir alternativa mejor, a demostrar que como opositores no son mejores que lo que critican y como opositores cabe en ellos recordarles que si llaman a la Cuarta Transformación –lema del presente sexenio– como transformación de cuarta, se conducen como una verdadera oposición de quinta. Dan pena ajena.

Desearle la muerte a 130 mil personas asesinadas por un kamikaze por la única razón de que no simpatizan con tus creencias políticas o tú con las de ellas, por capricho, por un simple porque sí, delata una animalidad brutal de quien lo desea. La piloto ha sido separada del cargo, en algo que aún no sabemos si es definitivo o solo temporal, pero ha debido disculparse y reconocer que ella no incitaría a la violencia. Eso ya es una estruendosa derrota mayúscula para los opositores a López Obrador y merece celebrarse porque se la han ganado a pulso. No cabe su lenguaje amenazador y violento.

Ese es el lenguaje que se ha vivido en México desde que gobierna la izquierda, uno de odio y repulsa desde sus opositores, por el ánimo muy extraviado de no simpatizar con el presidente López Obrador y su partido. Es asaz violento –mientras acusan a los simpatizantes de López de ser los violentos– destila odio y no propuesta, es clasista, racista, vergonzante y eso lo hace condenable, denunciable. No propone. La virulencia va creciendo y que a base de mentiras y manipulaciones difunde permanentemente noticias falsas del jefe de Estado para crear una animadversión irresponsable, carente de inteligencia, suma decretando y pretenden convencer de que ya somos Cuba o Venezuela y ante las evidencias de que no podremos serlo, van dejándolo en un mediocre: “vamos en camino de serlo”, porque su cabeza no da para estructurar ideas razonables y cuerdas. Hace un daño tremendo a la construcción democrática que dice representar y al carecer de la capacidad para crear alternativas a lo que dice odiar.

Hablar por hablar, decir burradas vende y lo hace bastante bien, a juzgar por los lerdos que la siguen. No hay manera de que los opositores siquiera piensen tantito, lo que les permitiría construir una oposición responsable, inteligente como la que se requiere y no tenemos. En cambio destilan odio, clasismo, racismo y estupidez desbordada.

El ambiente político está enrarecido y con él, la sociedad mexicana. Los opositores a López, obnubilados, arguyen que el presidente divide. Mi abuelo respondería ante su infantil postura: “ya están muy grandecitos como para que los dividan”. Si se dejan manipular con propaganda barata, es su problema. Asuman. Se divide quien quiere. La consecuencia de haber tragado tanta propaganda nos deja ejemplos como el de esta peligrosa piloto irresponsable. Gente obnubilada, descerebrada, que comparte en sus redes sociales todas las mentiras que se dicen del jefe de Estado que no soportan, porque su odio es mayúsculo y ya no distinguen la realidad de la falsedad, tragándose todas. Pero todas. Es tan penoso y evidenciador y preocupante, porque el día menos pensado ejecutarán el más indecible crimen de odio.

¿Sabe? Si debo decirlo, el lenguaje más violento sigue siendo el de los priistas. Lo normal. Imagínese perder la presidencia de México que asaltaron de nuevo en 2012, desfalcando este país otra vez y creyendo que se quedarían ad perpetuam en ella y ¡zas! los echamos a punta de votos en 2018 con el franco deseo de que jamás

regresen. Son tóxicos. El discurso priista violento merece denunciarse, siempre. Y ya se sabe que no es ni el mejor ni mucho menos el más autorizado careciendo de estatura moral para señalar nada, vistos los resultados entregados de su desgobierno. Y no es el único violento, pero es el más visible.

Todo esto se lo cuento porque no promete mejorar. Para mí lo preocupante es ver como una oposición colapsada por su incapacidad de gobierno, incapacitada por entregar pésimos resultados, terminó por perder el rumbo. No puede culpar de su colapso al arrollador candidato López Obrador. Si no propone o no convence es culpa de sí misma. Perder una oposición inteligente como la hemos perdido, que no es capaz de construir alternativa que arrastre, que convenza, y no la tenemos, es grave porque perpetuará lo que no desea y así debilita a México. Y en ese panorama no hay nadie más que sea responsable, sino ella misma. Prefiere matar al que no comulga con ella. Así de real, así de grave.

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