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A VUELTAS CON LOS ÁRABES

La Mezquita Digital

Juan Manuel Uruburu
sábado 02 de noviembre de 2019, 19:49h

Desde tiempos remotos, las relaciones entre el poder temporal y el espiritual nunca han resultado fáciles en las sociedades humanas. Ello se debe a que, esencialmente, ambos poderes persiguen un mismo objetivo, como es el de regular y ordenar la vida de las personas en sociedad. En los estados iniciales de las civilizaciones no hubo grandes problemas, ya que ambos poderes se concentraban en una figura, la del soberano, el Pontífice, o el Rex, quien determinaba lo que era legal, ilegal y lo que era pecado. Los problemas surgieron cuando ambos poderes se separaron. Ya sabemos que los divorcios no son fáciles, especialmente cuando toca repartirse lo que hay en la casa.

En Europa la historia es antigua y conocida. Hicieron falta unas cuantas revoluciones y un profundo cambio de mentalidad social para delimitar lo que hoy día es de Dios y lo que es del César. En los países árabes, aunque algunos piensen que se trata de otro planeta, se enfrentaron a semejantes situaciones. Tras su independencia, en estos países proliferaron gobiernos, llamémoslos autoritarios, y una de sus primeras preocupaciones fue la de controlar, en la medida de lo posible, el discurso de las autoridades religiosas. Para ello se establecieron por doquier ministerios de asuntos religiosos con la función de nombrar a los Imanes de las principales mezquitas y de las grandes instituciones religiosas de cada país. Asimismo se establecieron diferentes Consejos de Ulemas para aconsejar, y de ese modo dar legitimidad religiosa, a los órganos del gobierno y al parlamento en sus funciones normativas. Los servicios de inteligencia, por su parte, se encargarían del control del discurso religioso en las mezquitas de barrio, de pueblo, en las que el musulmán de a pie se instruía sobre el modo de vivir conforme a los designios divinos.

En Europa, en un primer momento, el fenómeno religioso de los musulmanes emigrados quedó reducido a una cuestión privada, donde cada comunidad se organizaba como quería o como podía. La aparición del fenómeno del llamado terrorismo islamista, pondría en alerta a las policías europeas, máxime cuando se descubrirá que buena parte de las redes terroristas tenían, de algún modo, conexión con determinadas mezquitas locales. La solución encontrada fue semejante a la de los países árabes, es decir, una vigilancia más o menos extensa e intensa de las mezquitas por medio de espías. De este modo, el discurso religioso quedaba más o menos bajo control.

Pero hete aquí que llegamos al siglo XXI y empieza la era de la comunicación. Aparece la red de las redes, Internet, esa autopista de información o gallinero global, según se mire, que lo mismo te enseña a montar una estantería, a preparar un salmorejo cordobés o te instruye sobre el camino correcto en la vida conforme a los designios de Dios. Las nuevas posibilidades de difusión del discurso favorecerán la proliferación de numerosas webs en la que expertos en religión responden de forma personalizada las dudas de que le envían los fieles. Muchos musulmanes, especialmente entre los jóvenes, se dan cuenta de que ya no es necesario acudir a mezquitas en las que cada vez uno se fía menos del vecino, a preguntar dudas sobre la adecuación de sus vidas al Islam. A golpe de click pueden conseguir respuestas online remitidas directamente desde Egipto, Arabia Saudí o vaya usted a saber.

Entre estas webs hay una que llama poderosamente la atención. Se llama Islamqa (Islam questions and answers) y responde al formato antes mencionado, es decir, los fieles envían preguntas que son respondidas por un equipo de imanes con la “supervisión de Sheij Muhammad Salih al-Munajjid”, un clérigo ultraconservador radicado desde hace años en Arabia Saudí. Llama la atención, en primer lugar, comprobar la capacidad de difusión que ha alcanzado este consultorio digital. Se publica en ocho de los principales idiomas del mundo, entre ellos el español, el inglés y, por supuesto, el árabe. Por gracia de las misteriosas reglas de posicionamiento de Google aparece siempre en primer lugar cuando se escriben claves sencillas como “islam preguntas”. Además, la popularidad de su mentor, al-Munajjid, parece ser enorme, habida cuenta de los más de setecientos mil “like” que incluye su cuenta de Twitter.

En segundo lugar, llama la atención su contenido. Esta web contiene más de cincuenta y ocho mil fétuas, o dictámenes religiosos en los que se responden a las más variadas preguntas, desde la posible licitud de realizar una cirugía estética hasta las condiciones en las que sería permisible la masturbación, pasando por la manera correcta de amamantar a un bebé.

Si analizamos algunas de las fétuas vemos claramente que responden al perfil ideológico del wahabismo saudí. Se establece un modelo de sociedad en el que las mujeres deben permanecer absolutamente separadas de los hombres en el espacio público, incluyendo hospitales, universidades, lugares de ocio, etc. Realmente la mujer no sale muy bien parada de los dictámenes de esta web. Por ejemplo se afirma que la mujer no debe en ningún caso asumir funciones públicas como ministerios, judicatura, etc., basándose en jurisprudencia del siglo XII en la que se afirma que “el hombre es mejor que la mujer. Es por eso que la profecía está reservada para hombres”.

Podemos discrepar pero frente a las opiniones frontalmente opuestas es cuando se pone a prueba el don de la tolerancia que la mayoría nos atribuimos. Ahora bien, la discrepancia fácilmente puede derivar en indignación cuando vemos otras fétuas en las que se defienden posturas que, en mi opinión rayarían lo que se conoce como apología del delito. Por ejemplo, en una serie de fétuas , estos pretendidos expertos en Islam, defienden como recomendable (mustahabb) el acto de la ablación de clítoris. Para ello además de recurrir a la sempiterna jurisprudencia medieval y a la omnipresente misoginia “porque reduce el excesivo deseo sexual”, se apoyan en surrealistas estudios médicos que defienden una menor incidencia de cáncer entre las mujeres que han sufrido aquella desgracia. En otro caso, un joven deportista afirma que gracias a su forma física planea dedicarse en breve a realizar la Yihad. La propia referencia al músculo nos muestra que no se refiere al sentido original de esfuerzo intelectual por encontrar el camino correcto, sino a otra cosa que todos conocemos. Pues bien, en su respuesta, el Imán de turno alaba la decisión de este joven de embarcarse en tan noble tarea.

Lo preocupante de todo esto es la capacidad de influencia de este discurso, especialmente en jóvenes musulmanes europeos que, tras el esfuerzo realizado por sus progenitores inmigrantes por integrarse en una sociedad extraña, buscan una identidad que dignifique su existencia como minoría cultural. Igualmente es preocupante que este discurso, que junta la Edad Media y el Siglo XXI en un todo atemporal, acaba por echar por tierra el esfuerzo de miles de musulmanes que opinan que el Islam no es más, ni menos, que un camino de conexión entre el hombre y Dios, reflejado en un libro sagrado. Lo demás no pasa de folklore. Pero Dios es el más sabio.

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