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AL PASO

Presente y futuro del periodismo americano

martes 18 de febrero de 2020, 19:58h

Encuentro muy interesante el artículo de Nicholas Lemann publicado en el último número de la New York Review of Books, 27 de febrero, edición electrónica (“Can Journalism be saved?”),y que consiste en una revisión de 14 libros recientemente aparecidos sobre la situación presente del periodismo en los Estados Unidos, principalmente, y sobre la posible salida de la misma que es calificada sin paliativos como seriamente grave. El análisis intentado por el profesor Lemann(antiguo decano de la facultad de Periodismo de la Universidad de Columbia) ha de superar alguna resistencia ofrecida por la actitud de los propios periodistas americanos, algo libertaria y propensa a exagerar sobre su propia independencia profesional.

La verdad es que la situación presente ofrece datos

devastadores. El empleo en el sector ha caído desde 2008 a 2017 en un 45 por ciento. La circulación de los periódicos de pago ha descendido de 62,5 millones en 1968 a 34 millones a 2016, mientras la población, durante dicho periodo se incrementaba en un 50 por cien. Casi 1800 periódicos, la mayoría locales, han cerrado desde 2014. La inestabilidad en la propiedad de las cabeceras predomina en el caso de los grandes medios, objeto de transacciones a la baja bastante sorprendentes, hablemos de las ventas del Washington Post- Jeff Bozos- , el Time- Marc Benioff- o la CBS, medios que por otra parte han reducido drásticamente sus plantillas. El periodismo actual poco tiene que ver con el de los buenos tiempos -The Golden Age- de los veinte últimos años del siglo 20. Un periodismo “interpretativo” o de contexto, de profesionales bien pagados que se consideraban podían cuestionar sin ningún complejo a los funcionarios del gobierno y a otras personalidades institucionales. Evocando los tiempos en que Lemann entro a trabajar en el Post en 1980 señala que psicológicamente el y sus compañeros no se sentían diferentes a los miembros de un prestigioso departamento universitario, “intensamente dedicados a nuestro trabajo, éramos supercompetitivos y conscientes de nuestro estatus profesional con un exaltado sentido de la función social que estábamos llevando a cabo”.La base económica de los medios eran la publicidad, que acudía porque se pensaba en la capacidad adquisitiva de los lectores, abundantes dada la calidad periodística que se les ofrecía. Era un periodismo de opinión, aunque pudiese estar basado en investigación propia llevada cabo de modo profesionalmente impecable y sin que se escatimase tiempo para su verificación, que se apartaba del modelo de periodismo de la tradición americana anterior, que era “más neutral, estenográfico y centrado en noticias oficiales”. Por cierto en el relato de Lemann hay algunos datos curiosos. Así se nos dice Tocqueville encuadraba los periódicos que proliferaban en su tiempo en el fenómeno de la asociación, como modo de influir en la política o participar en el gobierno y no como buscadores y ofrecedores de información. La primera decisión de la Corte Suprema sobre el papel de la prensa profesionalizada no llegó hasta los años treinta del pasado siglo.

La hecatombe la habría producido la llegada de internet, con especial protagonismo para Google y Facebook, que habrían dejado sin ingresos de publicidad a los medios, al ofrecer unas tarifas mucho más bajas y además con un número de potenciales destinatarios exponencialmente incrementado. Google y Facebook presentaban una alternativa al periodismo profesionalizado, con contribuciones universales, limitándose, sin ofrecer contenidos, a poner a disposición del público cualquier información que se subiese a la red sin distinguir “entre lo que es verdad y no, o entre las noticias y la opinión”, presentando a los usuarios una pluralidad de puntos de vista “en vez de tratar de reforzar lo que la gente ya pensaba”.

Aunque la salida a esta situación que se ha experimentado ha fracasado, pues la verdad es que era muy difícil luchar contra la evidencia de que, en la época de internet, la mayoría de los lectores de periódico pueden encontrar la mayor parte de lo que buscan de otras fuentes, merece la pena que la analicemos en un momento. Los periódicos han presentado ediciones en abierto y después han intentado la subscripción de sus lectores. Pero estos han aceptado el camino en una ínfima proporción( The Washington Post el dos por ciento, The Seattle Times menos del 4 por cien, otros como The Dallas Morning menos del 1 por cien).La otra opción ante la ruina económica de la prensa es recurrir al socorro de los billonarios, como ha sido el caso del Washington Post, Los Angeles Times y la revista Time que han acudido, respectivamente, a Jeff Brezos, Patrick Soon y Marc Benioff. Pero puede suceder que la voluntad de estos patronos sea voluble y con el tiempo muestren ser menos generosos y respetuosos con la independencia de las plantillas de redacción de lo que estas esperaban. “Los compradores locales de periódicos raramente son benévolos. Lo más común es que acaben cerrando o que continúen su declinar bajo el antiguo propietario, o se vendan a una cadena de bajo presupuesto, un fondo especulativo o una empresa de capital privado, en todos los casos dispuestos a dramáticos recortes”.

Con la experiencia de estas soluciones en falso Lemman no apuesta por dejar el campo a internet, que no ha traído, frente a lo que pensaban algunos visionarios solo beneficios: un paraíso sin magnates ni censores, donde cada uno pueda expresar su opiniones y profesar sus creencias, por singulares que sean, sin miedo a ser reducido al silencio o la conformidad. Lemann, mas bien, reconoce con Michael Schudson , que “que si hay alguna nueva política favorecida con diferencia por las nuevas tecnologías, ello es el caso del terrorismo internacional, no la democracia”.

La solución a la situación solo puede venir de la mano pública, como ocurre en otros ámbitos o actividades, ya que la ciega fe en las fuerzas del mercado y las nuevas tecnologías no ha producido, piensa nuestro autor, una sociedad mejor sino un continuo desmantelamiento de disposiciones valiosas para la sociedad, y más desigualdad, ensanchando la distancia en influencia, prosperidad y felicidad entre las ciudades que sobresalen y las provincias. La actuación pública en los medios puede tener lugar subvencionando a nuevas organizaciones de alto valor público no lucrativas, como ProPublica o el Center for Investigative Reporting u otras orientadas temáticamente en su actividad, sea la cuestión climática o la justicia criminal, o la información local, que ofrecen gratuitamente sus servicios y dependen mayormente de la filantropía. Lemann contabiliza hasta tres mil empleados de esta forma en todos los Estados Unidos. A veces algunos medios, como sucede en el caso del The Guardian británico, solicitan ayuda a las fundaciones para proyectos especiales, además de pedir a sus lectores contribuciones voluntarias.

Lemann recomienda la ayuda pública directa para advenir a la crisis de la prensa. No hay espacio para remilgos libertarios, que estarían justificados si el mercado pudiese resolver la situación, “pero que no es el caso”. Después de todo en otras actividades de investigación, como la económica o el calentamiento global, una gran parte de la labor se lleva a cabo por empleados del gobierno o investigadores sostenidos con fondos públicos. La cuestión es asegurar la imparcialidad de estos sistemas de financiación pública, de modo que reciban la ayuda quienes se encuentren en la mejor condición de rendir el servicio publico de la prensa, según determine un comité de pares de modo independiente. Así financian la Administración y el Congreso la Fundación de la Ciencia Nacional y los Institutos Nacionales de Salud. Este modo de actuar, se ha sugerido, podría seguirse si se estableciese un Fondo para las Noticias Locales que financiase, a través de Juntas estatales, nuevas organizaciones de periódicos, estaciones de radio y televisión, websites o startups. Se trataría de ayudas irrevocables, por un periodo de varios años, de acuerdo con los planes específicos de los solicitantes beneficiados, renovables (o no) según los resultados que obtuvieran, considerados la calidad, alcance e influencia de la actividad emprendida. Aunque el nivel al que se refiriese la ayuda pública fuese inicialmente el local, no faltan sugerencias, ahora provenientes del mundo académico más que profesional del periodismo, pidiendo una financiación pública de alcance federal para el periodismo americano.

PD: Si me permite el amable lector, sugiero que al lado de este artículo se tengan en cuenta las observaciones que sobre la situación de la prensa en España me permitía hacer en una columna no demasiado lejana y que, gracias a las bondades de la comunicación on line, es fácilmente accesible. Se trata de mi al paso “Medios y opinión pública en España” del martes 14 de julio de 2015.

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