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TRIBUNA

España: gobierno de izquierdas

domingo 17 de noviembre de 2019, 19:23h

Las elecciones del pasado domingo 10 de noviembre van a marcar un antes y un después en la política española contemporánea. El hecho de que fueran los cuartos comicios en cuatro años es el reflejo de las dificultades para formar un gobierno estable y dar continuidad al sistema político, en una época de grandes transformaciones y complejidad en la vida de las naciones.

Un primer aspecto que llama la atención en los resultados electorales es la continuidad en los resultados entre izquierdas y derechas, respecto de las elecciones del pasado 28 de abril del presente año. Esto de inmediato condujo a cuestionar la decisión de Pedro Sánchez de haber convocado a estas nuevas elecciones, tras la incapacidad mostrada hace solo algunos meses para lograr acuerdos estables de gobierno. ¿Era necesario hacer estas nuevas elecciones? Solo el tiempo lo dirá y ya veremos cómo termina este proceso.

Un segundo factor es el cambio en la correlación de fuerzas al interior de los distintos sectores políticos. La principal transformación se ha dado en las derechas, con el alza de Vox, desde ahora la tercera fuerza política mayoritaria de España, con 52 diputados (desde los 28 que tenía tras las elecciones de abril). Esto contrasta con la impresionante caída de Ciudadanos, que hace algún tiempo esperaba superar al Partido Popular y en estos comicios estuvo cerca de desaparecer, al llegar a un modesto 6,8% de los votos, logrando elegir apenas 10 diputados, frente a los 47 que tenía con anterioridad. Muchos apostaron por lo que era un partido centrista, liderado por Albert Rivera, que emergió con gran fuerza y un estilo novedoso: sin embargo, ha sido superado por Santiago Abascal, el líder de Vox que muchos descalificaron y acríticamente lo situaron en la extrema derecha, sin detenerse a analizar su raigambre social ni la existencia de una (eventual) extrema izquierda en el escenario político de España.

El tercer elemento interesante es la recuperación del Partido Popular, que subió desde 66 a 89 diputados, bajo el liderazgo de Pablo Casado. Si bien todavía resulta insuficiente para lograr las mayorías que tuvo en el pasado o para volver a La Moncloa, es interesante como el tradicional conglomerado -que gobernó bajo los liderazgos de José María Aznar y Mariano Rajoy- ha logrado superar los desafíos que se le presentaron por el frente, el Partido Socialista, y también por los costados, con la irrupción de Ciudadanos y Vox. Eso exigió mostrar una capacidad de renovación política y generacional, de estar más atentos a los errores y abandonos cometidos en los últimos años desde el gobierno o la oposición. La competencia interna le ha hecho bien al PP y hoy es un partido rejuvenecido y más vital que hace unos años.

Finalmente, existe un factor nuevo en las izquierdas de España que, en principio, es el sector político llamado a gobernar. El domingo 10 rápidamente se generó un nuevo escenario político postelectoral: si hace unos meses los socialistas y Unidas Podemos lograron extremar las posiciones, haciendo inviable un acuerdo de gobernabilidad, hoy la realidad española hace prácticamente inaceptable no intentar con seriedad un pacto entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Aunque sus partidos hoy tengan menos diputados que tras las elecciones de abril -el PSOE bajó de 123 a 120 diputados, mientras Unidas Podemos también experimentó una caída. Adicionalmente, el acuerdo debe producirse después de los duros ataques y descalificaciones recíprocas entre ambos líderes durante las pasadas negociaciones.

La situación actual permite anticipar la formación de un gobierno de izquierdas para España, lo que significa grandes desafíos y algunos peligros en el camino. La invitación de Pedro Sánchez a Pablo Iglesias es novedosa, se hace desde una mayor humildad y también con la clara necesidad de llegar a puerto. En algún momento Sánchez calificó a Iglesias como alguien que generaba “pesadillas” entre los españoles y el líder populista también tuvo duros epítetos contra el socialista. Ahora, la lógica de la democracia y del poder está reforzando los incentivos a pactar políticamente y a dar inicio a una inédita fórmula de gobierno. Ciertamente, también hay un lugar fundamental para el realismo político, siempre un factor que ayuda a la toma de decisiones que son más ideológicas cuando se está lejos del poder y más pragmáticas cuando o exige la necesidad de formar gobierno o llegar a acuerdos que antes causaban resquemores.

Así lo ha dado a entender claramente Pablo Iglesias -quien asumiría como vicepresidente de Pedro Sánchez- en estos últimos días, manifestando su nueva posición a los correligionarios de Unidas Podemos: "Tendremos que ceder muchas cosas", fue una de las declaraciones del hasta ayer intransigente líder que rechazaba a la casta y los acuerdos cupulares, agregando que tendrán en este camino "muchos límites y contradicciones". Bienvenidos a la política real. Además aprovechó la ocasión para lanzar sus tradicionales invectivas a sus adversarios políticos más relevantes: "Los partidos de la derecha y los brazos mediáticos del poder económico van a golpearnos muy duro a cada paso que demos, por pequeño que sea".

Iglesias actúa en la conciencia de estar en una "tarea histórica e ilusionante de participar en un Gobierno que equilibre la balanza en favor de la mayoría". Es una forma tradicional que ha ocupado para distinguir su posición respecto de quienes tienen poder económico, de los que gobiernan y mandan, de la casta, renunciando de alguna manera a las tradicionales divisiones de derechas e izquierdas. Sin embargo, la afirmación debe ser relativizada, considerando que las mayorías españolas están bastante equilibradas, que las izquierdas no tienen capacidad por sí mismas de lograr un gobierno estable en España.

De hecho, la suma de ambas agrupaciones llega solo a 155 escaños, de los 176 que se requieren para formar gobierno. A esto habría que sumar los dos diputados de Más País, de Iñigo Errejón. Pero con esto no alcanza. De ahí que Sánchez haya iniciado rápidamente algunos guiños a Ezquerra Republicana de Cataluña, lo que implica asumir el riesgo de pactar con grupos que lideran el que quizá es el principal problema que enfrenta España en la actualidad, como es el independentismo catalán. No sabemos cómo terminará esta potencial alianza.

Es probable que desde aquí a fin de año España tenga gobierno, un gobierno de izquierdas, que ha prometido incrementar los impuestos y garantizar derechos. Un gobierno que además se encontrará con una economía ralentizada y con problemas, con gastos muy por sobre los ingresos y con una tendencia al déficit fiscal que se extiende por años. Un gobierno que, por último, no tendrá necesariamente la fortaleza que se requiere en estos tiempos y que con seguridad no se extenderá más de un par de años.

En cualquier caso, es preciso tener en cuenta que la política española ya cambió. Si se consolida el pacto PSOE-Unidas Podemos en La Moncloa tendremos un escenario con una nueva generación gobernando, posterior a Franco y coetánea con la transición; además será parte de esta nueva tendencia española al pluripartidismo que superó esa tendencia de dos grandes partidos, como fue el PSOE y el PP durante años. Una España en un mundo que ha cambiado y donde requiere volver a ponerse en marcha una democracia sólida, pero con problemas que requieren una solución seria y permanente.

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