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ENTREVISTA

Pedro Baños: "China ocultó la gravedad de la pandemia, quizá con la connivencia de la OMS"

Pedro Baños.
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Pedro Baños.
lunes 11 de mayo de 2020, 17:36h
El experto en geopolítica sugiere una investigación internacional por parte de la ONU para "clarificar" el estallido del coronavirus.

La figura de Pedro Baños (León, 1960) se ha convertido en una referencia obligada para todo aquel que desee introducirse en el proceloso mundo de la geopolítica. Con alma de maestro, este coronel del Ejército de Tierra (ya en la reserva) ha ganado notoriedad en los últimos años por su labor divulgativa, didáctica y documentada, con la que trata de desenmarañar la invisible tramoya que en secreto rige el mundo a nivel político, económico o militar. Todo a fin de acercar al gran público un conocimiento hermético que los poderosos suelen negarle. A través de sus dos obras publicadas hasta la fecha, Así se domina el mundo (Ariel, 2017) y El dominio mundial (Ariel, 2018), Baños ha dibujado con precisión un tablero geopolítico global marcado por la hipocresía y el egoísmo, en el que todas las piezas compiten sin descanso por la hegemonía planetaria. Su máxima, "no hay buenos ni malos, solo intereses".

La pandemia del coronavirus ha transformado ese tablero en un verdadero ring pugilístico. En una esquina, China, eterna aspirante al cinturón mundial. En la otra, Estados Unidos, campeón invicto desde hace muchas décadas. Ambos países libraban ya una guerra comercial, pero ahora, tras las pérdidas billonarias, los cruces de acusaciones y el supuesto origen chino del virus, cacareado desde la Casa Blanca, la tensión es máxima y existe una posibilidad real de que este combate escale a un conflicto abierto de consecuencias imprevisibles. Pero los posibles riesgos para la sociedad moderna no terminan, ni mucho menos, en esta guerra latente. Factores como la crisis económica, el aumento del control social, la desinformación, la zombificación de los ciudadanos o el nacionalismo vacunal, deben tenerse muy en cuenta a la hora de valorar esta distópica situación que atenaza nuestro bien más preciado: la libertad.


¿Vivimos en los albores de una nueva Guerra Fría?

Es una posibilidad. China quiere aprovechar para terminar de imponerse como primera gran potencia. Estados Unidos, por supuesto va a intentar, a través de la guerra económica e informativa, socavar este surgimiento tan potente, aunque lo va a tener complicado. La tercera opción es que se divida el mundo, como sucedió en su momento con la URSS y EEUU, de forma que cada uno se quede con su área de influencia, en una nueva Guerra Fría en el que estas grandes potencias no querrán enfrentarse abiertamente entre ellas y buscarán terceros escenarios donde hacerlo. China es un hueso muy duro de roer: tiene una gran capacidad, tanto convencional como nuclear; cuenta con la mayor población del mundo, con una mentalidad de superación y trabajo que hemos perdido en buena parte del planeta; posee una capacidad tecnológica verdaderamente abrumadora en todos los planos. Además, ha ido tejiendo una red de influencia importante en muchos países, lo que le da un soporte internacional. No es cualquier país, ni muchísimo menos. Evidentemente, EEUU va a contar con sus aliados internacionales e intentará utilizar esa angloesfera, que sigue siendo muy importante. Son dos bandos muy diferentes que van tomando cada vez un cariz más agresivo.

¿Cree que las naciones occidentales buscarán culpar a China y obligarla a pagar los platos rotos?

Si un servicio de inteligencia confirmara con rotundidad que China tiene responsabilidad de cualquier tipo, aunque solo sea por negligencia, se le exigirían cantidades verdaderamente multimillonarias. Hay un despacho estadounidense que ha recogido demandas de decenas de miles de personas de más de 40 países para reclamar una verdadera fortuna a China. Trump ha hablado incluso de exigir un billón de dólares o de quitarse unilateralmente su deuda en bonos del tesoro de 1,1 billones. Hablamos de consumar más si cabe un enfrentamiento que ya mantenía con esta potencia. China no se va a dejar. Estas reparaciones de guerra, utilizando la terminología bélica tan en boga estos días, no tienen antecedente histórico y evidentemente no va a aceptar bajo ningún concepto.

¿Le preocupa que esta escalada de tensión desemboque en algo peor?

Llevo mucho tiempo diciendo que no sería de extrañar que, con el paso del tiempo, esta guerra económica y tecnológica, termine desembocando en un conflicto convencional de alta intensidad. La historia nos demuestra que el poderoso se vuelve muy peligroso cuando se ve decadente porque no quiere perder la posición de dominio de la que ha disfrutado. Muchas veces no es algo volitivo, sino que surge por un incidente que termina de encender la chispa de algo que ya estaba en ebullición, como el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, origen de la Primera Guerra Mundial.

¿Hay motivos para desconfiar de la información que ha facilitado hasta ahora China?

Yo desconfiaría de la información que está llegando desde absolutamente todas las fuentes. Estamos inmersos en una clara guerra informativa por el dominio de la narrativa con la que se está tratando de convencer a las mentes de los ciudadanos de todo el mundo de la bondad o maldad de unos y otros. Lo que parece totalmente constatado es que China ocultó la gravedad de la situación, quizá incluso con la connivencia de la Organización Mundial de la Salud. Dentro de la propia provincia de Hubei se cambió la forma de contabilizar los fallecidos al menos seis veces, algo que también ha sucedido en otros países. Porque, claro, no es lo mismo morir de coronavirus que con coronavirus. Dos días después de que se concretase el confinamiento de Wuhan era el año nuevo chino, lo que significaba el desplazamiento de centenares de millones de chinos. Es decir, que muchos ciudadanos ya se habían empezado a mover. Llama poderosamente la atención que más del 80 % de los casos reportados por China se diesen exclusivamente en la provincia de Hubei, cuando otras colindantes o grandes ciudades del país, como Cantón, Shanghái o Pekín, casi no reportaron casos. Sobre todo, pensando que durante al menos 15 días las personas asintomáticas se habrían movido desde Wuhan, transmitiendo la enfermedad a otros lugares.

"Naciones Unidas, que de momento está perdida, debería poner en marcha una investigación internacional que clarifique la situación"

Esta semana hemos sabido que varios deportistas franceses padecieron una enfermedad con síntomas similares a los del Covid-19 tras regresar de los Juegos Olímpicos Militares, celebrados a mediados de octubre en Wuhan, dos meses antes del inicio oficial de la pandemia…

Cada vez hay más voces que apuntan a que la enfermedad pudo haberse expandido mucho antes de diciembre, porque se pudo haber confundido con una gripe muy fuerte o neumonía. También se habla incluso de casos anteriores en personas que ni siquiera habían salido de Francia. Nos queda mucha información por saber. Naciones Unidas, que de momento está perdida, debería poner en marcha una investigación internacional que clarifique la situación.

Una de las versiones chinas es que EEUU aprovechó su asistencia a estos Juegos para diseminar el virus en una operación secreta ¿Demasiadas teorías de la conspiración?

Después de estudiar tantos años estas cuestiones no descarto absolutamente nada. Me hace mucha gracia quien dice que las conspiraciones son fantasías, porque lo que demuestra esa persona es que ha leído muy poca historia. Si lo hiciera vería que la historia se compone de conspiraciones, desde el Imperio Romano a nuestros reyes godos y visigodos, que permanentemente sufrían conspiraciones para ser asesinados… Es una constante histórica. No existen teorías de la conspiración sino realidades de la conspiración. Suelo poner el ejemplo del jugador novato de ajedrez que es capaz de ver tan solo dos o tres jugadas más allá. Un profesional puede ver entre 20 o 30. Aunque el observador común no lo aprecie, probablemente, se esté jugando una partida por profesionales del ajedrez que ven mucho más allá.

La OMS ha recibido críticas de muchas naciones por su laxa actitud hacia China. Su director, el etíope Tedros Adhanom, es blanco frecuente de los ataques de occidente por su presunta parcialidad. ¿Ve fundadas estas sospechas?

China tiene una relación muy estrecha con Etiopía, que se ha convertido en uno de los países donde fabrica productos de bajo valor añadido. Por otro lado, hay que tener en cuenta que el mundo occidental se ha volcado más en otras instituciones, como el Banco Mundial, el Foro Económico Mundial o la Organización Mundial del Comercio, y, quizá, no ha prestado la debida atención a la OMS. Puede que China haya intentado ocupar ese lugar de dominio en ella, ejerciendo una acción estratégica de influencia. Cada vez hay más voces que claman contra el secretario de la OMS por alabar la actuación y transparencia de China, como ejemplo mundial. Al día siguiente de que EEUU, principal donante con casi 500 millones de dólares, dejase de aportar dinero a la OMS, China inyectó 30 millones de dólares para demostrar que sigue presente.

"Endeudarse puede resultar atractivo para algunos gobiernos, resolviendo un problema político a corto plazo, pero puede significar un lastre para el conjunto del país durante generaciones"

En la Unión Europea, tras muchas semanas de parálisis se ha puesto en marcha un plan para inyectar 1,5 billones de euros en la economía. El debate ahora se centra en la fórmula: préstamos reembolsables, como piden los países del norte, o transferencias a fondo perdido, como reclaman en el sur. ¿Quién cree que ganará el pulso?

Parece mentira, pero vivimos dos mundos enfrentados en la UE. Parte de los países del norte y centro de Europa consideran que hay naciones que no han hecho bien sus deberes económicos, gastando por encima de sus posibilidades; con un endeudamiento muy superior al recomendado por la Comisión Europea, con países como Italia (130 %), Grecia (190 %) o incluso España que ya estaba en el 100%. En vista de esta situación no quieren aportar más dinero. El problema es que pretendíamos ser una unión europea y, precisamente en estos momentos de debilidad generalizada, deberíamos mostrar una solidaridad que parece haber desaparecido. Por otro lado, hay que tener en cuenta que ya había países que padecíamos de una gran vulnerabilidad económica, y esto provocará que nos endeudemos aún más. Porque, incluso aunque fuera una deuda eterna, los intereses nunca dejan de pagarse. Endeudarse puede resultar atractivo para algunos gobiernos, resolviendo un problema político a corto plazo, pero puede significar un lastre para el conjunto del país durante generaciones.

¿Tiene futuro la UE?

Su futuro ya era complicado antes de la crisis del coronavirus. No se nos debe olvidar que acababa de irse Reino Unido, uno de los países más poderosos del mundo, quinta economía mundial, segunda de la UE, con gran capacidad militar, poder atómico y miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Además, existen otros problemas endémicos, como la falta de consensos, incluso para situaciones tan graves como esta; o la sobrecarga burocrática, que paraliza la realización de actividades en el conjunto europeo. Todo lo que ha pasado va a generar un mayor euroescepticismo. Según las últimas encuestas, en Italia más de un 50 % de la población ya no cree en la UE porque se siente abandonada en un momento de máxima debilidad.

En España, tenemos alrededor de 9 millones de personas desempleadas o en situación de ERTE. El Gobierno ha anunciado que se gastará al menos 200.000 millones para paliar el desastre, que podría provocar un desplome de más de un 15% del PIB, según la CEOE. ¿Cómo pagaremos todo esto?

Es una buena pregunta. Si tenemos en cuenta que, antes de la crisis, la Seguridad Social ya estaba exhausta y el fondo de las pensiones había desaparecido... No solamente es que se vayan a incrementar los gastos sociales, sino que en este parón económico el Estado ha dejado de ingresar muchísimos impuestos. La única solución que nos queda es endeudarnos, y, en este sentido da igual quien esté en el Gobierno.

"Una sociedad permanentemente subvencionada es una sociedad adormecida. Las personas necesitan sentirse realizadas y no esperar a que alguien las alimente"

¿Ayudará el ingreso mínimo vital?

Ahora mismo hay que garantizar la paz social para las personas que ya están o se van a quedar en situaciones de vulnerabilidad. Sin embargo, hay que ser muy prudentes a la hora de aplicar este tipo de medidas porque se puede obtener lo contrario de lo que se pretende. Una sociedad permanentemente subvencionada es una sociedad adormecida. No es una mera cuestión material. Las personas necesitan sentirse realizadas y no esperar a que alguien las alimente. Se ha demostrado que donde eso sucede, como con los esquimales en Groenlandia o con los indios en las reservas de EEUU, hay grandes niveles de alcoholismo o drogadicción. Precisamente, porque las personas ociosas no están pendientes de solucionar sus problemas.

El Gobierno ha advertido sobre la alta probabilidad de que haya rebrotes y no descarta que se produzca una nueva oleada de coronavirus, lo que podría comportar una vuelta al confinamiento. ¿Cómo de lejos está el límite de la paciencia de los ciudadanos?

El mero hecho de que nos lo planteen ya tiene un efecto psicológico muy importante. Que nos digan que en otoño pueda venir una segunda oleada va a provocar que la gente retraiga su gasto, pensando en lo que pueda suceder. Y eso también termina de paralizar la economía. Es algo que me preocupa. Tampoco pensemos que ahora estamos tan fortalecidos en caso de nuevo rebrote por más que hayamos aprendido, pues no sabemos si sería una nueva cepa más agresiva.

Si se prolonga durante el tiempo suficiente la crisis sanitaria, ya económica, ¿podría desembocar en una revolución social violenta?

No lo descarto en absoluto porque tampoco sabemos hasta qué punto se va a degradar la situación. La historia nos demuestra que las revoluciones las hace el hambre. Si una parte importante de la población no tiene ningún tipo de sustento está abocada a la revolución. Más allá de esto creo que habrá movimientos importantes que exijan racionalizar el gasto, porque éste no puede ser infinito y llegará un punto en que no haya dinero. Las personas se plantearán no gastar en previsión de lo que va a suceder. Estamos en un escenario absolutamente incierto en el que nada es descartable e imagino que los estrategas que tengan los gobiernos estarán pensando en todas las posibilidades.

¿Qué opina, como experto en inteligencia, de que España dedique parte de sus recursos a “minimizar el clima contrario a la gestión del Gobierno”?

Lo que se debería hacer es emplear esos recursos para combatir lo que resulte negativo para el Estado, porque cuando se habla de Gobierno es muy fácil caer en tintes políticos e ideológicos, peligrosos porque se podrían perpetuar en el tiempo. El Gobierno debe ejercer una gestión de Estado. Los servicios de inteligencia, la Policía, la Guardia Civil o el Ejército son servicios de Estado y, por tanto, deben preocuparse por gestionar o minimizar amenazas o riesgo para el Estado, aunque reciban las instrucciones del gobierno de turno.

"Habrá países que no podrán pagar la vacuna. Cuando llega una situación verdaderamente delicada el altruismo desaparece"

¿Existe el riesgo de que no haya vacunas para todos?

No sería nada descartable. Estamos viviendo momentos de gran egoísmo por parte de todas las naciones. Dentro de la propia UE, cada país ha intentado garantizar el material sanitario para su propia población. En el caso de una vacuna, eficaz y universal, para la nación que la desarrolle, sería un acto de gran prestigio pues estaría mostrando su potencial tecnológico, además de los beneficios económicos que le pudiera suponer. Por supuesto, ellos irían primero y luego el resto del mundo. Habrá países que no la podrán pagar. Cuando llega una situación verdaderamente delicada el altruismo desaparece.

Una de las medidas más recomendadas para controlar la pandemia en esta fase de desescalada es la trazabilidad de los contactos. Esta semana las gigantes tecnológicas Apple y Google presentaban sus apps para informar al usuario si ha pasado cerca de algún positivo. ¿Qué opinión le merecen?

Estos sistemas de obtención de datos de los usuarios vienen utilizándose desde hace tiempo. Es una información muy valiosa, tanto desde el punto de vista económico como político. Además, hablamos de empresas. No son hermanitas de la caridad. Persiguen beneficios económicos y e intentarán rentabilizar esos datos. Dicen que están “anonimizados”, pero es más que cuestionable. Los datos, a través de los algoritmos, permiten personalizarlos con bastante fidelidad. Además, hay muchas maneras de cruzar esos datos, por ejemplo, con pagos de tarjetas, páginas visitadas, contactos mantenidos, etc.

¿Teme que una vez los estados adquieran el poder para controlarnos en esta situación excepcional no renuncien a él?

Es uno de los riesgos que podemos correr. Hablamos de una información muy valiosa, tanto desde el punto de vista económico (porque mueve cientos de miles de millones) como desde el político, porque con esos datos podría conocerse la afinidad política para enviar mensajes personalizados de cara a las próximas elecciones. Cabe la posibilidad de que estos gestos, que en principio son positivos para solventar una situación excepcional, terminen por normalizarse y perpetuarse en el tiempo.

La frase popular reza que “lo que no te mata te hace más fuerte”. ¿Se cumplirá en esta ocasión? ¿Saldremos reforzados como sociedad?

En general vamos a salir debilitados como sociedad debido a estos clarísimos gestos de insolidaridad. Y también por los aspectos económicos, cuyo calado aún ignoramos. Pero ya estamos intuyendo que van a ser notables. Por no hablar de este enfrentamiento entre China y EEUU, que todavía no sabemos muy bien en qué puede degenerar.

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