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TRIBUNA

Manuel Cruz: rey-sofista

domingo 29 de septiembre de 2019, 19:57h

Ya se sabía que el Senado, salvo para aplicar un 155 necesario, no vale para mucho; quizá para fósiles políticos del favor devuelto y de la mano de trincar, que sabemos que en España se lleva con gusto. Pero en estos días de disolución y vergüenza, de descojone en la cara del español de a pie, sale en Abc el plagio reincidente y retrospectivo de Manuel Cruz, presidente del Senado y filósofo. Filo, ¿qué? Filo nada. Un mal ganador de un premio Espasa de ensayo que resulta ser un adepto al robo, un robo menos penado que el que hacen sus compañeros de la misma y distintas siglas. Una desvergüenza cuyos platos rotos vamos a seguir pagando —y que quizá merezcamos—. El robo intelectual. La triquiñuela del truhán más bajo y ruin. Un golfarai que hace del caradura de barrio y blasfemo con navaja alguien con cierto honor, que te roba la cartera pero no la cultura.

Este atraco tan del político atenta contra cualquier postulado ético y confirma que el pobre Platón no pudo estar más desacertado al mezclar filosofía con la política. Un Platón revolviéndose en su tumba que expulsaría de su república a semejante hombre. Una república ésta que se desmorona, en la que los intelectuales suplen con ideología y timo sus carencias y tantos libros no leídos; trocan esfuerzo y estudio ajeno por fotografía y sillón. Sin hablar de la altura moral que habrá tenido y seguirá teniendo, como aquel día en El Escorial, sereno y seguro de sí.

Me parece curioso y hasta risible que tenga un libro sobre el amor, cuyo título no pienso reproducir, que también contiene plagios. Pervierte un asunto vital en el ser humano y asalta los principios de cualquier filósofo; usurpa las aguas de la fuente sagrada y, encima, para hablar de amor, con coraje torero. Que no se darán cuenta me imagino que se diría. Entre tanto, Fernando Savater se desangra al publicar La peor parte, donde habla de verdad sobre este asunto, de ese profundo dolor que es amar y perder. Y, por otro lado, Javier Gomá saca su novedad editorial: Dignidad, lo que le falta a Cruz.

Con certeza, el presidente del Senado mirará al soslayo, seguirá con las excusas y no habrá nada. Seguirá como receptor del dinero de todos los españoles; mientras, en un rincón más sombrío, continuarán con su labor filósofos como Savater o Gomá. Propedeutas e investigadores honrados que se dedican a estudiar, que confían en el saber porque tienen la determinación de aprender. No entre aquí quien no sepa de geometría, rezaba la entrada de la Academia de Platón. Sé que es mucho pedir para la canalla política de hoy, pero, al menos, en las fachadas del Senado y del Congreso podría escribirse: «No entre quien no sea honesto», o algo así. Para que cada vez que crucen su umbral les recorra algún escalofrío de culpa. Con eso podríamos conformarnos.

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