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TRIBUNA

Polonia en la encrucijada

lunes 13 de julio de 2020, 20:04h

Acabamos de asistir ayer, 12 de julio, a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Polonia, debido a que el pasado 28 de junio el ultraconservador Andrzej Duda no llegó a alcanzar el 50 % de los votos. Es por ello que el actual presidente, que gobierna Polonia desde 2015, se ha visto obligado a enfrentarse nuevamente al alcalde de Varsovia, el liberal Rafal Trzaskowski.

Según ha informado la Comisión Electoral de Polonia (PKW), con casi un 70 % de participación, el actual mandatario del país, Andrzej Duda, habría conseguido imponerse en esta segunda vuelta de las elecciones presidenciales por un muy estrecho margen frente a su competidor, Rafal Trzaskowski, quien ha insistido en la existencia de irregularidades escandalosas durante la jornada electoral que afectarían sobre todo al voto que ha llegado desde el exterior del país. De hecho, no se descarta la posibilidad de impugnación del escrutinio de votos, lo que podría terminar involucrando nuevamente al Tribunal Supremo para aclarar el ajustado resultado electoral.

Andrzej Duda se encuentra apoyado por el partido ultranacionalista y socialista en el Gobierno, irónicamente denominado “Ley y Justicia” (PiS). Todo parece presagiar que su victoria contribuirá a que se mantenga la anómala relación entre Polonia y las autoridades europeas, que Duda identifica sin tapujos y de forma despectiva con los “burócratas de Bruselas”. El programa de Duda se articula en torno a un considerable aumento del gasto social y de la inversión pública pero dejando claro que el corazón de su política radicará en seguir siendo el guardián conservador de los valores espirituales en Occidente desde una postura que apuesta decididamente por las ideas del tradicionalismo católico.

Duda representa así el conservadurismo en estado puro, defendiendo el tradicionalismo en el ámbito familiar, sexual, social, etc., y por ello el PiS se felicita, tras su victoria, de que hayan quedado garantizados los programas de asistencia social que le llevaron al poder en las elecciones anteriores de 2015 y 2019. Asimismo la reelección de Andrzej Duda conlleva dentro del paquete de medidas políticas ultraconservadoras, importantes reformas en materia de Justicia que chocan por completo con los objetivos de democratización de la Unión Europea.

No es de extrañar que la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa haya incluido a Polonia en la lista negra de países con déficit democrático, poniéndolo como único Estado miembro de la UE en observación junto a otros países de fuera de la UE como Rusia o Turquía. Del mismo modo si observamos el índice democrático publicado por el Economic Intelligence Unit (EUI) del Reino Unido, Polonia ha continuado descendiendo en puestos paulatinamente, ocupando en 2019 el puesto 57 del mundo por debajo de países como Hungría, Ghana o Filipinas.

El opositor de Duda, el alcalde de Varsovia, Rafal Trzaskowski, ha capitaneado durante la reciente campaña electoral una visión más liberal, abierta y europeísta, tratando de abanderar con el lema “Ya basta” el descontento de los votantes que no veían con buenos ojos la consabida unión entre Duda y el PiS.

Podemos decir que Duda y Trzaskowski representan dos modelos de familia completamente antagónicos que, al final, rompen tajantemente el país en dos. De ahí que se haya dicho que lo que estaba en juego en estas elecciones presidenciales era optar por la civilización latina o la anticivilización. Esta última es precisamente la que para los más conservadores representa la europeización, flexibilización de las medidas contra el aborto, la defensa de los derechos de los colectivos LGTBI, etc.

También es verdad que el triunfo de Trzaskowski, respaldado por el partido centrista Plataforma Cívica, incrementaría las tensiones con el aparato de gobierno (PiS) que claramente se siente mucho más cómodo con la figura de Duda puesto que éste le deja el camino libre para continuar con su política de carácter autoritario. Desde mi punto de vista, es una lástima que la Unión Europea haya perdido la ocasión de ganar un aliado a través de un presidente más cercano a los objetivos y al talante democrático de Bruselas.

Prueba del talante antidemocrático del PiS son las medidas que se han ido paulatinamente adoptando en el ámbito del poder judicial polaco provocando la quiebra del principio de separación de poderes. La aprobación de la denominada “ley mordaza”, que permite destituir jueces con criterios políticos, y el secuestro del Tribunal Constitucional con diez de sus quince miembros nombrados con criterios políticos son solo una muestra de la situación de retroceso democrático que vive Polonia.

Aunque no lo tomen en serio las autoridades polacas, en realidad, el resultado del desafío polaco a Bruselas pudiera terminar con la pérdida de las cuantiosas ayudas económicas de la Unión Europea (110.000 millones de euros netos) hasta la expulsión del país del club europeo después de quince años desde que se produjo su ingreso.

De nuevo, saltan chispas en la relación entre el plano supranacional europeo y nacional. El gobierno polaco recientemente ha llegado hablar de ataques contra la soberanía nacional polaca, ignorando que en el portal informativo Wiadomosci la mayoría de los encuestados consideraba que debía ser la Unión Europea quien ejerciera de árbitro en la disputa judicial y no el Gobierno.

Es claro que la pretensión polaca de que la independencia judicial es un asunto interno de cada Estado miembro dentro de la Unión Europea choca con medidas ya tomadas por ésta en febrero de 2018 cuando impuso su criterio en un caso que afectaba entonces a jueces portugueses. Asimismo Polonia olvida que el artículo 19 del Tratado de la Unión contempla que la Unión Europea tiene dentro de sus competencias la evaluación de las garantías de independencia de los jueces en los Estados miembros.

Para asombro de todos, Zbigniew Ziobro, el Ministro de Justicia polaco, pone de ejemplo a España para justificar su nefasta reforma judicial, ignorando por completo que nuestro sistema español para elegir a los magistrados de Tribunal Constitucional aunque, ciertamente, es mejorable es bien distinto del polaco. No sólo se exige en España una mayor cualificación profesional de los jueces sino que además el Congreso de los Diputados y el Senado eligen a cuatro de sus miembros en cada cámara tras aprobación por mayoría de tres quintos y no por mayoría simple como sucede en Polonia.

La victoria del candidato ultraconservador Duda nos aleja del deseo de derogación de las polémicas reformas del sistema judicial y del necesitado acercamiento de Polonia a la Unión Europea. Tan solo nos queda esperar que el Jefe del Estado polaco no actúe ignorando a ese nutrido grupo de votantes que representan la Polonia liberal, abierta y europeísta que ha encarnado Rafal Trzaskowski durante las elecciones presidenciales.

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