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CUARTOS DE FINAL

Copa del Rey. Isak ajusticia la relajación del Real Madrid | 3-4

Copa del Rey. Isak ajusticia la relajación del Real Madrid | 3-4
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jueves 06 de febrero de 2020, 20:56h
La Real Sociedad enterró el optimismo merengue con una exhibición de juego coral. Todos los fantasmas que arrastró el coloso madrileño en los últimos dos años salieron a flote entre rotaciones y complacencia. Los donostiarras aterrizan en semifinales con honores tras sobrevivir al orgullo capitalino.

El tercer partido de los cuartos de final de la Copa del Rey fijó los focos en el Santiago Bernabéu. El Real Madrid y la Real Sociedad se citaron para disputarse el billete a las semifinales en un evento de pronosticado buen fútbol. Se atravesaban inercias contrapuestas en este duelo, pues los vascos habían desinflado su performance liguera -con tres derrotas en la últimas cinco jornadas- y los madrileños viajaban en una racha de 21 partidos sin conocer la derrota. La eliminación de algunos candidatos al título -Atlético, Sevilla o Valencia- limpiaba el horizonte y disparaba la ambición de los dos clubes que saltarían al verde de Chamartín.

Zinedine Zidane reproduciría la fórmula que le ha permitido sortear el hacinamiento de compromisos de 2020 sin sobresaltos. Aplicó rotaciones a las bajas seguras de Dani Carvajal, Marco Asensio y Mariano Díaz. No forzó en el regreso de Hazard y dio descanso a Casemiro, amén de entregar la alternativa a James Rodríguez, Vinicius y Brahim. Este trío rodearía a Benzema y Kroos respaldaría a Fede Valverde. Marcelo y Nacho recuperaron la titularidad en los costados, con Sergio Ramos y Militao como filtro de Areola. Los revulsivos que esperaban en la banca serían Modric, Isco, Jovic o Rodrygo.

Imanol Alguacil hubo de lidiar con las sensibles ausencias de Asier Illarramendi, David Zurutuza y Diego Llorente. El estratega no renunciaría a su filosofía propositiva y alinearía una medular talentosa que sostenía Zubeldia. Mikel Merino, Odegaard y Januzaj se encargarían de conectar con Oyarzabal e Isak. Y Monreal, Aritz Elustondo, Le Normand y Gorosabel protegerían al meta Remiro. En el banquillo aguardarían turno el polémico William José -que quiso irse y pidió perdón por ello-, 'Portu' y Ander Barrenetxea como posibles recambios.

El técnico francés definió este enfrentamiento en la previa del miércoles como "una final". Pues bien, no tardarían sus pupilos en contradecirle: competirían desde una intensidad y compromiso táctico inferior al hambriento despliegue visitante. Se retaron los dos combinados a presionar muy arriba y exigir precisión a la salida asociada rival en el prólogo, negando el respiro a los creativos. Y en ese intervalo de asiento, en el décimo minuto, Benzema abriría el fuego con una conducción en el área, tras pase de Brahim, que culminó en un derechazo repelido por Remiro.

Con el joven jugador vendido por el City y Vinicius abriendo la cancha, los capitalinos trazaban combinaciones horizontales desprovistas de riesgo y verticalidad, salvo que alguno de estos dos regateadores entrara en ignición. Situación, ésta, más repetida (con éxito) por el brasileño. Quedó demostrado que en este ajedrez valiente los errores pesarían mucho si no había una activación tras pérdida adecuada. Y con la posesión siendo discutida y los espacios amaneciendo cuando se superaba la primera línea presionante, la Real se destacaba por acaparar los balones sueltos y tender más al contragolpe. Con una clarividencia creciente.

Pasado el cuarto de hora inicial, Mikel Merino ya opositaba a gobernador del centro del campo. De sus botas germinó la transición punzante inaugural de los donostiarras, que Militao despejó, in extremis. Sufría el Madrid para jugar cohesionado en fase defensiva, con James desconectado del trabajo sucio y Brahim y Vinicius sumando tan poco en el achique como Marcelo y Nacho en la ofensiva. Poco a poco, la velocidad de Isak y la inteligencia de Odegaard y Oyarzabal se desperezarían, para redondear la incomodidad de un gigante que no inquietaría a Remiro hasta el descanso más allá de dos probaturas de James Rodríguez. El colombiano, lejos de aportar entre líneas, sólo lanzó una falta por encima del larguero -minuto 20- y conectó con su zurda un rechace, en la frontal, para el vuelo providencial del portero vasco -minuto 35-.

Mantuvo la presión alta Zidane, a pesar de lo explícito de los desajustes que emanaban de un Fede Valverde fuera de su rol y de las desatenciones expuestas con anterioridad -tampoco Benzema se vaciaría en ese sentido-. Y en el minuto 22 tocaría techo la facilidad guipuzcoana para avanzar pase a pase: Odegaard, sin marca, abrió para la internada de Isak -también liberado-. El sueco condujo con placidez y desde el pico del área descerrajó un chut que Areola sólo alcanzó a quitarse de encima. El rebote cayó en la zurda de Odegaard, que hizo el 0-1 con un zurdazo rápido que se coló entre las piernas del desacertado suplente de Courtois.

En ventaja, el sistema de Alguacil eligió entregar los metros y la pelota, dándose un respiro y seleccionando los tramos en los que subir la altura de su repliegue. En consecuencia, le tocaba crear en estático al Madrid y sólo las ganas de Vinicius supondrían un problema verdadero para la Real. La augurada reacción orgullosa del favorito no arribaría, presa de cierto desorden y dificultad para sostener un ritmo ardiente. En el 29 Kroos intercaló una volea a las nubes, justo antes de que Isak se escapara y chutara sin dirección desde el borde del área pequeña. La espalda de Nacho y de Marcelo representaba hectáreas para la explosividad de la transición txuri-urdin.

La impotencia para equilibrarse mutiló la intención autoritaria madridista. Padecían de lo lindo sin Casemiro y los vascos coordinaban jugadas corales sin pestañear, hasta presentarse en la mediapunta. Se partía el híbrido 4-3-3 pensado por 'Zizou', al tiempo que los donostiarras apilaban aproximaciones a Areola que terminaban perdonando por falta de concreción en los metros determinantes. Se había vestido el encuentro en un ida y vuelta en el que un slalom de Vinicius, un cañonazo de Fede Valverde -sacado por Remiro- y un zurdazo centrado de Marcelo bajaron el telón a unos 45 minutos impropios de la dinámica merengue -el esquema menos goleado de las grandes ligas-.

No obstante, Isak dispondría de dos remates nítidos para sentenciar antes del intermedio. El rápido punta sueco se abrió espacio para disparar lejos del arco cuando encaraba a Militao y marró un mano a mano ante Areola por la persecución de Fede Valverde. El uruguayo corrió con todo para maquillar el agujero dejado por Sergio Ramos -que transmutó en delantero centro poco fiable y dejó una oquedad sangrante-. Esta acción ejemplificaría el susurro del advenimiento de los vicios que se llevaron por delante a Julen Lopetegui, Santiago Solari y erosionaron a Zidane entre junio de 2018 y el respingo actual.

Y la reanudación no sería condescendiente con esos síntomas para los de Concha Espina. La grada premió con una pitada lo que entendía como un despliegue no tan concentrado como se presuponía para esta fase copera antes del camino a vestuarios y elevaría su queja en el segundo acto. Modric y Barrenetxea suplirían a los tocados James y Januzaj, mas no cambiaría la sensación de indigestión madridista. Benzema seguiría victimizado, congelado como islote. Y en el 48 se detonaría el telonero del cataclismo. Odegaard, con tiempo para decidir, asistió al tanto de Isak -anulado por el VAR, por fuera de juego-. La tarde se estaba poniendo fea para un aristócrata que jugaba alejado de la actitud, velocidad de pase, unidad entre líneas y ajustes propicios.

Eso sí, navegarían con el dibujo adelantado y anhelando pescar algo de la presión. Mas, no encontrarían más que el envés de esa apuesta: un pelotazo peinado por Mikel, Merino desembocó en un centro de Barrenetxea que Isak tradujo en el 0-2. Con una volea de zurda sensacional -pegada al segundo palo-. Corría el minuto 54 y los fantasmas del equipo capitalino, olvidados en estos meses, tomaron el primer plano de la escena. La pelota se coló ante un bosque de peones locales indolentes, con Nacho señalado. Y en el 56, Oyarzabal y Odegaard rimarían, dejando atrás a otro puñado de rivales anestesiados, para buscar a Isak. El punta sueco se coronó con un trueno al primer poste que Areola no supo leer. Siempre atacando los espacios alrededor de Kroos y detrás de Marcelo y Nacho.

Con 0-3, la tribuna restallaría, subrayando la exhibición técnica de la Real y la decrepitud familiar, pero imprevista, de los madrileños. La contrarreloj para salvar el sonrojo arrancaba para un escuadrón que sólo generó un remate -testarazo flácido de Militao, en una falta lanzada por Kroos-. Y la diana obra de Marcelo, en plena relajación visitante y error de Remiro, nutría, de repente, la convicción merengue. Una respuesta automática -minuto 60- del carioca, tras la buena apertura de Brahim, aparentaba desanudar el denso fluir de su equipo. Y tocar a rebato. No le quedaba otra al coloso maltratado y herido por sus propias deficiencias.

Restaba media hora y el Madrid, al fin, elevó su pujanza anatómica y sus pulsaciones. Pero Odegaard, Oyarzabal y, sobre todo, Mikel Merino, siguieron con su clinic en el cortejo de la redonda. Vinicius se echaría a la espalda la escalada de la montaña, insistiendo desde su perfil y rozando el palo con un derechazo angulado -minuto 64-. Comparecerían Guevara, Jovic, Rodrygo y Aihen -por Odegaard, Brahim, Fede Valverde e Isak- en el decantar del minutaje que localizaba el monólogo del ataque local y la trinchera vasca. Los centros laterales en torno al arco de Remiro se agolparían debido a la sequía de juego entre líneas. Y en el 69 Mikel Merino pondría la guinda a su ejecución firmando el 1-4, sin marca y al centro despreocupado de Isak. Con Areola sollozando.

Con únicamente 20 minutos para maniobrar, el seleccionado de Zidane lo apostó todo a la épica para esquivar la vergüenza y espantar los terribles recuerdos de la era post-Ronaldo. Su fragilidad, al competir descosido, fracturaría la imbatibilidad arrastrada. Se trataba, por ende, de salvar la honra y tapar la goleada. Presionarían bien y sin amarres, ni nada que perder. Y hasta la extinción de esta eliminatoria se registraría un chut a bote pronto de Ramos que atajó Remiro -minuto 74-; el testarazo de Benzema cerca de objetivo -minuto 76-; el gol anulado a Vinicius por fuera de juego -minuto 79-; el tanto de Rodrygo a puerta vacía -tras el venenoso desborde y asistencia de Vinicius, en el minuto 82-; el cabezazo al cielo de Ramos -minuto 86-; el remate desatinado de Militao -minuto 87-; y la diana de Nacho, a centro de Benzema y después de la parada de Remiro a la volea de Ramos -minuto 93-. La gallardía les puso atisbando la remontada, en una conclusión incierta en la que fue expulsado Gorosabel. Pero la Real salió viva. La Copa de las sorpresas se cobró una grande, con los donostiarras gloriosos y el Madrid como víctima -y dudando sobre lo coyuntural de este valle-.


- Ficha técnica:

3 - Real Madrid: Areola; Nacho, Militao, Sergio Ramos, Marcelo; Valverde (Rodrygo, m.76), Kroos, James (Modric, m.46); Vinicius, Brahim (Jovic, m.76) y Benzema.

4 - Real Sociedad: Remiro; Gorosabel, Aritz Elustondo, Le Normand, Monreal; Zubeldia, Mikel Merino, Odegaard (Guevara, m.64), Januzaj (Barrenetxea, m.46); Isak (Aihen, m.70) y Oyarzabal.

Goles: 0-1, m.22: Odegaard. 0-2, m.54: Isak. 0-3, m.56: Isak. 1-3, m.59: Marcelo. 1-4, m.68: Merino. 2-4, m.80: Rodrygo. 3-4, m.93: Nacho.

Árbitro: Mateu Lahoz (colegio valenciano). Amonestó a Militao (m.77) y Vinicius (.m95) por el Real Madrid; y a Le Normand (m.19), Zubeldia (m.66) y Oyarzabal (m.94) por la Real Sociedad. Expulsó a Gorosabel en el minuto 95.

Incidencias: partido de cuartos de final de Copa del Rey disputado en el estadio Santiago Bernabéu ante 64.012 espectadores.

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