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EDITORIAL

Una segunda ola del coronavirus acecha al mundo

jueves 25 de junio de 2020, 00:15h

La preocupación por los rebrotes de coronavirus sigue acrecentándose, apenas cuatro días después de haber culminado la desescalada. Restringidos en un principio a hospitales o residencias de ancianos, desafortunadamente los puntos negros de la pandemia en España, los nuevos focos se están trasladando cada vez a lugares más accesibles y peligrosos, como instalaciones agrícolas, empresas cárnicas o aeropuertos.

La reapertura de España al turismo es necesaria. No obstante, brotes como el de Alemania, donde ya se han visto obligados a volver a confinar a 650.000 personas por el foco de un matadero, o situaciones como la de Reino Unido, cuyas fronteras están ya abiertas pese a seguir sumando casi 1.000 positivos diarios, deben hacer que las autoridades españolas vayan con pies de plomo para evitar que se produzca una nueva ola. Al menos antes de tiempo.

En EEUU, algunos estados, como California, Nevada, Arizona o Texas, han decidido reabrir la vida pública antes de tiempo. Ahora el país, con más de 2,3 millones de contagios y 121.000 muertos, parece estar viviendo una nueva oleada, con 40.000 positivos al día, sin tan si quiera haber podido controlar la primera.

La experiencia estadounidense debe poner sobre aviso a todas aquellas naciones que, como España, ya han superado la primera fase de la pandemia. El verano y el turismo no pueden, ni por un momento, provocar relajación o autocomplacencia. Todo lo contrario. Este es, precisamente, el momento más importante, cuando cientos de millones de personas vuelven a desplazarse para irse de vacaciones.

La opinión es prácticamente unánime entre los expertos: la nueva oleada llegará. La cuestión, es cuándo y cómo. Si lo hace en otoño, probablemente, su impacto será menor porque los servicios de salud pública dispondrán del tiempo necesario para prepararse y los sanitarios que han combatido en primera línea, para descansar tanto física como mentalmente. Sin embargo, si la nueva oleada sucede antes de tiempo, sus consecuencias podrían ser catastróficas, no solo a nivel sanitario, sino también económico.

Si una economía tan maltrecha como la española, para la que el FMI vaticina un desplome del 12,8 % del PIB en 2020, se viera obligada a volver a echar el cierre, la mayoría de sus empresas no serían capaces de subirlo, el paro alcanzaría cotas nunca vistas y no habría salvavidas financiero capaz de rescatar al Estado del hundimiento más absoluto.

Resulta imprescindible que los servidores públicos, desde los ayuntamientos a La Moncloa, escuchen de verdad a los expertos, detectando y aislando todos los casos lo más rápido posible. Es necesaria una estrategia para cualquier escenario, del más optimista al más terrible. Nada puede dejarse ya a la improvisación. Se trata, en definitiva, de recuperar todo el terreno perdido frente a un virus que ya lleva demasiada ventaja en esta carrera. Sería imperdonable y, quizás, inasumible, que, con todo lo que la sociedad española ha sufrido, tuviera que volver a encerrarse por la incompetencia de unos o de otros.

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