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MMA

UFC 246. Conor McGregor detona el shock y arrasa en su triunfal vuelta

UFC 246. Conor McGregor detona el shock y arrasa en su triunfal vuelta
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domingo 19 de enero de 2020, 07:48h
El irlandés abrasó a Cerrone y reventó la pelea de la noche en 40 segundos. 'The Notorious' está de vuelta y lleno de ambición.

La madrugada de este domingo ha visto cómo un evento ha paralizado al universo de los deportes de contacto. Millones de personas, alrededor de todo el planeta, se han acomodado frente a un televisor, teléfono móvil u ordenador para contemplar un regreso por el han salivado -más de lo que desearían- los aficionados a las artes marciales mixtas (MMA, por sus siglas en inglés). Un total de quince meses después de su última aparición profesional sobre un octágono, Conor McGregor (31 años) volvía a competir.

La expectativa se disparó hasta el techo. Comprobar si el peleador más mediático y efectivo a la hora de generar dinero de este siglo -con permiso de Floyd Mayweather- todavía podía luchar y ganar, colapsó a la esfera deportiva de Estados Unidos e Irlanda. Como proclamó Dana White -dueño de la afamada empresa de MMA- en la previa del UFC 246 de este fin de semana, sobre la mesa ha estado desde que se anunció el fin de la jubilación de 'The Notorious' si "en su vuelta a la jaula es el de siempre o no". Porque fuera de ella ha lucido un talante totalmente distinto al que le encumbró como una figura internacional: ha enterrado las provocaciones e insultos para preponderar el respeto. Un dato que le ha colocado bajo sospecha.

Su emparejamiento con Donald 'Cowboy' Cerrone (36 años), cuya rivalidad comenzó hace años con un intercambio de mensajes a través de las redes sociales, ha subrayado el inicio de 2020 como un foco resplandeciente para el negocio de la UFC. Y es que McGregor ha publicado, por activa y por pasiva, que vuelve hambriento. Quiere pelear este año, como mínimo tres veces. Por ello ha cambiado de división -era peso ligero y ha subido al wélter, al igual que su oponente de este domingo- y ha susurrado que anda tras los pasos de Jorge Masvidal -el peleador más de moda en 2019- y Kamaru Usman -dueño del cinturón de la división que una vez fue suya-. Sea como fuere, había de ganar frente a Cerrone para seguir proyectándose hacia una oportunidad de título.

Se citaron como la cumbre del 'Main Card' Conor -en pleno regreso pomposo- y 'Cowboy', un peleador que se ha definido como 'redneck' (paleto) y que cuenta en su currículum con un buen puñado de plusmarcas (más victorias y finalizaciones en la historia de la UFC). Sin embargo, las dudas sobre el rendimiento de ambos, por motivos distintos, planearon entre las bocanadas de entusiasmo. El T-Mobile Arena de Las Vegas -el que vio caer el irlandés ante Khabib Nurmagomedov, en su última pelea antes del retiro- fiscalizaría la realidad de la relación de fuerzas.

McGregor, entre unas cosas y otras, no ganaba desde noviembre de 2016 (cuando derrotó a Eddie Álvarez por el título del peso ligero) y su falta de ritmo competitivo le podría jugar en contra, amén de medirse a un luchador mucho más completo que él. Al tiempo, sobre Cerrone se cierne el fantasma de cierta impotencia en los combates grandes. Y arribaba a esta fecha en una racha de dos derrotas encadenadas -con Tony Ferguson y Justin Gaethje-, agradecido a su contrincante por conseguirle el contrato más alto de sus nueve temporadas en la empresa.

Así que Conor (21 victorias y 4 derrotas) y Cerrone (36 victorias y 13 derrotas) coronarían la primera velada volcánica del año. El primer campeón de dos divisiones a la vez, ante un veterano de ignición tardía y con prisa por dar el alto definitivo que le asome a batallar por la gloria. El favorito -en casas de apuestas y graderío-, frente al aspirante a entrar en el Hall of Fame de la empresa de White. Y cuando el reloj comenzó a contar se acabó la espera y el equilibrio voló por los aires. McGregor arrasó en 40 segundos de actividad imperial.

Logró un KO contundente y dejó sin aire a las miles de personas que abarrotaron el recinto. Se pronosticaba una salida fulgurante del europeo, pero no de tal dimensión. Comenzó marrando con la izquerda y, ya en el 'clinch', se sacó de la manga tres truenos con el hombro que dejaron fuera de la dinámica, a los 10 segundos, a 'Cowboy'. A partir de ahí, pura pasión guerrera. Encajó un rodillado, desencadenó una patada a la barbilla y remató el terrible golpe sobre la mesa con cañonazos de zurda que sólo la gallardía de Donald dilatarían hasta más allá del medio minuto. El peleador estadounidense tenía que aguantar el ardor del prólogo y crecer, lo marcaba su guión. No hubo manera. Confesó que le sorprendieron los toques con el hombro a su nariz y bajó la confianza. Cavó su tumba con una celeridad pasmosa, devenido en sujeto pasivo de una exhibición.

De esta manera, con un pestañeo que ha rellenado de contenido a su figura maltrecha -con problemas legales relativos a una pelea en un bar y a acusaciones de agresión sexual en su país natal-, Conor ha convertido su vuelta en una declaración de intenciones que ninguno de los presentes pudo tragar con sencillez. En las primeras filas se encontraban Masvidal y Usman, los nombres a los que ha puesto la diana. Sus sonrisas desaparecieron cuando comprendieron que el irlandés acababa de autografiar un renacimiento con honores. Firmó una barbaridad que, repentinamente, ha transportado a las MMA hacia los mejores años de McGregor. El 'Rey' cumplió su promesa: ya está aquí. Ansioso y preparado para escalar, de nuevo, la montaña.

Tras el fulgor, tomó el micrófono en la jaula para expresar sus sensaciones. Todo el mundo miraba a su izquierda y lo que decidió fue la creatividad inesperada y una patada extraordinaria. "Grabé mi nombre en la historia una vez más. Esto es para los irlandeses y para mi madre", exclamó, exultante. A continuación, recordó que es el único peleador en la UFC que ha conseguido finalizar a su rival en peso pluma, peso ligero y peso wétler. Y prosiguió de este modo: "Me gusta esta división. Me siento realmente bien. Salí ileso de aquí. Y estoy en forma, pero tenemos trabajo por hacer para volver a donde estaba". Entonces, sólo encontes, emergió su cara vintage para declarar que "cualquiera de estos tontos (Masvidal o Usman) puede conseguir una pelea conmigo. Todos ellos. Todos y cada uno. No me importa quien". Cerrone, tan deportivo como siempre en los malos momentos, se resginó y confesó que "simplemente me encanta este deporte. Voy a seguir peleando".

Por otro lado, en la segunda pelea más importante de la noche en Nevada, Holly Holm (38 años) diluyó los anhelos de Raquel Pennington (31 años) con una demostración de oficio. Ambas se vieron las caras hace cinco años y se tomaron la cita de esta madrugada como una revancha en la que las dos pretendían que constituyera un trampolín. Finalmente, la veterana neutralizó el estilo callejero de su oponente por medio del 'clinch'. Arribaría a dominar Holm, ganadora por decisión unánime. Y remarcó su intención de volver a gacerse con el cinturón del peso gallo.

"Se siente realmente bien tener una victoria", dijo Holm, que venía de ser noqueada ante la glorioso Amanda Nunes en julio. "Siempre quiero más, siempre quiero la perfección. Sé que tengo más de lo que puedo mostrar. Estoy muy feliz de tener la victoria y comenzar bien el año", resumiría y, de inmediato, analizó su actuación así: "Definitivamente quería ser más clara y dominante, y siento que hice eso. Siento que dominé, pero simplemente no hice suficiente daño. Eso es lo que quiero hacer: daño". Su senda de vuelta a la pelea por el título -que sigue en poder de la imbatible Nunes- ya está sembrada.

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