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A VUELTAS CON LOS ÁRABES

Creacionismo y evolucionismo en el mundo árabe

Juan Manuel Uruburu
domingo 12 de enero de 2020, 19:25h

Hemos creado al hombre de arcilla fina. Luego, le colocamos como gota en un receptáculo firme. Luego, creamos de la gota un coágulo de sangre, del coágulo un embrión y del embrión huesos, que revestimos de carne. Luego, hicimos de él otra criatura. ¡Bendito sea Alá, el Mejor de los creadores!”. Corán, 23, 12-14

Con estas palabras el texto sagrado de los musulmanes, da respuesta a uno de los grandes enigmas a los que se ha enfrentado la humanidad desde tiempos inmemoriales. La que podríamos definir como la madre de todas las preguntas. ¿De dónde venimos?

Esta cuestión ha perseguido la conciencia de los hombres en todas las latitudes y civilizaciones. Cada cultura ha tratado de dar una respuesta inmutable e incontestable a esta cuestión. Por tradición oral, veredicto de aquellos que tenían contacto con el más allá o por medio de libros sagrados que reflejaban los dictados divinos, las distintas religiones del mundo ofrecieron aquellas respuestas que el hombre buscaba sobre esta cuestión. Durante siglos, el dilema quedó zanjado y el hombre pudo dedicar sus esfuerzos intelectuales a resolver otros asuntos mundanos. Sin embargo, a partir del siglo XIX, primero Darwin y más tarde la paleontología fueron situando la respuesta a la pregunta sobre nuestro origen en el terreno de la ciencia. Realmente somos el producto de una selección genética que se ha ido sucediendo a lo largo de milenios. Los que mejor se adaptaban a su entorno sobrevivían y tenían más descendencia, mientras que sus congéneres iban desapareciendo paulatinamente. A partir de entonces el hombre contemporáneo tuvo que optar entre aferrarse al sentido literal de los viejos textos sagrados, dando origen al llamado creacionismo, o bien aceptar las evidencias científicas y asumir la teoría de la evolución como explicación a nuestro origen.

Curiosamente, la vieja Europa fue pionera en asumir los nuevos vientos que traía la ciencia. La potencia que extendió el cristianismo por todo el planeta acabó por evitar el choque entre ciencia y religión, admitiendo que el texto bíblico del Génesis debía ser interpretado de modo simbólico. Al menos así me lo explicaron los Padres en un colegio católico durante los albores de nuestra democracia. Pero no crean que fue fácil. No fue hasta 1996 cuando el Papa Juan Pablo II admitió en una declaración que "el nuevo conocimiento ha llevado al reconocimiento de la teoría de la evolución como algo más que una hipótesis". En cuanto al resto del mundo, vemos como la teoría de la evolución parece asentarse definitivamente en los demás continentes, de modo mayoritario. Pero hay dos regiones del mundo en las que la polémica entre el creacionismo y el evolucionismo dista de estar resuelta. Una es Estados Unidos. Como sabemos en la gran potencia mundial hay mucho de todo. De este modo es pionera en descubrimientos científicos, incluyendo la paleontología, y también en la defensa de las ideas creacionistas entre importantes sectores de la población. En fin, imagino que son paradojas inherentes a su condición imperial. La otra región es Oriente Medio y Norte de África. En estos países, en diferente grado, se puede apreciar una resistencia considerable a la aceptación de la teoría de la evolución, en lo que al hombre respecta.

Para apreciar esta cuestión, quizá sea un buen indicador los programas y libros de texto oficiales que los respectivos Ministerios de Educación aprueban para su uso en las escuelas. De este modo, podemos ver como el extremo del negacionismo ante la teoría de la evolución se encuentra en Arabia Saudí. Diversos estudios nos muestran como los libros de texto de biología en aquel país no hacen referencia alguna a esta cuestión hasta el último año escolar, cuando se presenta la teoría de Darwin como una doctrina falaz y blasfema creada por Occidente y que viene a negar la creación de la humanidad por Dios. Si bien Arabia Saudita representa un extremo en términos de enseñanza de la evolución, el otro extremo en Oriente Medio lo encontramos en Irán. Tal vez les parezca sorprendente, pero el país de la Teocracia chiíta, el gran demonio para buena parte del planeta, pues nos rompe la tesis simplona de que la religión islámica oficial es enemiga de la ciencia. En realidad, en Irán la evolución es una parte importante del plan de estudios de biología. La teoría de la evolución de Darwin es explicada detalladamente y admite la adaptabilidad de los seres vivos a su entorno, incluyendo al hombre. Así, en esta materia, los planes de estudios en la escuela secundaria en Irán parecen estar en sintonía con la educación en la mayoría de los países de Europa, América y Asia Oriental.

Entre ambos extremos podríamos situar a los demás países de la región. Así, por ejemplo, un reciente estudio realizado entre escolares del multicultural Líbano nos mostraba como, aproximadamente un 50 por ciento de los entrevistados rechazaba la teoría de la evolución, incluyéndose unas tasas sensiblemente superiores entre los escolares musulmanes con respecto a los cristianos.

En Marruecos, por su parte, se puede observar una interesante evolución de la cuestión. Así, durante un largo periodo, los programas de estudio en materias científicas fueron equiparados a los de Francia, incluyendo, claro está, la cuestión de la teoría de la evolución. Sin embargo, por presiones políticas, la cuestión fue suprimida en 1994, coincidiendo con el agravamiento de la guerra civil contra los islamistas en la vecina Argelia. Con la llegada de Mohammed VI al trono, nuestro vecino se propuso modernizar su sistema educativo, aprobando un plan nacional que establecía que “el sistema educativo del Reino de Marruecos se basa en los principios y valores de la fe islámica que permanece abierta a la ciencia y el conocimiento”. Por lo tanto, la teoría de la evolución quedaba reintroducida en el sistema educativo y así permanece hasta la actualidad. Pero es en Argelia en donde podemos verde modo más claro, la influencia de la política en la enseñanza de la teoría de la evolución. Así, en aquel país, ningún libro de texto de ciencia trata la teoría de la evolución. A pesar de ser un país rico en restos paleontológicos, el hombre primitivo solo es tratado de modo descriptivo y nunca evolutivo. Pero debemos entender que las heridas de la guerra civil son profundas y recientes, De hecho, bastante tienen ya los gobernantes de aquel país como para buscarle la cosquillas a los islamistas por algo que pasó hace muchos millones de años.

Y mientras tanto, ¿qué hacen los científicos? Pues la mayoría de los científicos de Oriente Medio y el Norte de África están, como los del resto del mundo, firmemente convencidos de los principios de la evolución. Estos investigadores a menudo participan en una guerra cultural que se extiende más allá de la simple enseñanza de la evolución y que implica un choque frontal entre las ideas religiosas seculares y fundamentalistas. Y es que política, ciencia y religión son cosas diferentes, y cuando se encuentran no deberían ponerse zancadillas. Es paradójico que en el Mundo Árabe, donde ya en el siglo IX naturalistas como al-Yahiz, pusieron los primeros esbozos de la teoría de la selección de las especies, se mantenga viva la confrontación entre aquellos ámbitos. Pero, a fin de cuentas los árabes de hoy día tienen problemas más serios a los que enfrentarse que nuestro origen biológico. Los hombres podemos vivir sin saber de dónde venimos pero no sin saber a dónde vamos.

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