www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Sobre el Apocalipsis de san Juan y el triple comentario de monseñor Oliver Román (I)

miércoles 04 de marzo de 2020, 20:03h

Monseñor Miguel Oliver Román es -entre muchísimos méritos y títulos académicos y eclesiásticos-, doctor en Teología por la Urbaniana de Roma, diplomado en Teología Pastoral por la Lateranense romana y canónigo magistral de la Catedral de Sevilla, además de haber sido rector del Centro de Estudios Teológicos hispalense durante una década. Ha publicado libros de índole litúrgica y doctrinal para niños, jóvenes y adultos; también para seminaristas y diáconos, empeñándose en el significado “fraternal” del oficio sacerdotal de Jesucristo. Sus ensayos figuran en importantes antologías exegéticas.

Muchos años ha estado anhelando poder centrarse en el comentario del Apocalipsis o libro de la Revelación de san Juan, el cual considera un resumen temático de las propias Escrituras. Cuando por fin ha podido hacerlo, lo ha hecho de manera magistral. Millones hemos leído el libro escrito en Patmos por el apóstol de Jesús, evangelista y teólogo; pocos lo hemos comprendido en principio o en profundidad. Oliver lo considera “misterioso, fascinante y, a primera vista, indescifrable”. Su fascinación por este libro emblemático se me contagió pronto, a mis veintipocos años, durante la génesis del 45º Congreso Eucarístico de 1993; él era secretario general y yo colaboraba artísticamente.

Su nexo espiritual y teológico con el libro, unido a sus grandes dotes pedagógicas, dan a sus comentarios gran valor didáctico, haciéndolos especialmente digestivos para su público: “sacerdotes, diáconos, religiosos/as y laicos”, como puntualiza el propio Oliver en uno de los proemios de la trilogía. Rindo admirada y justa dedicación a sus excepcionales comentarios en este artículo y los siguientes, con el miedo latente de descoyuntar su obra. Soy plenamente consciente de la autoridad de sus razonamientos exegéticos, de enorme rigor y altura teológicos. Con todo, no he podido escapar a la tentación de pespuntear humildes pareceres míos sobre el libro de san Juan, el Teólogo, con todo respeto.

Vivimos una gran tribulación mundial, amenazados por un patógeno en el que muchos habrán visto la mano del diablo. Pienso que para hombres racionales y creyentes, la palabra de Dios puede tener un valor histórico y experimental además de doctrinal; hablo de “la fe en busca de entendimiento”, santo y seña de san Agustín. No entendimiento científico, que será el que nos saque de este bache biológico sino espiritual, el que nos hará reflexionar sobre muchas cosas confusas.

Miguel Oliver es hombre culto y carismático y así resulta su escritura. Su trilogía de comentarios al Apocalipsis comprende: Cartas a las siete iglesias, La mujer con dolores de parto y Babilonia y Jerusalem, dos ciudades antagónicas. En medio de sus disquisiciones, Oliver habla de “dinámica divina”: las edades que atraviesa el hombre en la historia en calidad de creyente. Dios existe como Suma Verdad que, en palabras de Oliver, “educa a su pueblo mediante una serie de acontecimientos históricos”. Sabemos que esta identificación de Dios con la verdad significa la infalibilidad de Dios, situándolo aparte de todo subjetivismo mortal. Esto propiciaría, según entiendo, el fácil -instantáneo- trasvase de conocimientos privilegiados a intermediarios para el consuelo de una humanidad maltratada y acorralada, y Juan el teólogo parece haber sido gran observador de la realidad de Dios y observante de su ley (Revelación, según Tomás de Aquino, igualmente santo).

Solo una encomienda divina, quizá inspirada por un instinto racional macerado en sus vivencias junto a Jesús, como uno de sus apóstoles, parece llevar a Juan a la redacción de siete cartas destinadas a siete iglesias de Asia Menor (actual Turquía) con fines prácticos auxiliadores de urgencia. Este hito revelador del celo de Dios por su pueblo da título a la primera entrega de comentarios abordados por Oliver Román sobre el Apocalipsis. Las cartas pretenden reconducir errores de gestión observados o vox populi en las comunidades cristianas elegidas y más allá de éstas, que se “contaminaban” con prácticas litúrgicas heterodoxas y comportamientos indecorosos; también por el desgaste que la represión del imperio romano causaba en el espíritu de las iglesias.

El emperador Domiciano (ca. 96) había colmado el vaso de la persecución a los cristianos a quienes consideraría una amenaza latente hacia su autoatribuida divinidad, ante la que no se postraban, y hacia la liturgia sacerdotal pagana. Por otro lado, el cristianismo ponía en solfa el prestigio de los antiguos dioses a los que era obligatorio rendir culto. Pero, ante todo, suponía un peligro para el orden sociopolítico. Los cristianos fueron tomados en principio por judíos rebeldes y promotores de una hermandad universal que desafiaba a la egoísta sociedad pagana.

Asfixiados con todas las armas al alcance de Roma, -“políticas y económicas” -detalla Oliver-, los cristianos sufrieron diez procesos persecutorios de Nerón a Diocleciano. Los peores se vivieron con Domiciano que sojuzgó a los hombres más allá de lo político. Oliver hace un recorrido de enorme interés por las circunstancias concretas de cada emperador del siglo I en la relación del imperio con el cristianismo y comentando las incongruencias de la paz romana, criticadas por Tácito..

Según Oliver, el libro de san Juan parece escrito “para ser leído en comunidad” Dijo san Pedro que “ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada”. Oliver habla de su función como texto de práctica litúrgica de escenificación en pioneras reuniones eucarísticas dominicales. A mí me parece que no hay que olvidar la necesidad que los hombres debían tener de una verdad aglutinante que les abrigara el alma en tiempos desabridos y, antes que eso, les diera dignidad humana. Desgraciadamente, el psicoanálisis quedaba muy lejos como método de fortalecimiento psíquico y los demonios -del espíritu y del poder temporal- tenían a su merced a los más débiles. Dios se reveló y algunos hombres le escucharon.

La humanidad desheredada -aquí periférica de la sociedad constituida- no es que fuese poquita cosa, como dijo después Nicolás Maquiavelo, sino menos que la nada. Los más miserables vagan y mueren de hambre y desesperación. La fractura de la sociedad del tiempo del Apocalipsis supera con mucho lo cultural y religioso siendo básicamente económica y casi biológica y, por tanto, de orden vital primario: étnico, moral, de género -gravísima-, de salud, de edad… Campean la insolidaridad y la violencia en buen grado. La indignidad humana se apreciaría debajo de la socioeconómica y hallaría coartada para la esclavitud y el asesinato. George Bataille habla de los interdictos y tabúes de los rituales del mal y la muerte violenta que muchos transgreden.

Una clave pragmática de la Sagrada Escritura, muchos siglos antes del Pragmatismo como escuela filosófica, es la atribución de infalibilidad a Dios y a su pensamiento (palabra). El hombre necesitó un hito que fuese infalible, inerrante -que no yerra-, veraz y eficaz. Y este hito es una ganancia práctica que extrae de las Escrituras y de la repetición litúrgica de los textos sagrados -hablamos aquí del libro de san Juan-, que acaba consolidando su mensaje como profecía útil y reforzando la fe en un Dios que solo se habla con los justos. Mons. Oliver comenta la articulación de este proceso de lectura escenificada con un lector que actuaría en representación de Cristo en medio del grupo, logrando dar autenticidad profética al libro de san Juan a base de ser repetido una y otra vez. Y esto es pragmatismo: teoría que se valida en la praxis. También lo es situar la verdad divina en un plano donde no pueda contaminarse con opiniones mortales, siempre teñidas de interés, duda o imprecisión: falibilidad, en fin. Otra cuestión es que las recriminaciones divinas a las malas prácticas de las iglesias de Asia Menor fueran sazonadas de moralidad primitiva y si, en esto, resultaron útiles. Mons. Oliver Román asegura que “ni la ciencia, ni la técnica, ni la religiosidad natural pueden llegar a descubrir el secreto de la voluntad de Dios”.

(Continuará).

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (5)    No(0)

+
0 comentarios